Escritores Club forma parte del portal de literatura Escritores Libres y pretende convertirse en una propuesta cultural innovadora, capaz de ofrecer al lector la oportunidad única de conocer sus autores favoritos y dialogar con ellos directamente, sin intermediarios. Hemos reunido los mejores escritores independientes del panorama literario actual, dispuestos a ofrecernos su talento y sus valoraciones, no sólo sobre sus obras, sino sobre la literatura en general y el mundo que la rodea.

Esperamos que encontréis aquí respuestas a algunas de vuestras inquietudes y también un momento de esparcimiento, acompañados de la mejor literatura.

sábado, 28 de febrero de 2009

Los mantos de Quien


Nada, nadie ofrecía siquiera un nombre para Quien amantelado. Nada cedía con algún acierto, alguna nimia descripción hacia el que por los bajos tercios parecía reinar. Nadie, nada ni nadie podían atravesar cuanto resistente enigma lo cubría.
Mantos ocultaban la fisonomía jamás vista del que permanecía tenue como la gravedad lunar, y mudo como la clarividencia solar. Aunque lo habían buscado sobre mantos de roca y bajo otros de agua, nada habían hallado. La sola esperanza de que se tradujese en cuerpo, en corporeidad física presente ante todos, obnubilaba; y ascendía hasta las esperas siempre imprevisibles. Pero nada ocurría.
Desde que había decidido compartir la ontológica exploración cada recoveco resultaba abismal; y cada campo exhausto, un rincón donde reían las escurridizas obsesiones en marcha.
Había sido entonces cuando abandonaban las miradas todo elemento lejano, distanciado –y por esto mismo creído propicio para esconderse- para ahondar las búsquedas en los territorios cercanos. Y desde ese momento comencé a desarmar lámparas, a abrir muebles y diversos mecanismos hasta quedarme enfrente del manto.
Los mantos de Quien parecían ser los que estaban sobre los demonios y bajo los ángeles. Es decir que estaba entre toda impiedad y clemencia, y en su plena aventura. Lo había supuesto (nada se demostraba aún). Y había decidido comentar la hipótesis de que lo más valioso tal vez se encuentre tan cerca como para no poderlo reconocer. Pero no me remitía a Quien, de Quien nada se sabía; ni si benigno o maligno fuese.
Descubría el manto mientras los otros hacían lo mismo. Algunos habían llegado a quitar hasta las tablas de sus mesas o de engranajes quietos. Pero muy pocos quitábamos mantos desde la tiesa planicie donde nada hacía volumen como para insinuarse ¡ahí!, y en espera.
Descubría uno, descubría otro. Dos manteles habían dejado último a uno transparente. Y comprendí que lo más añorado siempre estuvo a nuestro alcance, aunque de una manera tan desapercibida como la transparencia del mantel.
Quien, se hallaba ahí. Sus voces eran las de nosotros y sus audiciones las de todos. Su movimiento se mancomunaba con el tuyo, con el de él o ella: con el de todos. Quien, estaba inmóvil, como vos y como yo viendo este relato narrándose; viendo este cuento pronto a partir hacia algún manto, o hasta mí, o hasta vos.
Tal vez seamos uno, Quien y yo; o Quien y vos. Es que si deseamos encontrarlo, si ésa es la búsqueda de los anhelos tanto tuyos como míos, creo en que no habrá quien pueda hurtarte el prodigioso hallazgo. De nada servirá quitar la tabla de una mesa cuando su concepto se encarna entre los mantos de cualquier piel.


viernes, 27 de febrero de 2009

Premios Nobel de Literatura con acento de mujer

Ahora que se acerca el día internacional de la mujer, que se celebrará el próximo 8 de marzo, parece un momento muy oportuno para dar un repaso a el papel de la mujer en la literatura.

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Tradicionalmente, la mujer ha sido discriminada en todas las disciplinas artísticas y, lamentablemente, la literatura no es una excepción; las escritoras que han logrado auparse al Olimpo de los grandes nombres de la literatura a lo largo de la historia, han sido escasas y poco valoradas (salvo honrosas excepciones). Incluso en el campo de la ficción los personajes femeninos se han visto mayoritariamente reducidos a meros comparsas y acompañantes de los protagonistas, habitualmente masculinos.

Por eso, nos parece oportuno realizar un repaso y homenaje a las mujeres que han sido capaces de alzarse con el galardón más importante del mundo de las letras: El Premio Nobel de Literatura. Este premio, otorgado por la Academia Sueca, es uno de los cinco premios específicamente señalados en el testamento del millonario sueco Alfred Nobel y premia “a quien haya producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal”.

Hasta ahora, tan sólo once han sido las mujeres galardonadas con este premio, lo que no deja de ser una excepción en un premio otorgado ininterrumpidamente desde 1909, y merece la pena rescatar ahora sus nombres, con la esperanza de que la lista se incremente en la justa proporción que la literatura femenina merece.

Premios Nobel de Literatura otorgados a escritoras:

  1. Selma Lagerlöf (1909) Suecia, 1858-1940. Novelista sueca especializada en la mitología, la leyenda y lo sobrenatural. Auténtico baluarte de la literatura sueca de todos los tiempos.
  2. Grazia Deledda (1926) Italia, 1871-1936. Novelista italiana que realiza un retrato fidedigno de la sociedad de su época. Destaca su obra La Madre y la autobiográfica Cósima.
  3. Sigrid Undset (1928) Noruega, 1882-1949. Especializada en la historia medieval de su país. Entre sus obras destacan Kristin Lavransdotter y la tetralogía El señor de Hestviken.
  4. Pearl S. Buck (1938) EEUU, 1892-197. Novelista americana muy influenciada por la literatura de China, donde pasó gran parte de su juventud. En su obra La buena tierra retrata fielmente su vida en China.
  5. Gabriela Mistral (1945) Chile, 1889-1967. Su nombre real era Lucía Godoy, fue educadora, ensayista y poeta. Su influencia fue reconocida por autores como Pablo Neruda y Octavio Paz.
  6. Nelly Sachs (1966) Alemania, 1891-1970. De origen judío, es una gran poeta que centra su obra en la historia del pueblo hebreo.
  7. Nadine Gordimer (1991) Sudafrica, 1923. Escritora sudafricana muy sensibilizada con el apartheid y la discriminación, que denuncia con fuerza en toda su obra. Entre sus novelas destacan La historia de mi hijo, Un mundo de extraños y Ocasión para amar.
  8. Toni Morrison (1993) EEUU, 1931. Novelista americana que denuncia la discriminación sufrida por la población negra en Estados Unidos. Entre sus obras destacan Sula, Jazz e Hija amada, que fue llevada al cine.
  9. Wislawa Szymborska (1996) Polonia, 1923. Poeta de origen polaco inspirada inicialmente por las ideas igualitarias del comunismo, pero que después abandonó para crear un mundo más personal.
  10. Elfriede Jelinek (2004) Austria, 1946. Autora teatral, novelista y ensayista, su obra se mueve entre la prosa y la poesía, su obra se caracteriza por una dura crítica a la discriminación de la mujer.
  11. Doris Lessing (2007) Irán, 1919. De origen iraní, reside en Londres. Retrata en su obra los conflictos culturales y las injusticias sociales y políticas basándose en experiencias personales. Su obra más conocida es El cuaderno dorado, que la convirtió en un icono del feminismo.

Publicado originalmente en Espaciolibros

lunes, 23 de febrero de 2009

Certezas

En puridad, dado que no tenemos ninguna auténtica certeza (ni siquiera la de no tener certeza alguna), podríamos decir que todo lo que decimos es mentira, y ni aun así estaríamos seguros.

No obstante, cuando me planteo este tipo de cuestiones, cuando dudo de lo más elemental de nuestra existencia (o de la existencia misma), siento que mi amor por los demás no puede estar equivocado ni puede ser falso.


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Discurso de un ilusorio galardonado

Señoras y señores, esta noche han tenido ustedes a bien concederme un premio, y yo he venido a recogerlo, pero no me siento orgulloso. Siempre los he criticado. Siempre me han parecido la mejor expresión del peor gusto. Desde siempre y, siento decirlo, para siempre.

Sé que las críticas me sepultarán. "Desagradecido se aprovecha de un premio literario", acusarán, con probabilidad, los titulares. Si he venido hasta aquí no es por otro motivo que mi pobreza y la de mi familia. Este galardón está bien recompensado, y la hipoteca nos asfixia cada vez más. Mi orgullo y mis ideales no pueden pagar mis deudas, de manera que no son una opción razonable. En lo más profundo de sus conciencias, ustedes saben que no están premiando la originalidad ni la genialidad. Hay escritores mucho más brillantes que yo, cuyas obras ni siquiera han tenido la ocasión de sopesar.

