Escritores Club forma parte del portal de literatura Escritores Libres y pretende convertirse en una propuesta cultural innovadora, capaz de ofrecer al lector la oportunidad única de conocer sus autores favoritos y dialogar con ellos directamente, sin intermediarios. Hemos reunido los mejores escritores independientes del panorama literario actual, dispuestos a ofrecernos su talento y sus valoraciones, no sólo sobre sus obras, sino sobre la literatura en general y el mundo que la rodea.

Esperamos que encontréis aquí respuestas a algunas de vuestras inquietudes y también un momento de esparcimiento, acompañados de la mejor literatura.

lunes, 31 de agosto de 2009

Mirada de Gato

Mirada de gato en el amor

Besos de sol riega flamante el alba
calentando a la luna que se despedía.
Aun dejando frio en su lenta huida
lirios al corazón su belleza cantan.

Allá donde maúlla el gato en mi alma,
fanfarroneando la piel llena de deseos;
la ilusión aruña feroz mis tantos sueños
sobando el despido de la mañana.

Llega la tarde de asiduos te quiero
esperando una gran noche pasional
y en mi cama un cometa de ensueño.

Una y mil estrellas se tornan fugaz
desintegrando pasado de tormentos
que yo mirada de gato, vuelvo a amar.

Siendo receloso con mis sentimientos.

Autor: Francisco j. Cartagena Méndez

eljimagua@live.com * http://jimagua.blogspot.com

RECUERDA DEJAR TUS OPINIONES!!!

Hasta que los bichos nos separen

¿Estás en pareja? ¿Todo bien? ¿O quizás algún bicho se ha interpuesto entre ustedes? Asómate a la ventana de la indiscreción y descubre lo que le sucede a otra pareja, quizás como la tuya. Quizás no.




Me siento nervioso por todo. Además, Clotilde sabe que existe una lista de cosas y actitudes en ella que me resultan difíciles de bancar pero que me las banco. Los dos sabemos que estamos el uno con el otro porque es más fuerte la afinidad que las desavenencias. Su desorden, la falta de higiene. Ayer encontré cuatro bichos en el arroz mientras hervía. El día anterior quité un gusano de la comida. Yo entiendo que para ella esto sea normal y que por ello le reste importancia. A mí me brota la impotencia. Y lo único que hago es hablarle. Decirle todo lo que pienso. Pero ella no quiere. ¡No quiere ni que se lo diga! Se pone muy mal. Además de bancarme las cosas que me disgustan me propone que me calle. ¡No! Esto no lo haré. Yo lamento si le hace daño escucharme. Pero deberá resolver su problema. Como yo resuelvo el mío. Hablar es mi válvula de escape. Yo le digo que estoy dispuesto a bancarme cualquier cosa. ¿¡Pero además no poder hablar!? ¡Definitivamente no! Tantas veces ella critica cosas mías. Y yo lo acepto. Las comparto o no. Pero no le impido que las exprese. Debemos permitirnos el diálogo en el disenso. Estos problemas no se resuelven. Solamente se expresan. Y muchas veces así quedan resueltos debido a que se disuelven las tensiones. Quizás los bichos continúen estando siempre. Pero yo, pudiendo hablar, logre comérmelos en paz. Si Clotilde sabe... aunque a veces parece olvidarlo. ¡Lo más importante es que estemos siempre juntos!

Rudy
LIBRO ABIERTO

viernes, 28 de agosto de 2009

Plateadas cartas (1ª parte)


