Escritores Club forma parte del portal de literatura Escritores Libres y pretende convertirse en una propuesta cultural innovadora, capaz de ofrecer al lector la oportunidad única de conocer sus autores favoritos y dialogar con ellos directamente, sin intermediarios. Hemos reunido los mejores escritores independientes del panorama literario actual, dispuestos a ofrecernos su talento y sus valoraciones, no sólo sobre sus obras, sino sobre la literatura en general y el mundo que la rodea.

Esperamos que encontréis aquí respuestas a algunas de vuestras inquietudes y también un momento de esparcimiento, acompañados de la mejor literatura.

viernes, 31 de julio de 2009

Un libro y una historieta

Hoy me han venido a la memoria un libro y una historieta del género preferido de mi padre (ciencia ficción).
Recordaba de pequeña las visitas al cine y como me devoraba los libros que él me regalaba.
No quise dejar pasar la oportunidad de compartir dos lecturas que me han encantado.


Texto contraportada/Sinopsis:

Dominaban la superficie terrestre con su ominosa presencia allá, en las alturas: los Señores del Cielo, gigantescas aeronaves que, precisamente por serlo, habían podido sobrevivir a las devastaciones y mutaciones orgánicas que produjeron las Guerras Genéticas. Mientras la Tierra se desarticulaba en comunidades cada vez más pobres, más incultas, con menos referencias raciales comunes, los habitantes de los Señores del Cielo creaban una cultura militarista y depredadora de las comunidades terrestres. Una de éstas era Minerva, una ciudad de mujeres. Cuando se atrevió a enfrentarse a su Señor del Cielo, firmó su propia destrucción y la de sus pobladores. Sólo sobrevivió Jan Dorvin que, hecha esclava, prometió dedicar toda su vida a terminar con el poder de aquellos feroces amos...

Primera parte de la trilogía del mismo título, que seguirá publicando Grijalbo. Los Señores del Cielo es la epopeya de un mundo vencido, cada vez más incapaz de sobrevivirse; y es sobre todo una obra de poderosa e inquietante fantasía que, sin duda, impresionará y fascinará.

El Eternauta es una historieta de ciencia ficción Argentina, creada por el guionista Héctor Germán Oesterheld y el dibujante Francisco Solano López. Fue publicada inicialmente en Hora Cero Semanal de 1957 a 1959.

Oesterheld fue desaparecido por el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. Luego de su muerte otros autores crearían secuelas como la tercera parte de la serie y "Odio cósmico", mientras que Solano López crearía, conjuntamente con Pablo Maiztegui, "El mundo arrepentido", "El regreso" y "La búsqueda de Elena".

sábado, 25 de julio de 2009

Especie cóncava (4ª y última parte)


