Escritores Club forma parte del portal de literatura Escritores Libres y pretende convertirse en una propuesta cultural innovadora, capaz de ofrecer al lector la oportunidad única de conocer sus autores favoritos y dialogar con ellos directamente, sin intermediarios. Hemos reunido los mejores escritores independientes del panorama literario actual, dispuestos a ofrecernos su talento y sus valoraciones, no sólo sobre sus obras, sino sobre la literatura en general y el mundo que la rodea.

Esperamos que encontréis aquí respuestas a algunas de vuestras inquietudes y también un momento de esparcimiento, acompañados de la mejor literatura.

sábado, 31 de octubre de 2009

La falta de humanidad con los animales



Me ha conmovido la estúpida y cruel forma de divertirse de unos chavales. Los quintos de Torreorgaz matan a una burra a patadas y con un palo en el recto.

Dudo que pueda existir circunstancia alguna atenuante para justificar una barbaridad así, pero al menos me gustaría entenderlo porque la crueldad con los animales es algo que me causa no solo tristeza sino perplejidad.

Me encantan los animales y para mí son como los hermanitos pequeños del ser humano.

No entiendo que alguien sea capaz de divertirse causando dolor y sufrimiento a un bendito animal como es el burro.

¿Acaso hay dos tipos de crueldad una para personas y otra para los animales? Yo creo que no. Crueldad solo hay una, y una persona cruel tiene más de bestia que de humano.

Me gustaría saber que clase de educación han recibido esos chavales. ¿Recibieron malos tratos físicos o verbales? ¿Tuvieron una infancia difícil? ¿Leyeron a Juan Ramón Jimenez? Bueno aunque solo sean una pocas líneas quiero dejarlas aquí a modo de protesta por lo sucedido a ese santo animal que es el burro.

(Del primer capítulo de 'Platero y yo' de Juan Ramón Jiménez)

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...

Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel...

viernes, 30 de octubre de 2009

Ninguna de sus partes



“Plano y volumen”.


Renuncias por síntomas absolutos intensifican sus saturaciones. Por haber existido el blanco, cuando el negro asimismo eclipsaba siempre tinturas de su espacio. Por ser opaco y brilloso, claroscuro determinante rotundamente en sí: en todo.
Clama por dimensiones mientras por delante un disco lo descubre solitario. Es un plano filoso, corpóreo. Es una silueta definida, convincente; aunque relativa frente a la composición que lo instituye siendo absoluto, como hecho aislado hasta este momento indetenible. Y no por sus ansias de retrocederlo, de hacerlo desaparecer, no; en cambio, porque ese momento debía suceder. Y debe reconocerse auténticamente, como establecido según reglamentaciones que régimenes de otra región, de otros órdenes han determinado. Sin embargo lo observa juiciosamente: un disco nunca ha devenido, jamás ha sido por él visto. Y ve en éste, analiza sus módulos, ve y consuela la aparición hasta convencerse e intenta comprender sus propósitos.
No es que alguna de sus partes -la blanca, la negra-; no es por esta cualidad que teme o le aberra este surgimiento, porque nada ha hecho aún. Siempre él será saturado tinte extrapolar, desde un extremo hasta otro. Desde uno hasta otro y sin matices. Seguirá siendo saturación convencida mientras rocía los ámbitos ante ese disco surgido.
Se restriega desde diversos ángulos. Varía de posiciones, cambia de aspecto hasta definirse inmóvil y monótono. Pero: es ágil, es fluctuante y modificable: plato horadado desplazándose desde un límite hasta otro: desde claros hasta oscuros.
Mientras los deslices encaminan movimientos; mientras que sus apariencias se relamen ante la inocente atención del renunciante (por existir aisladamente, por desconocerse compartido), no había sabido acerca de una esfera detrás.
Ahí había estado, desde siempre –aparentemente-. Había aguardado oculta, apenas perceptiblemente.
A diferencia del plano, aunque éste posea cierto volumen, ésta contiene mayor dimensionalidad, mayor cuerpo mayor espacio: uno en sí, adentro suyo. Y quizás aquel disco le sirva a la esfera para complementarse, para dilucidar cuanta magia contenga un ofrecimiento sobre zonas donde él sólo había podido ofrecer saturaciones.
Renunciando a ser, a conjugarse con esas partes ya existentes y sabidas, no podría comprenderlas. No podría ni asociarse ni entenderse. Su ensimismamiento, pese a las rigurosidades de vanas indiferencias, lo conducirían hasta renunciar de su realidad. De su realismo circunrodeante, de ese ambiente dado y locuazmente determinado por razones que desconoce y desespera conocer; por esas sentencias acerca de que así debería acontecer y librarse un axioma destinado.
Ninguna de sus partes, ese plano y volumen, ese disco y esfera, se encuentran. Se enfrentan calmamente hasta compartirse y unirse, hasta fundirse y funcionar como mecanismo electrificante. Se asimilan, se superponen: vacía la esfera colores primarios mientras el disco sus secundarios en derredor de él, blanco y negro, como paleta siendo elemento para colores de algún mundo pictórico.
Se conoce, entonces, la soledad del saturismo claroscuro hasta que mediado por vitaleza coloral puede reduplicar componentes. Las especies, los sentires: objetos y abstracciones cuando de por medio un nexo común hay.
Se reconoce, desde ahora, la posibilidad infinita para duplicar las euforias, desencantos o benemeritudes. Ese mundo que sabe existiendo, pero antes impedido para retribuirlo.
Y deja ya su renuncia; renunciando a su propia aislación para deificarse coloríficamente.
Y se libra en dimensiones siempre coexistiendo; aunque jamás imaginadas para poder compartirlas cuando los hombres lo han ignorado y hasta creído inalcanzable. Cuando no son ellos sino él quien desobedece para obedecer permitiéndose libre en sus manos adentro de cuevas saturadas con introspecciones.