Sé desconociéndome fuera de la hojalatería rojiza componiendo. Al verme, y verte cuando veo, conozco solamente cobrizos espejales donde otro color no ha existido, ni sucederá; salvo, y dentro, de amplias cláusulas ilusas que como hombre lata reconozco tener.
Ni tus miradas reflejándome, esos ojos ovales donde cabe parte de mí, pueden reduplicarme en otra dimensión; más allá del austerismo del rojo fiebre. Son espacios cuando al sentir los labios de tu piel estruenden chillidos metálicos, aunque te sepa mujer de blandura serena. Pero, es que no se debe a nuestra naturaleza corporal, a nuestro cubrimiento ni a nuestro organismo mecánico: este mundo es de cobre. Hay un solo tono, una sola tintura –con nimias variedades- derramada desde el inicio del mismo principio génesis. No hay más que laterío borravino cuando las noches emergen desde días durante la tempestad de soles dibujados sobre nubes de lluvia con aguaceros elevándose hacia una búsqueda de univocidad. Porque ufanan surgir uno por uno sobre una tierra donde hayan variedades de siluetas predispuestas para dejarse influir; pero uno detrás de otro, siendo la luna seguida por el sol.
Noto haber sido inspirado a través de esa búsqueda cuando utopizo la existencia de más colores –si es que así se llamen, y si los hubieren-. Y advierto que tal vez haya sido una interpretación mía ésta presuposición de una deseada marcha en los agentes regidores del mundo rojizo.
Pero al besarte, sentirte nuevamente, olvido ese estallido chirriante y hallo –en la vacuidad de tus ojos-, láminas cayendo hasta descomponer y recomponerte entre huracanes de vientos con brisas mediante aires.
Pero viéndome reflejado una vez más, contemplándome lata roja o rojo crispado alfombrando partes de tu vista, aquellas ideas vuelven –e insistiendo- resumen toda ilusión en espacios donde podría verte en cada una de las figuras y fondos con los caracteres y siluetas: saberte.

…continuará.


El resuello del ahogado

A veces se muere de éxito, en plena fiesta, coronado de laureles, vestido de azucenas. El mundo a tus pies, acrecentando una leyenda que crece. Y sin embargo el alma se apaga, se empequeñece, cuando a la mirada le falta. Hay rumores de agonía entre suspiros que se escapan. Hay momentos que se hacen lentos entre el paso de las palabras que hablan pero que no dicen nada. Hay un momento para todo y este es el de la falta.

Hay una letanía de pañuelos blancos que adornan la plaza. La vida recurre a las miradas, pero la mayoría no dicen nada. Miradas vacías, ausencia de almas. Ojos que son espadas, hacia dentro y hacia fuera. Ojos que se clavan, que laceran y que dañan.

Lo que cuenta es el presente, parece, y ese presente es como el resuello del ahogado en la búsqueda de un hálito de vida. Un resuello callado, angustiado, entre el olor dulzón de flores muertas, de lilos mustios y negras hiedras.

Diego Jurado Lara

http://diegojlara.blogspot.com

lunes, 24 de agosto de 2009

Cocinando pasión, cocinando besos


Cocinando pasión, cocinando besos


Sofríe el cariño que dices sentir por mí,
y agrega el condimento de mis tantos sueños.
Esperemos a que espese, salsa de deseos
en el salten ardiente que es mi vivir.

Un ajo me hará soltar una y mil lagrimas,
esas que suelto yo por ti. El aceite ha de lograr
hacer resbalar tantas noches íntimas,
en las que te hice el amor, te hice suspirar;
cocinando un sentimiento sin fin.

Cocinamos juntos, mas solo me iré a dormir.

Sazonas la sed de mis labios sedientos
y tu sonrisa endulza mis sentimientos.
¡Es que llevas la esencia del universo!
¡Es que en cada suspiro te llevo!

Sonriente comes mis ocultos deseos,
en calma te comes exuberante temor;
al amanecer pienso hallar yo el valor
e invitarte a cocinar con gran ilusión
agregando como nuevo condimento
la confesión del amor que te tengo a ti.

“Pásame un beso, o pásame tu amor’
Me he visto gallardo expresando.

Despertando ante el alba juntos,
preparando esquicito desayuno;
cocinando pasión y cocinando besos
preparando la salsa de tantos deseos
y sirviendo a la mesa sincero amor.

Como postre en la sala te hare mío…
…desvístete que a trabajar no vas hoy…

Continuará….

Autor: Francisco J. Cartagena Méndez
El Jimagua * Derechos Reservados
http://jimagua.blogspot.com
eljimagua@live.com

Espero sus opiniones....

sábado, 22 de agosto de 2009

Bombardeo de poemas sobre Varsovia


El 8 de Agosto reciente, la ciudad de Varsovia fue "bombardeada" con 100.000 poemas de autores chilenos y polacos, para conmemorar un nuevo aniversario del ataque aéreo perpetrado en 1939 por los nazis contra la capital de Polonia, acto que marcó el comienzo de la II Guerra Mundial.