Arena y más arena habían traído los vientos que secaban cada árbol, cada fruto pronto a ser alimento de animales, arena gris, arena violeta volaba por los aires cayendo sobre todo césped verde. Lo hacía pérdida, recuerdo, olvido, lo deshacía para demostrar de esta forma la desaparición de cualquier vestigio celestial sobre tierra de hombres. Los monjes lo sabían, lo habían oído en procesiones y leído, lo sabían; como asimismo acerca de su impotencia cuando esto ocurriese.
La polvareda había secado los días y noches con mantos prontos para asimilar los rocíos desesperados y las lloviznas desconcertadas. La humedad ya no era tolerada sobre el manto que cubría todo haciéndolo seco, tenso e irremediable.
Aunque nada volviera a ser lo mismo, la especie no había huido frente a su posible extinción. Dándose con plenitud a la concavidad del fondo –y demostrando su prolija convexidad- se unió a su destino. Afirmó lo que desde siempre se había supuesto. Despejó dudas, las libró entre los huracanes de arena hasta llevarlas tan lejos como su definición de lealtad. Su compromiso se vio realizado cuando ya sin agua la laguna, un angosto cobertor ocultaba el suelo.
Arena, arena y más arena habían traído los violentos, los furiosos vientos hasta apaciguarse y dar paz a este territorio, al monasterio. Ya al advertir el cese de las inclemencias, los monjes habían retomado su rutina habitual mientras algunos se sumaban a la campaña de limpiar la pradera para que el césped volviera a ser llorado con penas funerarias. Es que el arcano maridaje había desaparecido, la historia de la especie había quedado como fantástica leyenda entre los lugareños, y la mágica bruma aniquilada en su propio espacio y bajo el mismo cielo sin restos para poder regresar.
Pero la especie no había muerto, y entre ella y el suelo de la laguna quedaba una verdinegra agua apresada con poca niebla.
Tanta sequía profetizada hubiera dado fin al ser vivo del lago, aunque pudiese perdurar de forma abstracta –apenas dotada con sentimientos de angustia-; tanta sequedad, secos vendavales acaecidos hicieron que la especia aún permaneciera de esa forma pues jamás alguien estaría dispuesto a reconocerla.
Ojos habían reposado sus miradas sobre ella. Ojos que nada advertían sobre las cualidades y capacidades de una forma, una silueta y figura que bien podía adaptarse al terreno en el que se dispusiera. Ojos que tal vez cerrados viesen en la convexidad de sus párpados una minúscula aproximación acerca de ella, aunque no en su color real.
La especie perdura ante cada uno siendo un ojo y un párpado. Abierto, cerrado, de una forma se ve y de la otra, no. La especie es un talismán que todos emplean sin saber lo que identifican; desconociendo la simbología audaz de lo que jamás ha de extinguirse, como húmeda pupila entre el prado monasteril de cada rostro humano.
La especie perdura y perdurará hasta que ya nadie desee ver, o emplear cada uno de sus ojos para que dos antípodas, bien y mal, se acaricien deshaciendo la dualidad que maltrata a cada hombre. Es que cuando un párpado se cierra, una convexidad se posa sobre una concavidad. Y aunque desde fuera esto no sea visto, el hecho es tan real como la subsistencia de la especie del pantano, como un ojo.
Ojos que se abren y cierran son un maridaje que se extiende durante toda la vida del hombre. Y pese a que éste no desee mirar, la especie debe cerrarse para humedecer la pupila que ve, registra y recuerda, que siempre verá y sabrá perpetuarse para demostrarse cóncava metáfora.


lunes, 20 de julio de 2009

María Sin Nombre

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Aunque llevaba trabajando como enfermera en el hospital más de cinco años, nada me había preparado para lo que me esperaba en la sala de urgencias. Se trataba de una niña de no más de siete u ocho años, en cuyos rasgos se dibujaban las huellas del síndrome de Down. La pequeña miraba con ojos asustados a su alrededor, inconsciente del terrible estado de su cuerpo. La sangre corría sobre su rostro desde una herida punzante, que algún golpe brutal le había producido en pleno cráneo y en sus brazos se alternaban cortes profundos y crueles quemaduras. No pude evitar recordar como mi padre apagaba sus cigarrillos en mis brazos, como castigo por haber sacado algún suspenso, mientras mi madre apartaba la mirada.

Reprimiendo la angustia que sentía ante la saña y brutalidad con la que aquel pequeño cuerpo había sido maltratado, limpié sus heridas, hasta que la introdujeron en el quirófano, donde manos expertas se hicieron cargo de ella.

Al llegar a casa, no podía olvidar la mirada indefensa de aquella pobre niña, por lo que, a la mañana siguiente, lo primero que hice fue preguntar por la pequeña.

- ¡Pobrecilla! – exclamó la jefa de enfermería - ¿Te diste cuenta de que tenía Síndrome de Down?

- Claro– contesté impaciente –, pero ¿cómo está?

- Parece que se recuperará, aunque aún están haciéndole pruebas. Lo malo van a ser las secuelas; no recuerda nada y, en su condición, no parece fácil que recupere la memoria.

- ¿Y su familia?

- ¿Familia? ¿No has leído los periódicos? La encontraron en una cuneta de la carretera y nadie ha denunciado su desaparición. La policía cree que fue su propia familia la que la arrojó desde un coche en marcha.

- ¡Pero eso es monstruoso! – exclamé horrorizada.

- Sí, lo es – contestó la enfermera, bajando la mirada -. Algunas personas no aceptan tener hijos como ella y los apartan, tratándolos como animales o dejándoles morir.