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miércoles, 28 de octubre de 2009

Sonrisa

Me deshace esa sonrisa que desgrana despertares. Ojos que iluminan. Caricias de seda en un alma tan pequeña, que cabe en ese cuerpo apenas despuntado. Hay agua que derrama, en cascadas de alegrías, entre el verde y el azul. Agua de cristal eterna que suena delicada cuando a mí se acerca.

Quiero vivir despacio este tiempo de trigales y amapolas. Quiero sentirla dentro, traspasando.

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viernes, 23 de octubre de 2009

Brazo de manos dedo



Con ese brazo convertía desenlaces singulares. Conducía su volumen hacia contiguos miembros en encadenamiento progresivo. Hasta la pluralidad de partes unidas cuando al desarrollarse evolucionaba el organismo marchante linealmente; hacia la soledad de encuentros, o hasta la vacuidad de universales particularidades compuestas una por una, compartidas. Desde un desesperante inicio aceleraba su continuidad yéndose libremente mediante movimiento lento, y nunca tardío, hasta hallar otra conclusión iniciándose seguidamente.


Con esas manos construye la progresión perpetua hasta presagiar un término. Van, dirigen; avanzan hacia una consecución desplazativa acelerándose medianamente entre rudimentos fingidos por desapercibidos; por detestar una culminación: ansiar derramamientos orgánicos en continuidades, y según deslizamientos reiterados hasta mayores ornamentos anquilosados sobre sí. Desde sí para sí. Desde aquel brazo que sigue estando resguardando una espera para el conocer de la singularidad augurada en los inicios, y hasta una finalidad desesperantemente desconocida. Aunque avancen.

Con ese dedo dependerá la mancomunidad repetitiva en la construcción que será realidad. Que será un brazo de manos cuyo único dedo quedará convicto. Quedará unido junto al entero organismo. Quedará vinculado; quedándose recopilado siempre, siempre indicando hacia atrás los recuerdos de un futuro régimen organizativo. Y hacia delante la posesión de qué habrá por palpar tras lo erecto como movilidad progresiva realmente en fin indicativo.

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lunes, 19 de octubre de 2009

Y en la penumbra...