No culpen a mi obra de las necesidades de mi familia. Las miserias humanas no tocan el arte, ni esta fastuosa gala. Yo sólo soy un mendigo que reclama algo de comida. Cuando me haya retirado, podrán ustedes seguir deleitándose con el alimento espiritual de mis palabras, que a mí ya no me alimenta.

Muchas gracias.



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domingo, 22 de febrero de 2009

Juro por Dios que soy ateo




Cada vez que me han preguntado si creo en Dios me he quedado con la sensación de no haber logrado transmitir mis ideas claramente. Quizás se deba a que dicha pregunta en un primer momento me paraliza, me deja inmóvil, sin saber qué responder. Pero no se debe a que no tenga claras mis ideas sino a que no tengo claro que las sepa transmitir. Me sería más fácil responder si se me preguntara si soy creyente.

!", diría, casi antes de que se terminara de formular la pregunta.

Creo que el tema de "Dios" es uno de los más polémicos y difíciles de encarar, en el cual la semántica utilizada juega un papel preponderante a la hora de confundir definitivamente a las personas.

No resolveré yo, aquí y ahora este gran dilema que sólo Dios sabe lo difícil que es de resolver. Pero intentaré explicar lo que pienso, lo que siento, que en cierto modo es también una forma de decirles quien soy.

Debido a que desde mi temprana juventud he sido una persona esencialmente analítica, varias veces he realizado el intento de razonar a Dios. Hasta que creí descubrir que ello significaba lo mismo que intentar restar sumando, querer ennegrecer el negro o aclarar el blanco. Recién después de muchos años, la lectura del libro "Conocer a Dios", de Deepak Chopra, movió mis estanterías mentales y logró hacerme dudar. Fue lo más científico que experimenté en relación al tema si es que fuese factible hablar de Dios desde la ciencia.

Soy judío y por mis venas corre sangre semita. Pero yo en Jehová no reconozco a ningún Dios, como no lo haría en Jesús, en Buda, Allah o cualquier otro. Aunque a más de uno de ellos, de los que han existido en carne y hueso, podría admirarlos pero como seres humanos. Entiendo que algunos lectores estarán pensando: "Bueno, no le demos más vueltas al asunto, entonces eres ateo y sanseacabó". Pero no es así. Yo soy religioso. Quizás más religioso que otras personas que visitan asiduamente su iglesia, rezan, aceptan la estricta sumisión a sus preceptos de manera obligatoria porque seres humanos igual que ellos se han erigido en representantes legítimos de algún Dios en la Tierra y les dicen constantemente qué es lo que deben hacer, cómo comportarse, de qué abstenerse, etc., etc. Profeso el mayor de los respetos hacia ellos pero a la vez, les ofrezco mi punto de vista, mi forma de ver las cosas.

Querer obligar a alguien a que ame aunque sea en favor de algún Dios es proponer una actitud "contra natura" pues lo maravilloso del amor es que se siente sin obligación. De lo contrario no es amor. Ningún sentimiento puede ser reclamado de manera obligatoria. Podremos reclamar un comportamiento determinado, nunca un sentimiento. No podemos decidir lo que sentimos o sentiremos. Simplemente lo sentimos. Por más que muchos lo pretendan así no resulta en un acto voluntario. Supongamos que deseamos amar al cónyuge que ya no amamos u odiar a quien amamos. Es imposible por un acto voluntario. Es verdad que ciertas prácticas en beneficio de los demás nos permitirán iniciar un proceso que no es intelectual sino experimental y nos darán la oportunidad de buscarnos a nosotros mismos, indagar en nuestra propia esencia y llegar finalmente a nuestros orígenes. Es entonces que todo lo que sentiremos será amor.. Pero nunca será obligatorio. Será un proceso de decantación a través del que sin acto alguno de voluntad o agregado al cual emergerá el profundo amor que somos y que nos traerá el permanente y sólido estado de paz y felicidad en la unión y nunca en la diversidad. Estado que buscamos y añoramos porque es del cual venimos pero al que no sabemos cómo regresar.

Entonces cuando desee hacerle el bien al prójimo lo haré por el entrañable amor que siento y no por el temor a un Dios que me sabrá castigar si no actúo de acuerdo a ciertos preceptos. ¿Qué mérito puede tener vivir haciendo cosas buenas bajo amenaza?

Por ello es que yo creo en Dios, el Dios que llevo dentro en lo más profundo de mi ser y que me permite saber de mis propias limitaciones. Y que mientras aparezcan momentos en mi vida en que siento odio, rencor, temor o cualquier otro sentimiento negativo, como desprendimiento de mi verdadero amor mal decodificado, no me avergonzaré por ello ni intentaré negarlo pues de esa manera nunca me abandonará debido a que no se pueden resolver los problemas sobre los que uno niega su existencia. La tolerancia y aceptación ayudadas de una buena práctica del amor hacia los demás aunque aún no se logre sentirlo producirá el gran milagro. Entonces nos descubriremos siendo nuestros propios artífices. Nuestro propio Dios.

Considero que el "ateísmo" no existe. Quien dice ser ateo lo que en el fondo expresa es que no cree en la existencia de Dios como ente separado de nosotros mismos, como nuestro creador y proveedor de todos los preceptos fundamentales que guiarán nuestras vidas obligándonos a obedecerle bajo amenaza de ser pasibles de castigo o premiándonos como recompensa por nuestros buenos actos.

A menos que no esté en su sano juicio o disociada de la realidad, toda persona atea cree en sí misma y por tal motivo se erige en su propio Dios, aunque no lo sepa.

Soy religioso, pero nuevamente nos enfrentamos aquí a diferencias semánticas. Creo en mi propia religión, la que he creado para mí mismo con mis propios principios morales y éticos, con su dosis de misterio y de misticismo. No tengo porqué aceptar los preceptos religiosos de ninguna de las religiones convencionales.

Repito, las respeto a todas y a quienes decidan continuar "religiosamente" sus principios.

.Pero yo, entiendo a Dios de otra manera



Arturo y Clementina

Buscando en mis archivos de memoria, voy rescatando cuentos. Muchas cosas uno olvida a lo largo de la vida, pero en un instante se puede volver por el camino de los recuerdos. Esos recuerdos que mueven algo en ti, que provocan vibraciones.

Este cuento, lo rescato para compartir con vosotros. En tiempos de violencia de género, (que siempre ha existido), solo que ahora (al fin) se ha reconocido.

Arturo y Clementina es uno de mis favoritos.

Espero que lo disfrutéis.

¡Y que empiecen bien la semana!.


ARTURO Y CLEMENTINA

NARRADOR.- Un hermoso día de primavera Arturo y Clementina, dos jóvenes y hermosas tortugas rubias se conocieron al borde de un estanque y aquella misma tarde descubrieron que estaban enamorados.

Clementina, alegre y despreocupada, hacía muchos proyectos para su vida futura mientras paseaban los dos a orillas del estanque y pescaban alguna cosilla para la cena.

CLEMENTINA.- Ya verás qué felices seremos. Viajaremos y descubriremos otros lagos y otras tortugas diferentes, y encontraremos otra clase de peces y otras plantas y flores en la orilla... ¡Será una vida estupenda! Iremos incluso al extranjero. ¿Sabes una cosa? Siempre he querido visitar Venecia...

ARTURO.- (Sonriendo vagamente). Sí.

NARRADOR.-Pero los días transcurrían iguales al borde del estanque. Arturo había decidido pescar él solo para los dos y así Clementina podría descansar. Llegaba a la hora de comer con renacuajos y caracoles.

ARTURO.- ¿Cómo estás, cariño? ¿Lo has pasado bien?

CLEMENTINA.-(Suspirando) ¡Me he aburrido mucho! ¡Todo el día sola esperándote!

ARTURO.- (Gritando indignado) ¡ABURRIDO! ¿Dices que te has aburrido? Busca algo que hacer. El mundo está lleno de ocupaciones interesantes. ¡Sólo se aburren los tontos!

NARRADOR.- A Clementina le daba mucha vergüenza ser tonta, y hubiera querido no aburrirse tanto, pero no podía evitarlo. Un día, cuando volvió Arturo...