Pasé el resto del día con el estómago revuelto y, esa misma tarde, pedí el traslado inmediato a cuidados intensivos. Sentía que mi deber era intentar ayudar a aquella pequeña.

Al día siguiente, pude, por fin, acudir a donde estaba ingresada la niña. La encontré mejor de lo que esperaba; aunque estaba conectada a una unidad de monitorización y lucía un aparatoso vendaje en la cabeza, no le habían puesto ventilación asistida. Un doctor estaba examinándola.

Al consultar el historial, me llamó la atención el texto que aparecía en la cabecera: “Sin Nombre”.

- ¿Y esto? – pregunté al doctor.

- Nadie sabe cómo se llama – repuso, levantando los hombros.

- Mi madre decía que todas las mujeres eran Marías – exclamé –, mientras con mi bolígrafo añadía delante: “María”.

Cuando el doctor abandonó la habitación, me acerque a la pequeña. Se había quedado profundamente dormida debido a la fuerte medicación. Observé su rostro tranquilo y me fijé en el moratón de una de sus mejillas. A mi mente acudió la imagen de mi madre abofeteándome el día en que, al cumplir los dieciocho años, le dije que me iba a vivir con Aitor.

Dos días después, encontré a María despierta. Sus ojos, azules y redondos, estaban llenos de la luz de la inocencia. Miraba a su alrededor con curiosidad y expectación y, nada más verme, me saludo con un tembloroso “hola”. Noté de inmediato como se estremecía al ver la bandeja en la que llevaba los útiles para hacerle un análisis de sangre.

- No te preocupes, cariño, no te voy a hacer ningún daño – le dije, acariciándole la mejilla.

Cuando acerqué la jeringuilla a su brazo, todo su cuerpo temblaba. Estuve a punto de tirar la maldita jeringa y estrecharla entre mis brazos, pero, al final, decidí realizar la extracción lo más suavemente que pudiera. Al terminar, le di un beso en la mejilla y ella me devolvió una sonrisa que me supo a gloria.

Más tarde, le llevé un pequeño geranio que tenía en mi casa medio abandonado.

- ¡Está chunga! – exclamó, al ver el estado raquítico de la planta.

- No se lo digas a nadie – le susurré al oído -, es que soy un desastre como jardinera.

Empezó a reírse, con esa sinceridad y entrega de la que sólo son capaces los niños, consiguiendo que mi trabajo en el hospital se llenase de luz y alegría.

Poco a poco, el estado de María fue estabilizándose; el fantasma de una posible infección empezaba a alejarse definitivamente. Aprovechando su mejoría, le llevé unos rotuladores y un cuaderno para que se entretuviera dibujando. Nada más verlo, comenzó a garabatear con torpeza sobre el papel.

- ¿Tu no dibujas? – me preguntó.

- Me pasa como con las plantas, no se me da bien – le mentí.

La verdad es que la pintura había sido el único desahogo de mi infancia y que, cuando me casé, intenté convertirlo en una actividad profesional. Sin embargo, todo se torció cuando Aitor perdió su empleo en la fábrica. Sólo le ofrecían trabajos a tiempo parcial y pequeñas obras, lo que fue amargando su carácter. Nuestras broncas eran continuas, hasta que una mañana volvió a casa borracho y con un nuevo finiquito bajo el brazo. Yo estaba pintando un desnudo masculino, y, cuando Aitor lo vio, se sintió ofendido. Arremetió contra mí golpeándome con saña. Aquel día le abandoné a él y a la pintura para siempre.

La mejoría de María continuó y dos días después dio sus primeros pasos por la habitación.

- ¿Tienes novio? – me preguntó, dejándome sorprendida.

- No – atiné a responderle.

- ¿Por qué? – insistió.

- No sé…- dudé - ¿Y a ti? ¿Te gusta algún chico? – bromeé.

- María no puede tener novio, María es fea – contestó, bajando la mirada.

- ¡Eso no es cierto! – repuse indignada - Eres la niña más bonita del mundo, cuando seas mayor tendrás novios a montones.

Su rostro se iluminó y, echándome sus manitas alrededor del cuello, me regaló el beso y el abrazo más sinceros que he recibido jamás. No pude evitar que algunas lágrimas resbalasen por mi mejilla.