Y en la penumbra de las horas, cuando apenas acierto a atisbar tu presencia, es cuando te siento, y me pierdo. Ahí, donde el sueño se intuye como eterno, como aquello que se lleva prendido en el interior del alma. Te veo. Te miro. Te siento. Y un desmayo inunda mi aliento y sabes, pero… Ahí es cuando estoy dentro, y es entonces cuando destierro todos los fantasmas del ayer, y vivo. Ahí, en los grises, donde sólo tú eres el color, es donde voy siempre que puedo. Donde navego en bajeles de seda por tu aliento impulsados, que respiro, y soy, entonces, alguien. Yo. Tú. El verbo. Y mi vida no son sino cascadas de terciopelo desparramadas en la hierba, de rojo intenso, que imitase a miradas derretidas de deseo. Y la vida es entonces la vida. La vida, ese velo bajo el cual yazgo cuando la penumbra me aquieta. Ahí es donde voy, buscando. Ahí donde tú estás. Ahí, donde, solo, puedo…
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viernes, 16 de octubre de 2009

Mención de honor para "Viaje fantástico al bosque encantado"



Tengo el placer de compartir con todos ustedes la noticia recibida desde Junin, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina, haciéndome saber que el cuento "Viaje fantástico al bosque encantado" incluido en mi último libro publicado: "MediMente – Meditación para principiantes" ha sido distinguido con MENCIÓN DE HONOR en el OCTAVO CERTAMEN NACIONAL Y TERCERO INTERNACIONAL DE CUENTO Y POESÍA JUNINPAIS2009 en el género CUENTO.