La iniciativa corresponde al colectivo Casagrande, que reúne a los poetas chilenos Julio Carrasco, José Joaquín Prieto y Cristóbal Bianchi, que desde 2001 han lanzado centenares de miles de versos sobre lugares que han sido atacados sin ser blancos militares.

La experiencia comenzó el 23 de Marzo de 2001, cuando el trío lanzó desde un helicóptero poemas sobre el Palacio de La Moneda, la sede del Gobierno chileno destruida por un bombardeo aéreo durante el golpe militar del 11 de Septiembre de 1973.

Fueron 100.000 marcadores de libros con versos de 44 jóvenes autores chilenos, lanzados bajo la consigna "Donde otros lanzan bombas nosotros lanzamos versos", adoptada por Casagrande para representar su acción, que al año siguiente, en Agosto, se repitió en la ciudad croata de Dubrovnik.

El año 2004, también en agosto, durante las Fiestas de San Roque, le correspondió a la localidad vasca de Guernica, blanco de un cruento bombardeo durante la guerra civil española en 1937, que inspiró una de las más famosas obras de Pablo Picasso.

Estas acciones "persiguen re-significar, a través del arte, lugares de importancia para la vida ciudadana", según los integrantes del colectivo. "Al volver a bombardear estos lugares, pero con poesía, pretendemos dotarlos de un nuevo sentido", explica José Joaquín Prieto.

Los poetas chilenos elegidos esta vez son muy jóvenes, entre ellos Diego Ramírez, Héctor Hernández, Pablo Paredes y Marcelo Saldaño, además de otros más conocidos, como Javier Bello, Juan Cristóbal Romero y Jaime Huenún.

El "bombardeo" duró aproximadamente 20 minutos y no fue necesario barrer la ciudad, a los cinco minutos no quedó ni un solo poema en la calle. Ejemplo digno de imitar y replicar.

Los bombardeos poéticos actuaron de noche, en forma sorpresiva, cuando andaba mucha gente circulando abajo.

Fue emotivo ver como la gente sorprendida, alegre y algo emocionada con los versos que leian, reaccionan, comparten, se los llevan.

El proyecto del colectivo Casagrande tiene aún objetivos pendientes, entre ellos la ciudad alemana de Dresden y las japonesas Hiroshima y Nagasaki.