Aquella fue la primera y la última vez que pude tenerla entre mis brazos. Al día siguiente, cuando me incorporé al turno de mañana, el doctor de guardia me estaba esperando.

- Ha ocurrido algo terrible – me dijo.

- ¿De qué estás hablando?

- Se trata de María – repuso - Anoche entró en coma.

- ¿Cómo es posible? – pregunté, intentando reprimir el nudo que se estaba formando en mi garganta – Ayer estaba perfectamente.

- Tenía un coágulo en el lóbulo frontal que no habíamos visto en el TAC. No hemos podido hacer nada, ha muerto hace una hora.

El doctor me dijo que me tomase el día libre y me fuese a casa. Pero, aunque el golpe fue tan duro que apenas era capaz de tenerme en pie, quise ir una última vez a la habitación de María.

Al entrar, creí por un instante que María me recibiría en la cama con su mirada de curiosidad y su sonrisa inocente, pero sólo un amasijo de sábanas me dio la bienvenida. En un rincón estaba el cuaderno que le había regalado. Fui hojeando sus primerizos en inseguros dibujos, hasta llegar a uno en el que había pintado a una niña con la cabeza envuelta en vendas junto a una enfermera y, en medio de las dos, un enorme corazón rojo. No pude reprimir más tiempo mis lágrimas y rompí a llorar con desesperación. Eran lágrimas de pena, sí, pero también de indignación y rabia, lágrimas reprimidas desde mucho antes de conocer a María.

Estaba a punto de irme, dejando todo atrás, cuando reparé en el pequeño geranio que le había regalado. El día anterior estaba mustio y raquítico, pero ahora estaba lleno de vida y repleto de pequeñas flores sonrosadas. Aún sin comprender muy bien por qué, aquello hizo que mis lágrimas se convirtieran en una pequeña sonrisa.

Esa misma tarde, desempolvé mi viejo estuche de pinturas al óleo y pinté un retrato de María, a cuyo lado puse su hermoso geranio en flor. Desde ese día, mi casa y mi vida se llenaron de una nueva luz. Puede que nunca llegue a saber quién era realmente mi pequeña María Sin Nombre, pero lo que sí sé, es que, en el poco tiempo que tuve el privilegio de conocerla, ella me ayudó a recordar quién era yo.

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Escrito por: Juan Carlos Boíza López

(Llevaba ya un tiempo sin escribir en el blog, así que espero que os guste)

sábado, 18 de julio de 2009

Especie cóncava (3ª parte)


Abajo, debajo del agua había quedado, fuera del alcance de cualquier visitante; excepto de la especie del pantano que nadaba y descendía, descendía hasta alcanzar el profundo suelo. Podía verlo. Era capaz de apreciar la concavidad desde un extremo hasta el otro, y recorrerla. Era capaz de palparla, de rozarla y revolcarse sobre ella desprendiendo diminutos remolinos que disiparaban poco a poco la bruma de la superficie.
Recorriendo el perímetro recorría los límites, las fronteras de la laguna, el lago que de las nubes devenía para estancarse verde neblinoso cerca monasteril simbológica estructura. Para quedarse estancado y asimilar agua, hacerla suya, gota por gota hasta completar, llenar litros mediante vertientes caídas desde una nube convexa pero que no había deseado serlo. Al menos no había ansiado que de esa forma la reconocieran por siempre y en todos los espacios donde iba.
Descendía, descendiendo cada vez más se enfrentaba contra el suelo profundo, y se extendía tal cual era, se expandía hasta cubrirlo de extremo a extremo. Todo el cuerpo de la especie abarcaba la superficie de la concavidad convirtiendo la mimetización en un abrazo firme, en una adoración entre ella y él.
Se hacían uno. Cuando la especie se acoplaba junto al suelo, uno eran ambos. Se producía una asimilación entre una concavidad y una convexidad, entre el suelo y la especie. Pero se veía un plano cóncavo de dos pieles, pues ya carne era este vivo hecho, carne de un animal divino fundido bajo densa húmeda masa de líquidos, sobre seca tierra barrosa martilleando por la compactez hermética del embelesamiento, del cariño superpuesto.
Se hacía una pintura verde, una escultura en dos etapas, una sinfonía con burbujas, una unión yugular entre dos poseídos, dos atrayentes mutuos ante la aparición del otro. Y ambos eran cóncavos y convexos a la vez, pero desde el espacio dado para verlos, cóncavos.
En esta posición se habían mantenido durante un soplido de huracanes arenosos, durante ningún lloriqueo desde los podios lunares, durante la escasez desmesurada de siquiera un rocío para despertar jardines de secos tallos. En esta posición y no en otra, la especie se había quedado sobre la superficie como si supiera que una sequía eterna invadiría los campos del monasterio, la laguna. Y ahí había decidido quedarse por saber que cuando el agua se evaporara y ya ninguna bruma ocultase el lago, ella podría seguir reinando donde había nacido.