CLEMENTINA.- Me gustaría tener una flauta. Aprendería a tocarla, inventaría canciones, y eso me entretendría.

ARTURO.- ¿TÚ? ¿Tocar la flauta tú? ¡Si ni siquiera distingues las notas! Eres incapaz de aprender. No tienes oído.

NARRADOR.- Aquella misma noche, Arturo compareció con un hermoso tocadiscos y lo ató bien a la casa de Clementina.

ARTURO.- Así no lo perderás. ¡Eres tan distraída...!

CLEMENTINA.- Gracias.

NARRADOR.- Pero aquella noche, antes de dormirse, estuvo pensando por qué tenía que llevar a cuestas aquel tocadiscos tan pesado en lugar de una flauta ligera, y si era verdad que no hubiera llegado a aprender las notas y que era distraída. Pero después, avergonzada, decidió que tenía que ser así, puesto que Arturo, tan inteligente, lo decía. Suspiró resignada y se durmió.

Durante unos días, Clementina escuchó el tocadiscos. Después se cansó. Era, de todos modos, un objeto bonito y se entretuvo limpiándolo y sacándole brillo; pero al poco tiempo volvió a aburrirse.

Un atardecer, mientras contemplaban las estrellas a orillas del estanque silencioso...

CLEMENTINA.- Sabes, Arturo, algunas veces veo unas flores tan bonitas, de colores tan extraños, que me dan ganas de llorar... Me gustaría tener una caja de acuarelas y poder pintarlas.

ARTURO.- (Riéndose) ¡Vaya idea ridícula! ¿Es que te crees una artista? ¡Qué bobada!

CLEMENTINA.- (Aparte) Vaya, ya he vuelto a decir una tontería. Tendré que andar con mucho cuidado o Arturo va a cansarse de tener una mujer tan estúpida...

NARRADOR.- Y se esforzó en hablar lo menos posible. Arturo se dio cuenta en seguida.

ARTURO.- (Aparte) Tengo una compañera aburrida de veras. No habla nunca y, cuando habla, no dice más que disparates.

NARRADOR.- Pero debía sentirse un poco culpable y, a los pocos días, se presentó con un paquetón.

ARTURO.- Mira, he encontrado a un amigo mío pintor y le he comprado un cuadro para ti. Estarás contenta, ¿no? Decías que el arte te interesa. Pues ahí lo tienes. Átatelo bien porque, con lo distraída que tú eres, ya veo que acabarás por perderlo.

NARRADOR.- La carga de Clementina aumentaba poco a poco. Un día se añadió un florero de Murano.

ARTURO.-¿No decías que te gustaba Venecia? Tuyo es. Átalo bien para que no se te caiga. ¡Eres tan descuidada!

NARRADOR.- Otro día llegó una colección de pipas austriacas dentro de una vitrina. Después una enciclopedia...

CLEMENTINA.- (Suspirando) Si por lo menos supiera leer...

NARRADOR.- Llegó un momento en que fue necesario añadir un segundo piso. Con la casa de dos pisos a sus espaldas, ya no podía ni moverse. Arturo le llevaba la comida y esto le hacía sentirse importante.

ARTURO.- ¿Qué harías tú sin mi?

CLEMENTINA.- (Suspirando) Claro. ¿Qué haría yo sin ti?

NARRADOR.- Poco a poco la casa de dos pisos quedó también completamente llena. Pero ya casi tenían la solución: tres pisos más se añadieron ahora a la casa de Clementina que hacía ya mucho tiempo que se había convertido en un rascacielos.

Una mañana de primavera decidió que aquella vida no podía seguir más tiempo. Salió sigilosamente de la casa y se dio un paseo: fue muy hermoso, pero muy corto. Arturo volvía a casa para el almuerzo y debía encontrarla esperándole. Como siempre.

Pero, poco a poco el paseíto se convirtió enana costumbre y Clementina se sentía cada vez más satisfecha de su nueva vida. Arturo no sabía nada, pero sospechaba que ocurría algo.

ARTURO.- ¿De qué demonios te ríes? Pareces tonta.

NARRADOR.- Pero Clementina esta vez no se preocupó en absoluto. Ahora salía de casa en cuanto Arturo volvía la espalda y él la encontraba cada vez más extraña, y encontraba la casa cada vez más desordenada. Pero Clementina empezaba a ser verdaderamente feliz y las regañinas de Arturo ya no le importaban.

Y un día Arturo encontró la casa vacía. Se enfadó muchísimo y no entendió nada. Años más tarde seguía contándoles lo mismo a sus amigos.

ARTURO.- Realmente era una ingrata la tal Clementina. No le faltaba de nada. ¡Veinticinco pisos tenía su casa, y todos llenos de tesoros!

NARRADOR.-Las tortugas viven muchísimos años y es posible que Clementina siga viajando feliz por el mundo. Es posible que toque la flauta y haga hermosas acuarelas de plantas y flores. Si encuentras una tortuga sin casa, intenta llamarla: ¡Clementina! ¡Clementina! Y si te contesta, seguro que es ella.

Autor: Adela Turín


Figuras Retóricas

El lenguaje castellano es muy rico en figuras retóricas, principalmente utilizadas por los poetas, pero imprescindibles para una mejor comprensión de la literatura. Por eso vamos a realizar un pequeño repaso a las principales figuras retóricas; algunas os sonarán, otra no tanto y la mayoría las estaréis utilizando sin conocer su nombre real.

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  1. Alegoría: Consiste en la utilización prolongada de símbolos o metáforas para crear una representación de una cosa.
  2. Aliteración: Se llama así a la repetición perceptible de uno o varios fonemas en distintas palabras. Se denomina paralelismo cuando la repetición es prácticamente total.
  3. Anadiplosis: Es cuando al principio de un verso se repite la última parte del anterior.
  4. Anáfora: Consiste en la repetición del mismo comienzo en una serie de frases distintas.
  5. Antítesis o Contraste: Nace de la oposición de dos términos de significado contrario.
  6. Apóstrofe: Consiste en dirigir la palabra con vehemencia en segunda persona a una o varias, presentes o ausentes, vivas o muertas, a seres abstractos o a cosas inanimadas, o en dirigírsela a sí mismo en iguales términos.
  7. Asíndeton: Es la eliminación de las conjunciones para dar más viveza al enunciado.
  8. Conversión: Consiste en repetir la misma palabra al final las frases o versos.
  9. Elipse: Omisión de palabras habitualmente consideradas necesarias.
  10. Encabalgamiento: Cuando la unidad sintáctica de un verso se prolonga en el siguiente.
  11. Epanadiplosis: Es cuando una frase o un verso empieza y termina igual.
  12. Epíteto: Consiste en una Adjetivación puramente ornamental.
  13. Eufemismo: Es la utilización de una expresión suave o indirecta para enmascarar otra más desagradable o directa.
  14. Hipérbaton: Consiste en la modificación premeditada del orden sintáctico habitual.
  15. Hipérbole: Es la exageración de un término de forma ostensiblemente exagerada.
  16. Interrogación retórica: Es la realización de una pregunta que no busca respuesta, sino revelar un aspecto del enunciado de forma indirecta.
  17. Ironía: Consiste en la afirmación de lo contrario de lo que se piensa a modo de denuncia.
  18. Juego de palabras: Es cuando se utilizan palabras con distinto significado e igual enunciado.
  19. Metáfora: Es la utilización de un término simbólico o figurado en lugar del término real.
  20. Metonimia: Es la designación de una parte de un conjunto por el nombre de otra parte del conjunto. Se denomina sinécdoque cuando se designa el conjunto por el nombre de una parte, o se designa a una parte con el nombre del conjunto.
  21. Paradoja: Reunión de ideas o conceptos aparentemente contradictorios pero que ayudan a comprender el sentido real del enunciado.
  22. Paranomasia: Consiste en colocar próximos en la frase dos vocablos semejantes en el sonido pero diferentes en el significado.
  23. Perífrasis: También llamado circunloquio, consistente en un realizar un rodeo para eludir la expresión directa.
  24. Pleonasmo: Es la utilización de términos innecesarios o redundantes que refuerzan la idea principal.
  25. Polisíndeton: Es la repetición de conjunciones innecesarias.
  26. Prosopopeya: Consiste en la atribución de cualidades que no corresponden a un objeto. Es muy habitual en cuentos en que se dan atributos humanos a animales o seres inanimados.
  27. Reduplicación: Es la repetición de una palabra al principio o en el interior de una frase.
  28. Retruécano: Consiste en componer una frase con las mismas palabras que la anterior, pero invirtiendo su orden o función.
  29. Silimicadencia o asonancia. Colocar dos palabras muy cercanas con sonidos finales iguales.
  30. Símbolo: Es la utilización de un objeto real pero refiriéndose a otro objeto también real.
  31. Símil: Es igual que el símbolo, con la diferencia de que aparecen explicitados el objeto y el símbolo