martes, 18 de agosto de 2009

Una rosa por un puñal



Hacía dos meses que Santi había debido atravesar una seria y complicada intervención quirúrgica en su columna vertebral luego de su desafortunado accidente de tránsito. Su recuperación superaba las expectativas hasta de los mismos médicos. Ya podía caminar sus 200 metros diarios y continuaba asistiendo de manera ininterrumpida a sus sesiones de fisioterapia. Su mejoría era tal que no cojeaba ni mostraba señal alguna que pudiera delatar lo que hacía tan poco tiempo había debido pasar. El único rastro de aquello era su todavía lento caminar.
La última semana Santi había decidido no continuar dependiendo de los familiares que debían alternar con sus ocupaciones turnándose para llevarlo en coche hasta la clínica donde realizaba sus ejercicios fisioterapéuticos, esperarlo y llevarlo de regreso a la casa. Si bien podía permitirse tomar un par de taxis cada vez sin que se descuajeringara el presupuesto familiar había optado por ir a pie, ida y vuelta, aunque ello le significara recorrer 500 metros en vez de los acostumbrados 200 al día. Estaba preparado.
Luego de aquellas últimas prácticas Santi se sentía mejor que nunca. Había recorrido los primeros 250 metros que separaban su casa del instituto de fisioterapia. Luego de completar como de costumbre su hora de ejercicios se disponía alegre y entusiasmado a volver a su hogar con más bríos y fuerzas que nunca desde el accidente. Llegó a una intersección, no había semáforos, y se dispuso con lentitud pero seguro, a cruzar la calzada por la franja peatonal. A mitad de camino observa un Audi avanzar a velocidad. No decidido aún a correr y quizás "echar por la borda" todo el trabajo de fisioterapia y los avances logrados, clava su vista en el conductor del coche que avanza hacia él, estudiando su accionar y preparado para pegar un salto de último momento o cualquier otra acrobacia no permitida pero preferida antes que ser arrollado nuevamente por un bólido, si ello se le hiciera imprescindible.
A medida que cauteloso y un poco preocupado Santi continuaba enfilando por la misma franja hacia la otra acera, iba girando su cabeza y parte de su torso con sus ojos todo el tiempo clavados en el mismo hombre, cuando se escuchó un leve y suave chirrido de cubiertas deteniéndose el Audi frente a las blancas y relucientes franjas, sin tocarlas. El rostro de Santi se relajó apareciendo un esbozo de sonrisa al comprobar que el peligro había pasado ya sin que él hubiera debido emplear peligrosas tácticas tarzanianas.
No así, de dentro del vehículo detenido y con notable actitud agresiva descendió un conductor visiblemente irritado pegando un portazo a su flamante coche. Santi se detuvo una vez arribado a la acera y quedó mirando al hombre sin entender qué era lo que sucedía. Su ingenuidad e inocencia lo instó a pegar un nuevo vistazo a la franja pintada en el piso para asegurarse de que había cruzado correctamente. El motor del Audi rugía pero el conductor parado a su lado en pose amenazante parecía querer rugir más:
- ¿Qué pasa, algún problema? -
Una de sus piernas se sacudía compulsiva, parecía presa de un tic. Sus manos, su mirada, su rostro, gesticulaban deseosos por empezar a los golpes.
- No, ¿porqué pregunta? -
Santi le respondió con otra pregunta, sonriendo y sin dejar de mostrar sorpresa por no saber cuál era el reclamo del extraño.
- ¿Qué me mirás tan insistente? ¿Te hice algo? ¿Te toqué? ¿¡Cuál es tu problema, eh!? -
El hombre avanzaba lento hacia Santi, moviendo con extrema e innecesaria energía las manos y elevando considerablemente el tono de su voz. Otros vehículos empezaban a amontonarse en el lugar, se escuchaban algunos bocinazos a la vez que curiosos peatones formaban un deformado círculo alrededor.
Santi se relajó aún más. En voz baja y amistosa, manteniendo una amplia sonrisa le comentó al nervioso hombrecillo:
- Mi "problema" es que hace dos meses fui atropellado y debí ser operado. Vengo de mis largas sesiones de fisioterapia. Discúlpame si te he "herido" con mi mirada -
Más sereno que nunca y dándole su cicatrizada espalda al extraño continuó con paso lento pero sin cojear, de regreso a la casa.
El conductor del Audi retrocedió unos pasos y con un rostro que tornó su enojo en vergüenza se escondió con rapidez detrás del volante, cerró la puerta esta vez con suavidad y desapareció del lugar. El bravo rugido de su motor no dejó escuchar los murmullos, comentarios y risotadas del improvisado público allí reunido.

Rudy Spillman
LIBRO ABIERTO

sábado, 8 de agosto de 2009

El jardín de las delicias


Algo de Arte, de uno de mis pintores favoritos, de una de mis obras preferidas. El Jardín de las delicias, de el Bosco. La belleza está en el Arte, decía Wilde.

Se ha tenido poco en cuenta la capacidad del Bosco para transmitir diversión. En la tabla central del Jardín de las delicias no hay una representación del mundo grotesco de la concupiscencia y la condenación. El Jardín de las delicias nos muestra, cuando seguimos la línea de visión del enorme ojo flotante de las puertas, un parque de juegos de Otros. Pero ¿dónde está? Las parejas, los grupos, ¿son amantes? ¿Qué son esos abrazos? Si están desnudos lo que hacen tendrá que ver con la voluptuosidad. ¿Serán milenaristas? Viven en la inocencia pues no se tapan. Hay una pareja, en la que el hombre mira al espectador mientras empuja a la mujer como si de un tango se tratase. ¿Por qué mira al mirón?