viernes, 17 de julio de 2009

Acertijo


ES MUY INTERESANTE PORQUE EN MUCHOS CASOS, PONE AL DESCUBIERTO NUESTROS PREJUICIOS.


LÉANLO VARIAS VECES, BUSQUEN LA SOLUCIÓN Y RECIÉN SÓLO SI NO PUDIERON DESCUBRIRLA, RECURRAN A LA RESPUESTA

Acertijo interesante, Por Adrián Paenza:
Recuerde que no hay trampas, no hay cosas escondidas, todo está a la vista.

Algo más: si no conoce el ejemplo, permítame una sugerencia. Trate de pensarlo solo porque vale la pena, en particular, porque demuestra que lo que usted cree sobre usted mismo a lo mejor no es tan cierto. O, en todo caso, es incompleto.

Antonio, padre de Roberto, un niño de 8 años, sale manejando desde su casa en la Capital Federal y se dirige rumbo a Mar del Plata.. Roberto, va con él.. En el camino se produce un terrible accidente. Un camión, que venía de frente, se sale de su sector de la autopista y embiste de frente al auto de Antonio.

El impacto mata instantáneamente a Antonio, pero Roberto sigue con vida.Una ambulancia de la municipalidad de Dolores llega casi de inmediato, advertida por quienes fueron ocasionales testigos, y el niño es trasladado al hospital.

No bien llega, los médicos de guardia comienzan a tratar al nene con mucha dedicación pero, luego de charlar entre ellos y estabilizarle las condiciones vitales, deciden que no pueden resolver el problema de Roberto. Necesitan consultar. Además, advierten el riesgo de trasladar al niño y, por eso, deciden dejarlo internado allí, en Dolores.

Luego de las consultas pertinentes, se comunican con el Hospital de Niños de la Capital Federal y finalmente conversan con una eminencia en el tema a quien ponen en autos de lo ocurrido.


Como todos concuerdan que lo mejor es dejarlo a Roberto en Dolores, la eminencia decide viajar directamente desde Buenos Aires hacia allá. Y lo hace.

Los médicos del lugar le presentan el caso y esperan ansiosos su opinión..
Finalmente, uno de ellos es el primero en hablar: '¿Está usted en condiciones de tratar al nene?', pregunta con un hilo de voz. Y obtiene la siguiente respuesta: '¡Cómo no lo voy a tratar si es mi hijo!'.

Bien, hasta aquí, la historia. Está en usted el tratar de pensar una manera de que tenga sentido. Como no compartimos la habitación, o donde sea que usted esté, le insisto en que no hay trampas, no hay nada oculto.. Y antes de que lea la solución, quiero agregar algunos datos:

a) Antonio no es el padrastro.
b) Antonio no es cura.

Ahora sí, lo dejo a usted y su imaginación. Eso sí, le sugiero que lea otra vez la descripción del problema y, créame, es muy, muy sencillo.

EVITE LEERLA HASTA INTENTAR SOLUCIONARLO

Solución
Lo notable de este problema es lo sencillo de la respuesta. Peor aún: no bien la lea, si es que usted no pudo resolverlo, se va a dar la cabeza contra la pared pensando, ¿cómo puede ser posible que no se me hubiera ocurrido?


La solución es que la eminencia de la que se habla, es la madre.

Este punto es clave en toda la discusión del problema. Como se advierte (si quiere vuelva y relea todo).