MediMente – Meditación para principiantes: DESCARGA GRATUITA DEL LIBRO

Viaje fantástico al bosque encantado


Luego de mis tareas diarias vuelvo a casa. Cansado pero bien. Satisfecho y con deseos de prepararme algo para comer y descansar. Hogar dulce hogar. Aquí estoy frente a la puerta de mi casa. Lo único que me queda por hacer es introducir la llave en la cerradura y girar. La introduzco en el tambor pero la llave no gira. A medida que los segundos transcurren mi impaciencia aumenta. Entonces fuerzo un poco el giro de la misma pero cuidando que la llave no se quiebre dentro. Y hago lo que mucha gente hace en similares circunstancias. Intento girarla hacia el lado contrario. La puerta siempre se ha abierto empujando hacia adentro, sin embargo lo intento también hacia afuera. Soy presa de un ataque de irracionalidad. A veces, cuando se nos presentan situaciones que nos parecen ilógicas respondemos también sin lógica. Como si la falta de lógica exterior sumada a la interior pudieran dar como resultado algo racional o el arreglo de tal situación. Dejo la llave dentro de su cerradura porque tarde o temprano deberá abrirla. No estoy eligiendo llaves al azar para descubrir si tengo suerte. Hace años que esta llave abre la misma puerta. Una pertenece a la otra y juntas me permitirán finalmente ingresar a mi casa. Me separo de la puerta, tomo distancia, miro a mi alrededor observando cada detalle. No vaya a ser que me he equivocado de edificio. O de barrio, de ciudad. Quizás me equivoqué de mundo y para que mi llave funcione debo regresar al mundo en que las cosas son siempre igual. Las mismas llaves abren siempre las mismas puertas. Observo nuevamente la puerta de ingreso a mi casa, la llave dentro de su cerradura. Me digo a mí mismo: "Ésta ha sido siempre la puerta de entrada a mi casa..." Y me quedo pensando: "¿Podría ser acaso que en algún momento dejara de serlo?" Y arremeto contra la puerta en un nuevo intento por abrirla.
Dicen que "la tercera es la vencida" y debe ser verdad, en cierto modo, pues al tercer nuevo intento la llave se parte en dos. Una parte queda dentro de la cerradura y la otra en mi mano. Decepcionado y habiendo perdido un poco los estribos, situación que rechazo sobremanera debido a que muestra mi falta de control y mi necesidad de poseerlo, doy un fuerte puntapié a la puerta con mi pierna derecha. Al seco ruido provocado por mi patada se le agrega el largo rechinar de bisagras herrumbradas. La puerta se abre apenas un muy corto tramo. Mirando la parte inferior de la misma puedo observar lo que la ha frenado en su apertura. Ahí veo asomarse restos de tierra, pastos, yuyos, raíces, plantas. Ya no está el hermoso y brillante piso de mármol que lucía hasta hace un rato en la entrada a mi casa.
Guardo el inservible trozo de llave en mi bolsillo y me lanzo sobre la indefensa puerta como si ésta fuera la causante de todos mis males. Sabiendo que ya no se trata de cerraduras y llaves, la empujo con todas mis fuerzas aplastando a mis pies algunos yuyos, exprimiendo la clorofila de vivas y verdes plantas, levantando el polvo de la tierra caliente. La puerta cede algo más dejando el espacio necesario para introducirme. Lo hago, y veo salir volando una mariposa de mi casa. Pero ahora que estoy nuevamente dentro puedo saber que mi hogar dulce hogar ya no está. Que la mariposa apareció de un bosque que pareciera estar encantado... y que dudo mucho que pueda adaptarse al lugar adonde voló.
Una fuerte ráfaga de pesado viento cargado de tierra y hojas me golpea derribándome. Cierro mis lastimados ojos y escucho junto con el del viento el sonido de un fuerte portazo a mis espaldas. Y seguido el débil rugir de una fiera. ¡No puede ser! ¡Esto es demasiado! Abro mis ojos todavía irritados y veo avanzando hacia mí un portentoso león... caminando pero siempre en mi dirección. Se encuentra a unos veinte metros de distancia. Giro instantáneamente mi cabeza hacia atrás en busca de la puerta. Pero ya no está. Todo es bosque. Un hermoso bosque encantado, lleno de marrón, dorado y verde. Un lugar donde los rayos del sol parecen danzar con la tupida vegetación. Pero el rugido de la fiera y su lento avance hacia mí me dice que puede que todo no sea tan hermoso como parece. Al menos no para mí. La verdad es que no sé qué hacer. Escapar corriendo de semejante amenaza sería tan ridículo como haber intentado abrir la puerta girando la llave en sentido contrario. Hoy parece ser mi "día de los ilógicos". Me levanto y camino en dirección al león mientras él no deja de avanzar hacia mí. Vuelve a rugir más fuerte. Ya está muy cerca. Me mira y acelera el paso ¿Qué será de mí? ¿Qué será de la mariposa... ya del otro lado? ¿Estará ella más segura que yo? Entonces comprendo que la seguridad nos la brindamos nosotros mismos y nuestra forma de encarar cada situación en la vida. Y no tanto las situaciones o los lugares en los que nos encontremos. ¡Pero el animal cojea! Me acerco a él sin temor. Apenas unos metros nos separan. Cuando observa que me acerco amigablemente se detiene. Su pata trasera derecha sangra y lleva adosada un aparato que parece ser metálico. Vuelve a rugir. Ahora mis oídos identifican el gemido de dolor. Cuando no sabemos interpretar bien una