sábado, 21 de febrero de 2009

Lente


Entre ascensos y descensos la penuria de lo oculto no resultaba vista. Presumía que detrás de las parquedades, detrás de los entierros una llama cautiva pernoctaba en rondas para hallar su libertad. Sospechaba, y supongo que debía ser desenterrada del manto cobertor.
Ascendía adentro de la torre sabiendo que lo esotérico descendía, como si escapándose de mí estuviera. Quizá temiese encontrarse, darse tenue claror ante la atenta observancia que con mi lente inquiría. Pero continuaba ascendiendo. Ascendía, hacia el último nivel iba con la esperanza de que una oquedad abriera un resquicio para inmiscuirme y hallar el final de tanto desvelo.
Pero nada había. Ni el tímido presagio para quedarme aguardando relucía serio en la inanidad de la cúspide observatoria. Entonces había decidido variar.
Descendía nivel tras nivel. Bajaba afirmándome en la barandilla de la escalinata cada vez con mayor velocidad, como si un vertiginoso frenesí empujara el cuerpo que con el lente profanaba las mudanzas de la llama jamás descripta y siempre acuartelada. Y cuando había notado que ningún escalón perpetuaba el descenso, caminaba sobre el más bajo nivel. Pero mediante el lente había podido ver que los fulgores estaban ascendiendo más y más, hasta replegarse en el extremo superior del torreón de madera con escalinatas de varillas oxidadas. Y fue cuando noté la incomprensión que estaba sucediéndome.
Porque siempre estuvo. Siempre la llama se había presentado; -aunque ocultamente- nunca había dejado de reconocerla y describirla ¿Con qué? Con lo que ya había conocido acerca de ésta. No era esotérica, sino misteriosa; no era huidiza, sino en continuo movimiento. Desplazamientos que nunca había advertido. Y cuando yo ascendía o descendía, permanecía contemplándola porque jamás hubo lente que viese ciertos niveles (y no otros, a la misma vez) dentro del campo de la torre telescópica que se internaba en busca del corazón del sol. Y por haber estado adentro del telescopio, que como una inyección inevitable se internaba en las venas solares, sabía estar en una extremidad de alguna plataforma espacial.
Era el encargado del lente, de instruirme mediante éste para contar o redactar un informe al equipo que pertenecía. Pero había comprendido que el corazón del sol aún debía permanecer detrás, adentro, fuera del campo de nuestra vista. Porque al quitarlo para un análisis, nada de tal astro continuaría desplegando su fuego sideral.
Comprendo que ellos no lo entenderán. Que explicarles la necesaria vitalidad de semejante órgano, es un asunto ya pronto a extinguirse. Porque desde que he dejado de comunicarme con ellos, de narrarles los datos de cada cita por medio del lente telescópico, habrán creído que he muerto.
Desde entonces, desde ahora -desde que centinela de este corazón, soy- asciendo y desciendo al mismo ritmo que la sangre de las otras venas. Y con furiosas pulsiones, como una genuina arteria solar.


El caballero de la armadura oxidada. Robert Fisher


En otra ocasión he recomendado este cuento. Lo tengo presente porque lo utilizo bastante para trabajar con mis alumnos. Recuperando su esencia, lo comparto en club de escritores.
Un saludo a todos....
Flor

Resumen de la historia

Cuenta la historia, que hace mucho tiempo existió un caballero bueno y generoso; luchaba en batallas, mataba dragones y rescataba damiselas.
Él era famoso por su armadura, la cual tenía un brillo resplandeciente. Pero a pesar de ello, la armadura no le permitía darse cuenta realmente de las cosas que sucedían a su alrededor. Tenía una mujer llamada Julieta, a la cual, a pesar de sus muestras de cariño no hacía ningún caso; también tenía un hijo, Cristóbal, aunque el niño ni siquiera sabía como era su padre en realidad.
Un día al volver a casa, Julieta le dijo que si no era capaz de quitarse la armadura y parar de ir a todas las batallas, en lugar de hacer caso a su familia, se marcharía de su lado para siempre. Otras veces se hacía el dormido pero esta vez se lo tomo en serio, y cuando intentó desprenderse de su armadura no pudo. Al comprobar esto, fue rápidamente al herrero, y a pesar de los esfuerzos de este, le fue imposible desprenderse de ella. Durante tanto tiempo la había llevado sin dar importancia a nada más que ya formaba parte de él. Por ello decidió irse en busca de alguien que pudiera ayudarle a desprenderse de su pesada armadura. Triste abandonó su hogar y fue a despedirse del rey, al llegar a palacio solo encontró a un bufón que le informó que el rey se había marchado a una cruzada y le aconsejó que la única persona que podía ayudarle era el mago Merlín.
Dudoso se encaminó con su caballo hacía el bosque donde anduvo sin encontrar al mago durante mucho tiempo. Finalmente cuando se encontraba exhausto apareció frente a él rodeado de animalillos. Merlín y sus amigos se encargaron de alimentar al caballero para que recuperase sus fuerzas.
Pasaron unos días, y conoció a una simpática ardilla que le impresionó con sus sabios consejos, y también a una astuta paloma, la cual aconsejada por Merlín y autorizada por el caballero, hizo llegar una nota a manos de Cristóbal para comprobar si este conocía realmente a su padre. Después de unos días la paloma regresó con la nota, impaciente la cogió y cuando la vió se quedo sin palabras y comenzó a llorar desesperado. La carta estaba en blanco, su propio hijo no había podido dar una repuesta ya que no le conocía lo suficiente. Al despertar Merlín le dijo que se tenía que ir, naturalmente no podía volver a casa ya que Julieta y Cristóbal no le querían con la armadura puesta. Se dio cuenta en ese mismo instante de que ya no recordaba las sensaciones del exterior porque se había acostumbrado a llevar constantemente la armadura. Entendió que debía desprenderse de ella por sí mismo.
Merlín le explico que podía seguir dos caminos, uno como el que había seguido hasta ahora, u otro más complicado con el cual conseguiría desprenderse de la armadura. Este camino era el sendero de la verdad. Debía ir sin su espada y sin su caballo, únicamente con la compañía de la ardilla y la paloma; le explicó que en su camino hacia el final de la empinada cima de la montaña encontraría tres castillos: El de la soledad, el del conocimiento y el de la osadía.
Se puso en marcha y a la mañana siguiente comprobó que se le había caído una parte de la visera, la ardilla le explicó que las lágrimas que derramo por su hijo habían oxidado la armadura; el dolor que sintió fue tan profundo que la armadura no pudo protegerle. Esto le dio fuerzas y continuó su camino.
Después de caminar un tiempo se encontró con el primer castillo, allí impresionado vió al rey y este le explicó que la única salida debía sacarla de su interior. El rey se marchó y el caballero estando allí en una soledad tan profunda se dio cuenta de la soledad que había sentido su mujer durante tanto tiempo, comenzó a llorar y a preguntarse una y otra vez porque cada vez eran más pequeñas las habitaciones, una voz respondió a su pregunta y se identifico como su “yo verdadero”. Para no hacerse líos quedaron en que a partir de entonces le llamaría “Sam”.Poco a poco se le fueron cerrando los ojos y cuando despertó se encontró fuera, al otro lado del castillo. Entusiasmado vió que le faltaba el yelmo debido a que volvió a llorar dentro del castillo; la armadura se oxidó ya que el tiempo pasaba muy deprisa aunque él apenas se daba cuenta. Después se dirigió al segundo castillo, en este si podía entrar con sus compañeras de viaje. El castillo estaba a oscuras y a medida que iba descifrando las inscripciones había más claridad, poco a poco el caballero se daba cuenta de todo el tiempo que había perdido encerrado en esa armadura y que había necesitado más a las personas de lo que las había amado. Allí vió su verdadera imagen en un espejo, comprendió que él era bueno, generoso y que no tenía que demostrárselo a nadie. Sam le ayudo a comprender que la ambición es positiva si es pura de corazón, cuando con ella no se tiene que probar nada ni superar a nadie, sino cuando se puede ayudar a los demás. Y sus lágrimas de nuevo consiguieron oxidar la parte de la armadura que cubría sus brazos y sus piernas.
Ya por fin llegaron al último castillo. Al intentar atravesar el puente se toparon con un gran dragón que desprendía grandes llamaradas. El caballero no sabía que hacer sin su espada, intento llamar una y otra vez a Merlín, pero este no acudió a su llamada.
El dragón se definió como el”dragón del miedo y de la duda”. La ardilla explicó al caballero que la única forma de vencer al dragón era con el conocimiento y que si de verdad pensaba que el dragón no era real conseguiría destruirle. Después de un momento de reflexión el caballero se armo de valor y consiguió hacer frente al dragón, el cual se fue haciendo cada vez más y más pequeño hasta que desapareció; y con él también desapareció el castillo.
Finalmente el caballero llegó poco a poco a la cima de la montaña pero se encontró con una inscripción que bloqueaba el camino. Aunque estaba exhausto, intentó descifrarla y llegó a la conclusión de que lo que debía hacer era soltarse y dejarse llevar por lo desconocido, como no estaba muy convencido, Sam le dio las palabras de apoyo necesarias para arriesgarse y haciendo caso a su propio “yo” se tiró al vacío, pero en lugar de caer hacia abajo iba ¡hacia arriba!. De repente, cayó sobre la cima de la montaña y comprendió la inscripción; en la caída había soltado todo aquello que había tenido y pensado y no le hacia feliz.
Sus lágrimas de alegría terminaron de oxidar la parte de la armadura que le quedaba. Se dio cuenta que una nueva luz había en su interior y afloraba hacia el exterior, una luz mucho más brillante que la que daba su pesada armadura, por ello el caballero comprendió ese universo desconocido, y consiguió al fin, formar parte de él.