Nunca se hace mención al sexo de la eminencia. En ninguna parte. Pero nosotros tenemos tan internalizado que las eminencias tienen que ser hombres que no podemos pensarla mujer.
Y esto va mucho más allá de que puestos ante la disyuntiva explícita de decidir si una eminencia puede o no puede ser una mujer, creo que ninguno de nosotros dudaría en aceptar la posibilidad tanto en una mujer como en un hombre. Sin embargo, en este caso, falla. No siempre se obtiene esa respuesta. Más aún: hay muchas mujeres que no pueden resolver el problema y cuando conocen la solución se sienten atrapadas por la misma conducta machista que condenan. En fin, creo que es un ejercicio muy interesante para testear nuestras propias complicaciones y laberintos internos...


Espero lo hayan disfrutado.

Un saludo

Flor

CERTAMEN INTERNACIONAL DE CUENTO Y POESÍA

Hola, aquí traigo una noticia del mundo de la literatura, que se me ha solicitado difundir.
Para quienes se encuentren interesados en participar, transcribo el enlace:

CERTAMEN INTERNACIONAL DE CUENTO Y POESÍA JUNINPAIS2009

Un afectuoso saludo para todos.

Rudy Spillman
LIBRO ABIERTO

domingo, 12 de julio de 2009

Los dueños de la verdad



En cierta oportunidad me encontraba participando de un tipo de reunión, de las que no suelo frecuentar. Mucha gente, mucho ruido. Bebida, música, humo. Al alejarme del lugar (no me refiero físicamente), podía observar los borrosos rostros del resto de la gente, entre tinieblas de humo de cigarrillos, acompañando el alto volumen de una música, la que nadie parecía escuchar y escuchando la conversación de la gente, unida en un bullicioso murmullo al unísono, el que, singularmente, no decía nada.
Yo tenía dos posibilidades: salir corriendo, para no quedarme en un lugar tan poco placentero, o encontrar y sumergirme en algún rincón de aquel insufrible lugar, en el cual pudiera encontrar el placer de la distracción y el disfrute. Opté por lo segundo. Quizás, como un desafío a mí mismo. Para poder así encontrar que el mundo puede ser cambiado desde sus pequeñeces. Si bien, no para todos, al menos para uno mismo. Y descubrir que una situación, por más límite que se nos presente, puede ser vista de otra manera. Y este pensamiento me alegró.
Me encontraba pues, de pronto, compartiendo una agradable charla con un compañero de conversación.
Y le decía yo a quien me escuchaba con verdadera atención, que existe gente que se esfuerza en encontrar el camino acertado, sin equivocaciones. Que repudian la injusticia, amparándose siempre en lo que consideran justo. Odian el mal y defienden siempre el bien. Y yo digo, que todos estos conceptos, virtudes y defectos, no existen. Solo se trata de una fantasiosa creación humana. Y lo único que en realidad existe es el resultado. Y agregué, no sin temer confundirlo aún más:

Todo es, lo que resulta ser, después de todos nuestros esfuerzos por lograr que fuera de determinada manera”.

Pareciendo entender a lo que yo me refería, pero aún no del todo convencido, mi interlocutor agregó:

Con ese criterio, lo único que se lograría es quitar todo el estímulo del ser humano, por concretar logros y perfeccionarse. Enmendar errores, cambiar rumbos, eliminar situaciones injustas. Luchar por el bien, intentando eliminar el mal. Con tu criterio, nada de todo eso tendría sentido”.

Cuando hubo finalizado, yo agregué:

Todos los esfuerzos que sentimos deseos de realizar, en base a nuestras más profundas convicciones, valen la pena de ser intentados. Podemos pasar una vida intentando cambiar cosas, esforzándonos por imponer principios. Todo esto esta calculado, debe ocurrir para llegar al resultado. Podremos sentir que lo hemos logrado con éxito o que hemos fracasado. Pero éstas serán sólo sensaciones. En realidad y de manera objetiva lo único que habrá es un resultado. El único posible y verdadero. Haciendo un rápido balance de nuestras vidas, podremos fácilmente concluir que luego de nuestros esfuerzos por influir en las cosas y situaciones, y habiéndolo logrado o no, en parte o en todo, éste es el único y verdadero resultado. Y definitivamente, no es ni bueno ni malo, no justo ni injusto, no acertado ni equivocado".