En cuanto al sexo, hay cuatro piernas que, sugerentemente, salen de la concha del mejillón, y en el orbe central parece pasar algo indecente. Algunas mujeres tienen el abdomen redondeado. Pero no parece una orgía sexual sino de comer, paladear, succionar, esconderse, jugar y disfrazarse en y con las flores y la fruta. ¿Es una metáfora sexual? La fruta sugiere placer, como las bayas que brotan entre las piernas de un hombre, o el pájaro que se las da a un grupo ansioso de ellas, o el pato que mete una roja en la boca de otro hombre sentado en algo como un huevo. Parece un erotismo sutil y desviado. Los intercambios sexuales entre las parejas se hacen como si de vegetales se tratase. Hay una mariposa que liba en un cardo. Las frutas que comen son semillas o grupos de semilla. ¿A qué mundo lleva eso? Pues está claro que no es este. El plan del cuadro exige que el Bosco imaginase un tiempo fuera del tiempo, en ninguna parte, fuera de lo conocido y familiar, un imposible. Quizá haya un anhelo de volver a la edad dorada., un deseo de mostrar la pérdida de la ingenuidad, la inocencia perdida. Tal vez. Tal vez no hay ningún significado oculto. Y hay más, mucho más. Aquí sólo una pequeña muestra, para degustar. Sólo hay que saber mirar. ¿Qué hay en ese cuadro tan imaginativo, tan…?

Diego Jurado Lara

http://diegojlara.blogspot.com/

jueves, 6 de agosto de 2009

Vida real II

Dijo que la vida es una línea. Una línea que para conmensurar debemos su medio captar y situarnos sobre su loza. Luego extender hacia nuestra medida grande e imaginar aquello más inmenso que puedas proyectar.
Dijo que buscó lo más grande hasta que no lo hubo más. Y luego se dirigió hacia el otro extremo de la línea. Dijo ir hacia lo más pequeño, lo diminuto de aquello que es ya imperceptible a los ojos de la humana especie.
Y entonces una vez recorrido ambos extremos de esa línea dijo haber sido informado que debía continuar caminando más allá de lo que no pudiera ver y no pudiera existir. Dijo que le dieron a optar según su propia voluntad y convicción cuál de ambos extremos caminaría primero. Dijo estar conciente que quizá optar por uno lo llevaría a eternamente desconocer el otro. El otro extremo. De la línea. La vida. Si optaba por ver grandes dimensiones no conocería aquellas más pequeñas. Si optaba por las pequeñas, las grandes no vería. Dijo él que pensaba.
Dijo entonces –fue lo que se oyó- que si dirigió presto a uno de los extremos –sin nunca decir cuál- y sólo echó a caminar. Y entonces se puso a caminar. A veces corría y en otras lentamente avanzaba. Si es que eso era avanzar –decía-.
Llegar a cierto lugar le tomó un tiempo inexacto. Un tiempo sin duda, pero sin medida que denominar. Un tiempo para cada lugar. Un tiempo que podía ser señalado como eterno para cada uno de los dos extremos de aquella línea.
Y todo allí era igual. O mejor es decir que todo en ese lugar se tornaba gradual. Que nada parecía cambiar, pero que si recordaba el inicio de su camino la materia parecía haber transformado sus dimensiones. Entonces no todo era igual. Parecía siempre ser igual, sin cambiar, pero existía un curso que dijo entender como tiempo. Y que ese transitar –el tiempo, decía- hacía que el contexto de lo igual fuese más bien un proceso. Algo que siempre se transforma, pero que dadas sus dimensiones y nuestras falencias como humana especie parece ser siempre igual.
Dijo entonces que las transformaciones de toda dimensión que observaba fueron más evidentes ante sus percepciones. Sus humanas percepciones. Y que sentía cierto tiempo final. O un final de aquel proceso de caminar. Y entonces se dijo a sí mismo que eran éstas las últimas dimensiones que podían existir de aquel extremo por el que había optado. Que había llegado a una especie de final. De final del camino. Que no debía más caminar. Que ahora debía retornar para conocer el otro extremo, las otras dimensiones, de aquella línea que era la vida. Y que lo único igual sería el transitar del tiempo y las lentas transformaciones de las dimensiones de toda cosa.
Se aprestaba a retornar. A dar media vuelta su cuerpo de humana especie para iniciar su vuelta al medio de la vida. La línea. Para luego comenzar a caminar al otro extremo y conocer las otras dimensiones de la vida. La otra dimensión –dijo que decía uno de los que informaba-.
Pero algo frenó su vuelta a retornar.
Algo en las imágenes que captaba su ineficiente visión de humana especie no dejó que terminara de voltear. Y entonces se quedó donde estaba –dijo- y esforzó su mirada de humana especie animal. Y dijo que había nubes más allá. Que el cielo era espeso y poblado de denso, pero suave niebla, humo y gases que ante su gradualmente adaptada visión de especie humana se comenzaba a disipar.
Y entonces vio que las dimensiones de toda cosa, que según él habían alcanzado su máxima dimensión y transformación, comenzaban a transformar nuevamente su figura. Aquel extremo elegido no tenía fin, sino que volvía a comenzar. Toda dimensión última volvía gradual y lentamente a comenzar otra transformación en el sentido contrario, o siguiente, a estas alturas como lo quieran llamar –él decía-. Fue lo que se escuchó, lo que nos decía.
Y no debía siquiera retornar. Sino que podía continuar su caminar en ese extraño rumbo por el extremo de línea de vida por el cual había optado. Y aún así no se perdería nada del otro extremo. Igualmente lo conocería, lo vería, pero sólo que por otro lugar, por otro lado, por atrás, o por el comienzo principal. A estas alturas no sabía cuál era comienzo y cuál era final. Lo único claro era que pasaba eso que nombró tiempo. Lenta y gradual, pero siempre una danza de tiempo que nunca terminaba y menos se estancaba.
Y entonces logró dar con cierta verdad. O por lo menos creí poseerla –dijo con algo de ironía-. Su vida no es una línea, es un estado circular. Di una vuelta. Completé su andar –dijo con alegría-.
Nunca más lo oímos hablar.