jueves, 19 de febrero de 2009

El viejo

Un hombre viejo, enjuto, arrugado y gastado, intenta medir una cajonera que está en lo alto de unos estantes, en un hipermercado. Viste de gris apagado, como su mirada. No alcanza. Gira la mirada hacia todos los lados. Las personas pasan ignorándolo. Me acerco. ¿Le ayudo? Yo se la alcanzo. Le digo. La mide mientras lo observo. Apunta los datos en una libreta ajada, como él. Termina. Es que estoy en una residencia..., me dice. Tiene ganas de hablar. Los ojos llorosos. No debe hablar mucho, ni con nadie. Tal vez solo. Mi mujer se murió hace un año, la pobre La soledad, el abandono. Apestados viejos. Esquivados. Expulsados. Ocultados. Tengo noventa y seis años. No los aparenta, le respondo, yo le echaba unos ochenta. Se ríe. Será por la vida que he llevado. Dura, muy dura. Me cuenta la guerra, su guerra. Le escucho. Sonrío. La vida al final te da lo que mereces. Pone a cada uno en su sitio. Te voy a dejar, me sigue diciendo, porque tendrás que hacer tus cosas. Me sonríe con más amplitud. Los ojos acuosos. Cálidos. Me siento bien. Dos horas de pie. Dos horas hablando. Gracias muchacho, que Dios te lo pague, me dice. A usted, ha sido un placer. Le contesto. Le tiendo la mano. Me la estrecha con fuerza y se acerca como para abrazarme. Le aprieto contra mi cuerpo. Calor humano. Veo como se aleja. Despacio. Se vuelve. La sonrisa en el rostro y unas lágrimas que se le escurren por las mejillas. Levanta la mano. Se gira y sigue andando. Me duele el alma. Sonrío mientras lamento su lamento en mi interior. Hoy ha sido un buen día.
Diego Jurado Lara

“La sombra de lo que fuimos” de Luis Sepulveda se hace con el Premio Primavera de Novela

El Premio Primavera de Novela es convocado por por la editorial Espasa Calpe y Ámbito Cultural de El Corte Inglés, siendo considerado uno de los más importantes y reputados de todos los países de habla hispana, por no hablar que es de los mejor dotados con la nada despreciable cifra de 200.000 euros para el ganador y 30.000 euros para el finalista.

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Este año, en que se convocaba la XIII edición, el finalista ha sido el español José María Beneyto con su novela Los elementos del mundo, una novela que ahonda en los orígenes del nazismo y la Alemania entreguerras. Una auténtica sorpresa ya que se trata de la primer novela del autor español.

El primer premio no fue, sin embargo tan inesperado, ya que recayó en Luis Sepúlveda, un escritor chileno residente en España muy conocido, que ha vendido ya más de veinte millones de libros en todo el mundo y tiene su obra traducida a más de sesenta idiomas, habiendo sido ya galardonado con premios como el Rómulo Gallegos, el Gabriela Mistral, el Tigre Juan o el Superflainao.

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La novela con la que Sepúlveda a ganado este año, La sombra de lo que fuimos, es una reflexión sobre la historia de Chile vista a través de los ojos de tres chilenos sexagenarios que evocan su juventud durante los años sesenta y setenta, lo que permite a Sepúlveda relatar las relaciones de socialista y comunistas con el gobierno Allende, el golpe de Estado de Pinochet y el posterior exilio de muchos chilenos hasta su regreso al país con la vuelta de la democracia.

En definitiva una obra generacional y política envuelta en una estructura policíaca, que nos adentra en la negra historia del siglo pasado en Chile, narrando siempre con un fino humor e ironía, que roza la parodia, eso sí siempre inteligente y mordaz.

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Sepúlveda, en unas declaraciones a Efe, declaró sentirse contento y feliz con el premio y reveló que la obra premiada contiene elementos autobiográficos y datos verídicos de la historia chilena. Historia sobre la que aseguró que "nunca se va a saber suficiente y es muy poco lo que se ha escrito sobre el golpe de Estado de Augusto Pinochet y la dictadura militar. Es un problema de toda la sociedad dar a conocer lo que realmente ocurrió y los grandes traumas del pasado. Si una novela sirve para que otras personas conozcan mejor a los que fueron protagonistas, en este caso los perdedores, las víctimas de nuestra historia, me parece muy bien"

Publicado originalmente en Espaciolibros

martes, 17 de febrero de 2009

El corrector de Ricardo Menéndez Salmón

Cuando está a punto de cumplirse el quinto aniversario del peor atentado de la historia de España, Seix Barral publica El corrector, una novela de Ricardo Menéndez Salmón, donde el autor nos narra los atentados del 11-M y sus “erratas”.

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Entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 se produjo en España una sacudida social y política que llevó a un vuelco electoral, tras reaccionar la ciudadanía ante un espectáculo inédito de mentiras y manipulaciones gubernamentales. Ricardo Menéndez se adentra con su novela en esos cruciales momentos de la historia moderna española, venciendo el recelo que parecen sentir los autores españoles para afrontar lo ocurrido. En palabras del propio autor: "Yo también sentí cierta prevención al escribir de este asunto, porque siguen abiertas las heridas de un suceso capital en la historia reciente de este país”.

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La novela parte de cómo el jueves, 11 de marzo de 2004, un corrector llamado Vladimir, embarcado en la corrección de Los demonios, de Fedor Dostoievski es informado por teléfono de que varios trenes han explotado en la capital. A partir de aquí, y con la historia de amor de Vladimir y su mujer, Zoe, de telón de fondo, se reconstruye lo ocurrido en aquella fatídica fecha. Personajes de la vida política española como Arnaldo Otegi, Juan José Ibarretxe, Ángel Acebes o José María Aznar, al que Vladimir define como "un cadáver despidiéndose del mundo de los vivos”, desfilan por las páginas de la obra, en una auténtica llamada al orden a la clase política.

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El propio autor explica la intención de su obra al definir los atentados del 11-M: "Nunca nos habíamos encontrado con un suceso de tal magnitud reinterpretado políticamente de un modo tan perverso”.

Via | EFE

Publicado originalmente en Espaciolibros

El concierto de órgano

El organista llegó en silencio, como si profanara un lugar sagrado con sus pasos. La Catedral estaba abarrotada, y algunas pantallas permitían ver a los que estaban lejos. El instrumento, estático y solemne, esperaba las manos que debían romper el encantamiento. Era un concierto para muchas personas, pero no por ello menos íntimo. Se ofrecía en honor a todos los transplantados y a los profesionales sanitarios. José Enrique Ayarra estuvo muy enfermo del riñón y un transplante le salvó la vida. Conversaciones aisladas llenaban el vacío compartido, las horas de dolor y sufrimiento que muchos estarían reviviendo. Pero también la alegría de saberse vivos y poder disfrutar de todos esos detalles que habían estado a punto de perderse.