Mi interlocutor me dedicó una mirada muy extraña. Se levantó de su silla. Con muy buenos modales, dijo:

Permiso”.

Y se retiró. Apenas unos segundos después, se mezcló entre los borrosos rostros del resto de la gente, entre tinieblas de humo de cigarrillos, acompañando el alto volumen de una música, la que nadie parecía escuchar. Mientras tanto yo, quedé solo, escuchando la conversación de la gente, unida en un bullicioso murmullo al unísono, el que, singularmente, no decía nada.


Rudy Spillman
LIBRO ABIERTO

sábado, 11 de julio de 2009

Especie cóncava (2ª parte)


Aunque estuviera como dentro de una cárcel, adoraba cada vínculo hacia el agua circundante, y veneraba cada inexorable ligazón. Es que nunca había emergido más que para mirar la bruma densa cubriendo la superficie, brincar o contener la respiración unos minutos contemplando verde luna sobre blanco pantano. Y a cada reflejo admiraba, a cada espejismo repitiendo circunstancias, adueñándose de las realidades momentáneas; hasta saberse libre estando en aquella prisión de agua compacta.
Durante ese otoño, durante el cuarto siglo en el que tanto la especie como los monjes habitaban ese prado, el monasterio se había ido puliendo, mejorando sus arcanas e histéricas ornamentaciones que libraba ante la expectación de cualquier visitante. Cuatro siglos, ya hacía cuatro siglos en que había sido escogida esa zona para la construcción. Porque después del milagro ahí visto nadie había dudado en santificarlo mediante siquiera un seminario para religiosos. Es que habían descendido nubes, de diversos tamaños y densidades, algunas de las cuales podían ser palpadas, sobre el terreno, bajo el cielo que había visto la fusión, la descomposición fronteriza para la revelación del prodigio. Y una nube había sido tan compacta que hoyó la tierra con su maciza envoltura.
Pero nadie siquiera había sospechado que una especie tan singular había comenzado a existir, a moverse cuando la primer lágrima del cielo se expulsaba desde las alturas como dejando caer a su hijo, o a una parte grandiosa de su reino.
La construcción del recinto sacro estaba compuesta por diversas cúpulas que se lucían convexas desde fuera. Cada persona al observar hacia arriba, veía una convexidad, una clase de aglutinamiento de presión del espacio que ahí estaba. Porque parecía preso, reo del encierro que la externa visión de una cúpula implica, preso por tanta presión para evitar su caída.
Abajo, debajo del agua había una concavidad para ser vista, apreciada como si una distensión, una esparción fuera. La mera vista que ésta traducía no era otra que la significancia de sustento, de amparo o espacio para morar sin inquietud alguna. Más allá de que haya sido producida por un volumen convexo (la nube), el hundimiento quedado había sido como dejado para revertir los orígenes o causas operantes, implicadas en su composición.


lunes, 6 de julio de 2009

Autoconsejos

A continuación transcribo una serie de principios que he ido poniendo en palabras a lo largo de mi vida de acuerdo a mis experiencias y que me han ayudado y me ayudan a mejorar mi calidad de vida. Mi propósito es compartirlos con ustedes y que cada uno sepa descubrir su probable afinidad o no con dichos preceptos.



No intentes conformar a los demás, te estarás alejando de ti mismo.

Lleva una vida haciendo lo que te plazca con sólo tres limitaciones: no dañar al prójimo, no dañarte a ti mismo y no permitir que te dañen a ti.

Cultiva tu interior y no habrá adversidad que te doblegue.

No intentes mostrar quien no eres, la autenticidad no disimulada te traerá una paz interior que no se paga con nada.

Luego de un austero y objetivo (en la medida de lo posible) análisis, decide sólo tú sobre tus culpas y responsabilidades.

Hazte responsable de tus actos (errores) sin considerar el costo. Especular con ganancias y pérdidas en estos casos, a futuro, termina siempre en pérdidas.

No permitas que los demás te manipulen. Deja establecidos tus límites claros y precisos desde un principio.