lunes, 3 de agosto de 2009

El favor denegado



¿Me puedes hacer un favor? Lee este artículo detenidamente hasta el final. Si no lo haces, no vuelvas más por aquí. Te retiro mi amistad para siempre.

Sé que quienes me conocen estarán pensando que en estos precisos momentos escribo desde mi internación en algún instituto neuropsiquiátrico por haberme vuelto loco. Pero no, esto no es así. Todavía no.
De este pequeño conjunto de frases con el que comienzo el post se pueden aprender varias cosas. La principal de ellas consiste en las constantes contradicciones en las que incurrimos los humanos y de las que pareciera que no deseamos salir.
He traído estas cuatro primeras oraciones con las que comienzo mi escrito a los efectos de que analicemos juntos su contenido:
Empiezo pidiendo de ustedes un favor pero luego de inmediato los amenazo con una represalia en caso de no ser satisfecho en mi pedido. En realidad, lo que yo llamo "favor" es una "exigencia". Un favor es un pedido de prestación de servicio o entrega de algo material o no y puesto a consideración del eventual benefactor teniendo en cuenta la posibilidad de una respuesta tanto afirmativa como negativa. Si sólo aceptaremos la primera no estaremos pidiendo un favor sino exigiendo algo en nombre de una amistad, relación familiar, favor brindado por nosotros con anterioridad, o cualquier otra excusa. En el caso específico de que el pedido se sustente en un favor hecho por nosotros con anterioridad y en nombre del cual a título de reproche realizamos el reclamo quedará en ese momento al descubierto que el tan mentado favor que creemos haber desinteresadamente realizado no era en nuestro inconsciente más que un "trueque" a futuro: "Yo te hago el favor hoy, pero tú quedas en deuda conmigo para mañana". Esta actitud no reviste ningún tipo de favor. Más se parece a una transacción comercial.

Bueno, aunque se me pueda acusar de no haberme apurado demasiado en aclararlo diré que todo parecido del texto al comienzo de esta nota, con la realidad es pura coincidencia. Siempre he sido y continúo siendo respetuoso de la libertad de cada uno a hacer lo que le plazca. Y me alegro de que así sea. Y de que cada vez que alguien me niega un favor me invada la seguridad de que por algún motivo que no necesito conocer, no ha podido hacérmelo. Es mucho mejor y seguramente más cierto que comenzar con esas acostumbradas cavilaciones que nos llevan a suponer que por algún vil motivo no ha querido hacérmelo. Y nuestro hasta ayer amigo de pronto se vea convertido sin razón, en enemigo.

De esa manera es como muchas veces vamos envenenando nuestro corazón con pensamientos que crean sentimientos en nosotros que no hacen más que ayudarnos a vivir una vida cada vez más miserable. Y lo más triste es que pensamos que han sido provocadas por los demás cuando en realidad siempre se originan en nosotros mismos.

Rudy
LIBRO ABIERTO