La primera pieza, Tocatta y Fuga en Re menor de Bach, fue solemne pero alejada. No pude sumergirme en la música tal vez por la fuerte presencia de su hermano Javier, a quien más profundamente dedicaba el concierto. Su hermano menor, muerto en accidente de tráfico. Su hermano, del que había recibido el riñón que necesitaba y que en algún momento le pudo haber parecido demasiado para sí mismo. Su hermano, al que había administrado la Extrema Unción porque ya nada más se podía hacer por él. Todo eso pesaba más en el ambiente que en la música, en las hábiles manos del organista que en las notas imponentes.

Yo imaginaba al hermano, a Javier, en sus primeros años, jugando con sus cosas, corriendo de un lado para otro. A José Enrique, como hermano mayor, lo veía cuidando de Javier, vigilando en todo momento que no se hiciera daño, que no se fuera a caer del árbol o que se saltara un ojo con ese palo. No es difícil hacerse con la escena, verlos jugar a los dos hasta que la noche caía y los reclamaban para cenar en casa. Nada cuesta sentir el amor y el cariño que se tendrían esos dos hermanos. Pero no fui capaz de atisbar, siquiera levemente, el horror de José Enrique sabiendo que su hermano había muerto. Y casi al instante, sin tiempo para recobrarse, recibir la noticia de ese riñón... que trágicamente venía de Javier.

No entendía cómo ese hombre era capaz de estar allí sentado, con todo el peso de las miradas, con el recuerdo vivo de su hermano, tocando piezas tan complejas (el Preludio en Do Menor de Rachmaninov, por ejemplo, inconcebible fuera del sonido limpio y pausado del piano). Es, sin duda, la música que él ama, pero una fortaleza especial brotaba de su interior para mantenerlo en pie, para deleitarnos con esas sublimes conversaciones musicales. La música como refugio, pensé. Una fortaleza armada de complejas armonías que sólo algunos pueden comprender, y muchos menos, interpretar. En el vertiginoso movimiento de sus dedos y sus pies había algo de evasión, de fuga. No por escapar de la vida o de la muerte, sino de sus recuerdos más felices. En las noches de soledad, ese hombre sólo habría tenido el consuelo de Dios y de los músicos a los que veneraba. Tocando escapaba, es cierto, pero también se recogía en lo que aún le quedaba, que no es poco.

Entonces surgió el sonido inmortal de la Marcha Fúnebre de Félix Alexandre Guilmant. Creo que habían mencionado que esa obra era muy del gusto de Javier, quien alguna vez le pidió a su hermano que se la interpretara. Cerré los ojos. Me sentí en otra parte, trasladado de aquel lugar. Las notas pesaban más que nunca, pero también eran más plásticas. Podía verlas, tocarlas y sentirlas en toda su magnitud. Supe que esa canción, por encima de todas las demás, estaba dedicada a Javier. Las manos, que no veía, se estarían moviendo con desgarro, casi torpemente si no fuera por los arduos años de experiencia. Me vi con mucha más edad, ya en la senectud, rodeado de gente querida y de algunos a los que aún no conozco. Yo me estaba yendo sin estar del todo convencido, acaso porque me moría. Todos estaban serenos, todos lo aceptaban, y yo ya no tenía fuerzas para enfrentarme a mi destino. Todo debía acabar, supuse. En el lugar que me esperaba, si es que había alguno, estaría yo solo. Extrañaría a todo el mundo, no podría hablar con nadie. Me senté en una piedra que asomaba en el camino de tierra. Ya los había dejado atrás. Pensé en mi hermano, menor que yo. Pensé que todos nuestros juegos se estaban perdiendo en la memoria, y que ya no volveríamos a saludarnos con un insulto fingido tras el que se ocultaba un cariño infinito. Pensé en nuestra camaradería insuperable y vi, más que nunca, todas y cada una de sus virtudes, que lo hacían un hombre admirable. Recordé todos nuestros momentos juntos, nuestros secretos, nuestras palabras cifradas. Recordé lo que nos unía y lo que nos había separado brevemente. Me lamenté por no haber hecho todo lo que, por pereza o desidia, acabamos dejando de lado. Recordé el día que estuvimos a punto de perderlo. Todas esas cosas, y muchas otras, me conmovieron en el profundo silencio de aquella música. Yo volvería a ver a mi hermano, pero José Enrique estaba tocando para la memoria del suyo. Cuando se acallaron las notas vi a un hombre, sentado en primera fila, cuyo rostro reflejaba toda la paz que residía en la Marcha Fúnebre. No sonreía, pero daba la impresión de estar haciéndolo. Supuse que se trataba de un paciente transplantado que había logrado entender al organista mejor que los demás.

Siguió la música, y en ningún momento dejé de pensar en Javier. Era un hombre joven. Demasiado joven. Paradójicamente, fue uno de los médicos que intervino a mi hermano cuando estuvo al borde de la muerte. Es una de esas horribles casualidades de la vida que nadie puede intentar comprender. Su generosidad, que avergüenza a los egoístas como yo, no se abarca con palabras pero, quizá, sí con la música hondamente humana y viva de su hermano. Alguna vez, seguramente, discutirían, y al tiempo volverían a hablarse como si nada. Así es como esperaban haberlo hecho hasta que los dos estuvieran arrugados como pasas. El que se va y el que se queda. El que recuerda y el que ya es recuerdo vivo. Como la vida, el concierto estaba terminando. El Aleluya de Haendel lo inundaba todo con su mensaje pletórico. Entonces creí ver al hombre del rostro en calma sentado en el coro, en un rincón alejado; su sitio estaba ahora vacío. Los aplausos finales pusieron al público en pie, agradecido y admirado por la valía de ese hombre que había desnundado su alma herida ante todos nosotros. El personaje misterioso estaba apartado, aplaudiendo con emoción. Se diría que miraba al organista con orgullo. Me pregunté quién sería para poder estar tan cerca del maestro. Mientras José Enrique saludaba al público, el hombre se alejaba por el fondo sin dejar de aplaudir ni de mirar al organista. Se detuvo un momento, como el que sabe que todo está hecho, que no cabe añadir nada más, y antes de perderse entre la multitud, se acercó a José Enrique y le dijo algo al oído. El organista no dijo nada, no hizo falta que dijera nada: sus ojos, colmados de felicidad, justificaban el concierto. Traté de seguirlo con la vista pero fue inútil. Todos nos fuimos, creo, mudos y con el corazón encogido bajo las altísimas bóvedas de la Catedral. Cuando ya no quedara nadie y se cerraran las puertas y la noche entrara lentamente para descansar entre las piedras, los ecos del concierto sonarían aún con sentimiento.

Al día siguiente, mientras desayunaba en el bar del trabajo, vi en una página interior de algún periódico, una fotografía de José Enrique con su hermano Javier. Me sentí ínfimo y aliviado cuando comprobé que su rostro era el del hombre en calma, el hombre que se iba.


Enlaces relacionados

lunes, 16 de febrero de 2009

La Novela: Tipos de Personajes

En nuestro recorrido por los elementos que componen una novela hoy le llega el turno a los caracteres o personajes.

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Los personajes son los actores literarios que desarrollan la acción de la novela. Pueden ser reales (aquellos basado en personas que viven o han vivido realmente) o ficticios (surgidos de la imaginación del escritor) y suelen presentarse mediante una descripción o caracterización. Esta descripción puede ser:

  1. Física. Se describe al personaje por su aspecto físico, constitución y atuendo.
  2. Psicológica. Se realiza una descripción emocional y sicológica del personaje atendiendo a su comportamiento y opiniones.
  3. Mixta. Se trata de una mezcla de las dos anteriores que suele denominarse retrato.

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Atendiendo al nivel de intervención o importancia en la narración de los  distintos personajes, pueden clasificarse como:

  1. Principales o protagonistas. Son aquellos sobre los que recae el peso de la trama.
  2. Secundarios. Son personajes que sustentan a los principales, pero que no aportan nada fundamental a la trama.
  3. Portavoz. Es el personaje sobre el que recae la narración de la acción. Puede ser el protagonista, un personaje secundario, o un narrador impersonal y omnipresente que no participa de la acción.