Intenta conocerte cada día un poco más con la idea certera de que cualquier cosa que descubras estará bien o por lo menos mejor que manteniéndola escondida en el subconsciente.

No pretendas tener razón, nadie la tiene. En estos asuntos el que gana, siempre pierde.

No necesites explicar tus verdades. Con que tú las entiendas es suficiente.

Relaciónate con los demás pensando que eres tú.

Aprende a disfrutar de la soledad y el silencio. Acostúmbrate a meditar sobre bases diarias como si de necesidades biológicas se tratara.

Luego de haber agotado los medios de los que dispones para gozar de una completa salud, acepta las dolencias que te aquejen sin protestas estériles que sólo agravarán tu situación. La enfermedad es parte de nuestra salud. Sabe distinguirte de ella. Cuando deba estar, que habite sólo tu cuerpo.

Vive tu vida con coherencia y respetando tus propios principios y la muerte se te asomará como una amiga que te ayuda a dar los siguientes pasos y tú con satisfacción y sin miedo te envolverás en sus brazos.


Párrafos extraídos del libro: "EL PARAÍSO ESCONDIDO DETRÁS DE NUESTRAS DESGRACIAS" – Auto Ayuda Autobiográfica



http://libroabiertorudyspillman.blogspot.com

Enlace a Video Clip de YouTube:

http://es.youtube.com/watch?v=pi2osXRUbTk

Encontrarás todos los libros del autor en:
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domingo, 5 de julio de 2009

Ecos

La voz como un eco que sale de dentro envuelve el aire en la conciencia de una mirada que se aleja por la línea del horizonte, donde el cielo y el mar se unen sin solución de continuidad. El eco de una guerra sin fin más allá de las fronteras del alma y de los cuerpos. Los sonidos metálicos sólo producen quejas, sonidos de vestiduras rasgadas, de lechos rotos, de perdidas miradas. Hay como un galope que se oye fuera, pero que nunca llega. El tiempo, cauto, espera y alimenta el deseo insatisfecho. El pecado se acrecienta. La vida se aleja. Agua. Sed. El rumor del calor en el ocre de los trigales suena a ausencias en el aire que calienta y despereza el ansia de vida, aun incierta. Almas derramadas. Opio. Amapolas. La voz queda, me acerca. Suavidad. Y cuando los sonidos, todos, desaparezcan frente al través de las rendijas de los ojos, quizás entonces sea el momento de andar el camino de la dulzura. Delectación ante la nada que invita a la vida, o el todo, o… Oír, oler, ver, saborear, tocar, amar. Ser. Vida. Deleite. ¿Más? No.
Diego Jurado Lara
http://diegojlara.blogspot.com/

sábado, 4 de julio de 2009

Especie cóncava (1ª parte)


Abajo, debajo del agua podía amar y ser amado aunque no por siempre. Respirando tan profundo hasta donde los peces no soportaban la presión, él abría sus branquias y descendía, descendía desde la superficie de verdes.
Una leve bruma expelía el pantano. Como si fuese una mano acariciándolo, la niebla no se alejaba más de un metro. La mayoría de las veces los monjes que sobre su entorno habían caminado no lo veían, aunque les era conocida su existencia. Mientras la bruma quedaba sobre el lago, lo ocultaba. Pero sólo a la superficie verde, porque no había ningún animal ni planta ahí. Porque sólo residía la especie del pantano.
Cada monje recién llegado, y llegado durante el ocultamiento del lago, no sabía nada sobre éste. Aunque les dijeran que ahí estaba, todos ignoraban, no suponían tan impactante lágrima divina quieta sobre esa concavidad sosteniéndola para la apreciación de todos. Y cuando veían se acercaban a rezar, a orar por la gracia de tener dentro de sus dominios a ese prodigioso lecho de agua verde aunque sólo el hombre del pantano durmiese ahí, respirara ahí, pudiese residir ahí como si su único destino fuera.
Este monasterio bien había oído acerca de la leyenda del pantano, de su presa, de su llanto y agonía. Sin embargo, ninguno de ellos había prestado atención, siquiera se habían inquietado por averiguar la procedencia de tales argumentos. Y mientras, había una especie viviendo ahí.