Por último, si atendemos al tipo de caracterización, podemos encontrar una clasificación diferente que dividiría los personajes en:

  1. Personajes planos. Son aquellos descritos mediante una característica básica que se comportan de la misma manera a lo largo de todo el relato.
  2. Personajes redondos. Son aquellos que van caracterizándose a medida que transcurre la acción, evolucionando de forma natural a lo largo del relato.
    Publicado originalmente en Espaciolibros

domingo, 15 de febrero de 2009

María

María tiene esa mirada, esa luz que brilla cuando la miras. Tienes unos ojos marrones preciosos, le digo. Una vez conocí a una mujer que tenía los ojos marrones, también, los ojos más bonitos que jamás he visto. Yo la miraba fijamente y cambiaban de color; tenían en ese momento todos los colores de la tierra.
Tiene el pelo, castaño, recogido en una cola que le descubre la cara. Tierna. La mirada inocente. El alma pura, en un mundo podrido. Me escucha, mientras me mira, a veces, con la mano izquierda escondida entre las piernas. Sus manos también me la recuerdan. El movimiento que hace con ellas es de una elegancia extraordinaria. Si te quedas observando te da la sensación de que está dibujando en el aire y de que tú eres uno de los colores que va a utilizar. Pero no se lo digo. Elegantes, suaves, delicadas. Ni grandes ni pequeñas, ni delgadas ni gruesas. Así es como siempre me han gustado las manos de una mujer.
Lleva una blusa blanca, casi transparente, de media manga, que deja ver sus brazos; de escote amplio, dejando ver la piel; el sujetador negro, de tirantes anchos. La blusa es de hilo, con un ligero fruncido en el cuello. Sencilla, pero tiene algo. Abrochada con botones de nácar que parten el busto y lo realza. El cuello largo, eterno, anunciando su cara, y en ella los ojos, marrones, que te miran a escondidas, ruborizada. Senos pequeños. Redondeados por el efecto del sujetador. Hermosos. Las piernas largas y bien formadas, vestidas con unos vaqueros que las ensalzan. La figura perfecta. Un cinturón ancho, de ante marrón, a juego con las botas que calza. Hay armonía. Y la mirada… Me gusta como se muerde, ligeramente, el labio inferior, de vez en cuando, y el cogerse la cola y moverla, cuando la miro, cuando le hablo, y el rubor de sus mejillas y la sonrisa nerviosa, aun cuando no me mira, porque sabe que la estoy mirando. Todo un prodigio. Todo un regalo. Y sin embargo no puedo. Ni quiero. Aprendí a declinar el verbo más bello. Me lo enseñó ella. En otros tiempos. Mi alma no es mudable, ni vendible. Tampoco los sentimientos. No puedo cambiarlos en mes y medio. Qué sabios eran los griegos; no te mataban, te exiliaban. Un mes, un año, tal vez una vida, pero no me vendo, ni mudo, ni miento, ni me miento. Y por ello sólo miro, hablo y sonrío, a esa mirada que me mira, a ese brillo de los ojos de María.
Diego Jurado Lara

sábado, 14 de febrero de 2009

Sembrador negro


Donde todo clavel resuena sarcástico, hallo desgracias. Sobre y debajo de tierras fértiles las revoltosas preferencias acerca de qué germina y qué no, desbaratan los huesos de las ovejas ofrendadas.
Cuando el asombro por detener la siembra de esos animales se reclina para reprocharme ineficaz, doy aguerridos cráneos y falanges para su descomposición terraz. Cada piel juzgada (en mi acervo) como renovante da tanto clamor a los propósitos ¡que desolan nefastos riesgos! Es cuando al sembrar ovejas, cuando por medio de cada una de sus partes la tenacidad de cosecharlas en tropel entusiasma y vitaliza.
Habían dicho que de nada serviría ¡No!, las ovejas se reproducen entre ellas, ¿acaso no lo sabés? Habían dicho que sí, a veces, muy pocas veces, que la tierra devuelve lo que el hombre entrega. En esos momentos cantaba ¡Canta la negra, canta la blanca! ¡Pero calla la oveja cuando se estanca! Cantaba y canto ¿Es que no lo ves?
De eso se trata, de no perderlas. Porque pastor soy, pero uno sin semillas vegetales, sin hoz, sin rastrillo. Uno con bastón de mando aunque nadie me obedezca ¡Y sin embargo aún canto!
Canto cuando las entierro muertas o vivas: cuando las dispongo debajo de este suelo tan caminado sobre esta montaña tan recorrida bajo este cielo tan admirado mientras muertas o vivas cantan que nada sobre eso han visto.
Todas sus voces se unen dentro de la parcela de una realidad tan estremecedora -por ajena- que despunta un sueño plantando claveles afuera de los territorios cantados.
Y en realidad es lo cierto. Si sembrase vegetación en una tierra dada para eso, cosecharía. Pero no lo haré. Ya he lidiado lo suficiente contra cada dicho repetido y repetido con reiteraciones yugulares como para permitírmelo ¡Y canto! Y cantan.
Las ovejas sembradas ya brotan; y cada resolución acerca de en qué convertirse, se resuelve. Las partes se han unido. Veo una cabeza, una pata. Las veo saliendo hasta que se encabritan y cantan susurrosos cantos opacos.
Entonces, ¡canto! Uno mi voz junto a la de ellas. Nada se disipa ni entremete entre nuestra música instrumentada con rebeldía. Es que son ovejas negras las cosechadas. Las reconozco. Ninguna blanca, ninguna. Y creo desde ahora en todo lo que se me había comentado, pero a medias. Creo en que por estar el interior de mi cuerpo oscuro (siendo blanco por fuera), oscuridades sembré. Y por esto, sólo por esto la coloración de cuanto he dado hacia las profundidades de la tierra fue devuelto con los mismos rasgos.
Entonces, ¡canto! Nada me pulveriza, solo cargo un cuerpo para ser enterrado. Cavo, cavo y me sumerjo bajo cada oveja que jamás ha obedecido. Por su rebeldía, quizás; por ser yo un negro pastor no apto para guiar, seguro.
Y ya por la incapacidad de no poder conducirlas, oigo un canto demasiado explícito, bastante acertado ¡Pastor que sin ovejas va! ¡Pastor que no lo es por oscuro! ¡Pastor negro, más negro que toda oveja, va!
Entonces, ¡canto! Uno mi voz mientras mi cuerpo se derrama entre la generosa tierra para infertilizarla. Y siempre que contamine cada territorio, suelo de las ovejas cantando, oveja negra seré que va sabiéndose callada por razones de blancas apariencias.


viernes, 13 de febrero de 2009

Los dos "yo"



Todos tenemos dos formas de funcionar frente a nosotros mismos. Una de ellas consiste en vivir nuestras vidas dejándonos llevar por las sensaciones, percepciones, situaciones en general tanto externas como internas sin una verdadera concientización de lo que nos sucede y de nuestra continua y cambiante posición frente al entorno. Vivimos la vida sin darnos demasiada cuenta de que lo hacemos. Si no tuviéramos reparo en exagerar quizás un poco y sin ninguna intención de insultarnos a nosotros mismos, podríamos decir que ésta es una forma similar y propia de todos los animales. Pero en ellos es la única posible y permanece así durante todas sus vidas. No existe en ellos una verdadera conciencia del ser.

La otra forma consiste en una especie de desdoblamiento que realizamos de nosotros mismos y que nos permite vernos desde otra perspectiva como si estuviésemos pudiendo como seres cognitivos abandonar por momentos nuestros cuerpos y observarnos a nosotros mismos viviendo.

Existe una tercera forma que en realidad no lo es tanto puesto que proviene de una amalgama entre las dos anteriores. Consiste en que aunque la persona, como todo individuo que está en su sano juicio, tiene conciencia de su ser, muy pocas veces lo tiene presente. Esto no es bueno porque saber y no saber que se sabe produce en nuestras vidas el conocido deambular sin control en absoluto. Nuestras vidas transcurren llevándonos con ellas como objetos. Así es como padecemos nuestras tristezas, desavenencias e incluso nuestras alegrías ya que no alcanzamos a conocer sus verdaderos orígenes y significado. La vida se torna así en una carga en vez de llevarnos ella a nosotros a cuestas aliviándonos el difícil ejercicio de vivir.

Por último están los individuos reflexivos, aquellos que todo lo desmenuzan, lo analizan. Virtuosos de la introspección intentan indagar en los misterios de la existencia humana y de la vida en general por medio del constante asedio con autopreguntas de difícil respuesta pero que los mantienen entretenidos. Aunque pocas veces logran advertir que el proceso de aprender, en estos casos se logra con la práctica y no les ayudará de mucho tragarse toda la bibliografía existente. Se hace necesario penetrar muy dentro nuestro para ir en busca de la verdad. Si logramos esto en el ejercicio de una constante práctica llegaremos a ella sin duda puesto que seremos nosotros mismos sus creadores. No habrá posibilidad de equivocarnos. Ello redundará en procurarnos una calidad de vida que aún pocos individuos saben que exista. Irradiaremos un entorno inimaginable. Y finalmente lograremos llegar al paraíso que hace tanto tiempo nos dicen que hemos perdido.

 

Rudy Spillman

LIBRO ABIERTO

miércoles, 11 de febrero de 2009

¿Quién quiere apretar el botón?



Hace apenas unos días me suscribí como lo hicieron miles de personas al MANIFIESTO POR LA SOLIDARIDAD publicado por Cornelivs en el blog EL DIARIO DE CORNELIVS. Todos nos hemos hecho eco de sus fuertes denuncias más actuales que nunca en un momento en que la triste realidad vivida por más de las dos terceras partes de la humanidad, que quizás hoy ya sean las tres cuartas partes (o las cuatro quintas...), nos deja con un amargo sabor de impotencia frente a un "querer hacer algo" que crece y un "no poder lograr nada" que nos desborda e inmoviliza al extremo de asfixiarnos. Los términos del manifiesto son contundentes. No se trata de una simple declaración de deseos sino de una denuncia que demuestra a que límites de crueldad, hipocresía e inmoralidad ha llegado la sociedad humana.

Al alarmante aumento de la injustificada e injustificable pérdida de vidas, cuya desconsiderada varita mágica toca en su gran mayoría a niños, ancianos, mujeres; y que encuentra su más alta expresión en la desnutrición, las enfermedades, las plagas, la trata de blancas, la prostitución infantil, la proliferación del comercio y tráfico de drogas, las guerras; se agrega hoy el colapso económico mundial, el que por intermedio de la globalización pone en funcionamiento un maravilloso recurso para que todos los pobres del mundo paguen los platos rotos por los pocos ricos del mundo. Como consecuencia, los pobres serán más pobres si es que aún cabe esa posibilidad y los ricos en miles y miles de millones (sin importar de qué moneda) verán quizás reducido su capital a la mitad por lo que deberán enfrentar esta terrible crisis internacional debiendo "ajustarse el cinturón" vendiendo algún automóvil de la docena de ellos aparcados en su deslumbrante mansión y quizás deban vender también alguna de sus tantas empresas o negociar parte del paquete accionario.

Pero en estos mismos tiempos se han implementado los medios económicos y tecnológicos para que un grupo de científicos desarrolle una pintura "paramagnética" que permitirá cambiar el color, por ejemplo de tu automóvil, cuantas veces quieras, con sólo apretar un botón. No se trata ya de agregar beneficios a la mecánica o funcionalidad del vehículo, tampoco de aumentar los sistemas de seguridad, pero sí que su propietario pueda llegar a una reunión de negocios con su Mercedes "Azul" flamante y luego asistir a una barbacoa en el club de amigos con un Mercedes "Verde", tratándose en ambos casos del mismo coche.

Mientras tanto, al mundo le sigue faltando "la rodaja de mortadela" para terminar de hacer el emparedado y poder ofrecérselo a todos los niños que hoy no tienen qué comer. Esto es tan sólo un ejemplo de los innumerables que existen actualmente en la comunidad internacional y que no hacen más que reflejar hacia dónde nos dirigimos mientras las grandes mayorías añoran y bregan por otro camino. Lo que deseo mostrar aquí es el contraste. No tengo nada en contra de los científicos que realizan muy bien su trabajo ni en contra de la ciencia puesta al servicio de los artilugios sofisticados sin otra función que la de estimular nuestras retinas. Lo que intento con este ejemplo es traer la paradoja con un ejemplo detrás del cual existen tantos otros similares y que muestran que no importa cuántas denuncias, reclamos, adhesión de firmas y argumentos ofrezcamos difundiéndolos através de todos los medios de difusión a nuestro alcance, los poderes de decisión no existen para escucharnos.

Enlace al artículo que ofrece la novedad científica sobre la pintura "paramagnética".


Rudy Spillman

LIBRO ABIERTO

Todo tiempo pasado era mejor


Que maldita costumbre tenemos de citar esta frase trillada....Para justificar algo que no nos parece justo, no nos agrada o no entendemos del presente o la actualidad. Así caemos en el "todo tiempo pasado era mejor".
Cómo los saltos evolutivos, por más que no sean de nuestro agrado, no se pueden modificar, ...es una forma de echar culpas al presente, escudándonos en el tiempo pasado. De esta manera no nos sentirnos artífice del cambio o de la necesidad de tomar partido del hoy y por lo tanto en pos del futuro.
Por supuesto que muchos valores del pasado se han perdido, pero también hemos evolucionado mucho. Voy a citar uno de muchos ejemplos, la factoría de animación infantil.
Decimos que los dibujos animados en la actualidad son violentos, pero en el pasado también lo eran, al igual que los juegos (en su mayoría bélicos para los varones) y maternales para las niñas.
La imaginación y los límites en la educación quedaban reducidos a la frase: va a venir el lobo si te portas mal. Un error horror subsanado, aunque los límites "hoy" se deben replantear, porque son necesarios para aprender a ser. El no sin justificación aparente no reporta aprendizaje, el dejar hacer es peor aún.

La diferencia es que en la actualidad tenemos la posibilidad de elección en todos los sentidos, al igual que acceso a la información para modificar errores transmitidos de generación en generación...Entre otros para construir una maternidad-paternidad responsable, participativa, sin culpas y frustraciones que transmitimos a nuestros hijos. La maternidad-paternidad toma otras dimensiones.

Gracias a los DVD, Intenet y canales contratados o eliminados de nuestro sistema de televisión terrestre o por cable podemos elegir lo que deseamos que nuestros hijos vean.
Se podrían rescatar elementos positivos del pasado como los cuenta cuentos por radio, pero recursos en la actualidad no nos faltan....y el ocio infantil está muy contemplado por padres, educadores y comunidad. No es nada difícil encontrar espacios recreativos y lúdicos para los niños. Otra justificación del pasado, es que cuando niños podíamos jugar en la calle, pero aunque no existieran los pederastas (mal conocido en todos los tiempos, pero sin calificativo en el pasado), tampoco el parque automotor era tan amplio, ni el tránsito vehicular tan acusado.
Pero aunque viviéramos en un pueblo de 100 habitantes y 4 coches, les aseguro que nuestros hijos serían supervisados por los padres. No por convertir a nuestros bástagos en niños sobre protegidos y débiles, sino porque hoy la responsabilidad de la paternidad es más participativa. A pesar de la madre trabajadora y la figura de los abuelos educadores.
En la actualidad, las madres de niñas sabemos las estereotipias que causan las barbys o las más modernas Bratts, al igual que los juguetes armamentísticos para los varones.....también reconocemos que muchos cuentos infantiles de nuestra infancia, estereotipan a la mujer y a su máximo logro de género: encontrar al príncipe azul de los cuentos.

Muchas veces me han enviado mails melancólicos recordando sucesos de nuestra infancia, en los que dejaban un "mensaje de trasfondo" errado. No éramos más sanos o fuertes porque no usábamos cascos para la bici, porque nos dejaban trepar a los árboles sin control alguno, porque hacíamos una pelota de trapo o no respetábamos a los animales y el medio. Los tiempos han cambiado, si no queremos niños obesos frente a la tele o la consola.....podemos dar opciones recreativas y creativas en donde participar de la educación de nuestros futuros hombres y mujeres......Trepar a los árboles, remontar un cometa y andar en bici.....también podemos hacerlo con nuestros hijos.
En el pasado se cometieron muchos errores, algunos de ellos por la falta de participación en la educación lúdica de nuestros hijos y por falta de educación de los padres en cuanto a psicopedagogía, hasta en temas de alimentación y salud. Debíamos ser "creativos" para divertirnos, porque no EXISTÍAN LOS RECURSOS, ni se tenía en cuenta la magnitud y la importancia de la educación como se tiene en la actualidad. No existían la gama de actividades, ni tampoco la cantidad de herramientas de animación.
Antes de decir "todo tiempo pasado era mejor", revisemos el qué y el cómo podemos rescatar lo positivo e incluirlo en el presente, con sus lógicos cambios evolutivos sociales, tecnológicos y humanos.