situación debemos esperar hasta poder recabar más datos. Deseo mucho poder ayudar a esta fiera que sufre. Acaricio su melenuda cabeza, irresponsablemente, sin tomar en cuenta que pueda ser la última vez que vea mi mano. O que vea. Pero la bestia se recuesta sobre uno de sus costados y empieza a lamer su herida. Con suavidad, sin prisas, me siento al lado de su trasero, bastante alejado de su cabeza, considerando que se trata de un animal enorme de unos cuatrocientos kilos de peso. Acaricio una zona más elevada de la misma pata pero que no se encuentra herida. Pienso que en la vida a veces se hace necesario mostrar nuestras intenciones además de tenerlas, para evitar molestas confusiones. Con un poco de esfuerzo levanto su pata herida y muevo apenas el extraño aparato, que parece una trampa. El león emite un estruendoso rugido de dolor e inclina su enorme cabeza hasta mí. El hálito de sus fauces me envuelve mientras comienza a lamer su herida y parte de mi mano que sostiene su pata. Luego me echa una mirada y continúa lamiendo sólo mi mano y parte de mi brazo. Me concentro en el aparato. Son como dos mandíbulas metálicas con afilados dientes cada una. Gran parte de ellos clavados en la pata del animal. Las mandíbulas están unidas por un perno largo. En uno de sus lados alcanzo a ver una pequeña abertura con cierta profundidad. El animal ahora me huele. Huele mi piel transpirada. Sólo espero que mi olor no despierte su apetito.
Me desconecto por un segundo de tan delicada situación y observo a mi alrededor. Todo es silencio y quietud. Nada se mueve. Un hermoso bosque que en este preciso momento más parece una pintura que naturaleza y realidad. ¿Estará todo en esta dimensión atento a lo que sucede? La fiera me mira y espera. Sin pensarlo dos veces, me decido y acerco ambas manos al extraño aparato. Con todas mis fuerzas intento abrirlo, separar sus metálicos dientes clavados sobre la pata del animal. Las fauces de la bestia se abren mostrando su interior del que sale un rugido paralizante. Sólo veo el tamaño de sus colmillos y decido renunciar a mi intento. Quedo mirando el artilugio. El depredador ha cerrado sus fauces. Yo continúo mirando las mandíbulas metálicas mientras siento su áspera y larga lengua recorrer mi mano y parte de mi brazo. Mi vista queda fija en el costado del aparato, donde el perno une las dentadas mandíbulas. Vuelvo a observar esa pequeña abertura, extraña hendidura en el metal. El animal ahora me mira, sólo me mira y espera.
Sin quitar mi vista del ombligo metálico, meto mi mano en el bolsillo y extraigo la parte de la llave de la puerta de mi casa que me ha quedado. Casi sin pensar la introduzco en la ranura y giro. El artilugio cede en su presión, se desarma. Intento quitar los dientes metálicos de dentro de la carne del león pero su rugir me advierte que no prosiga. Me detengo de inmediato. Observo con qué facilidad y destreza el animal se deshace del artilugio y comienza nuevamente a lamer su herida, ya libre otra vez.
Lamidos de curación y lamidos de amor se suceden, unos a otros. Los primeros sobre la pata herida, los segundos sobre mi mano, mi brazo, mi cara. Pienso: "Cuánta más verdadera comunicación puede haber sin palabras". Escucho trinar de pájaros, mezclados sonidos de todas las especies animales. Una cómoda brisa viene a avisarme que todo está bien. Vuelvo a mirar a mi alrededor. Encuentro un bosque lleno de vida. La naturaleza se ha compensado a sí misma.
Me incorporo para irme, aunque en realidad no sé adónde. Me encuentro encerrado en mi propia libertad. Pero esto me suena como demasiado mundano, terrenal. Camino... camino... no tengo por ahora otra cosa que hacer, más que caminar. Mi félido amigo aún cojea, pero está a mi lado, no deja de acompañarme. Y mientras camino, pienso: "Cómo es la vida, una situación que debiera ser en extremo peligrosa de pronto se ve convertida en otra de máxima seguridad y protección". ¿Podremos saber con certeza alguna vez lo que nos deparará el instante que llegue luego del que estamos viviendo? Por suerte no.
En un tramo del interminable bosque mi amigo se me adelanta señalándome un inmenso y robusto árbol más grande que una casa. Y se encamina hacia él. Su diámetro debe superar fácilmente los diez metros. A medida que me acerco puedo observar una clásica abertura oval de aquellas que suelen presentar algunos árboles de cierto tamaño. El animal me mira y yo a él. Avanzo acelerando mi paso hacia ese orificio cuya altura supera la mía. Nos miramos nuevamente con mi mascota cuando veo salir un insecto volando de dentro del árbol. ¡Es la misma mariposa! Y ya sin la más mínima duda entro dentro del árbol. Finalmente, he vuelto a casa.

El texto completo del presente "medicuento" ha sido grabado en MP3
y podrá ser escuchado y descargado en el siguiente enlace:
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Ojo de tormentas (3ª y última parte)


Jamás un rencuentro será posible, una ubicación que le dé ojos. Nunca podrá tenerlos porque no los verá ni estos se le acercarán. No los sabrá existiendo aunque los oirá cayendo aunque desconociéndolos. Sabrá sobre tormentas, solamente; tempestades mientras sólo oiga, y crea en una mera casualidad: cuando por abrir párpados tronarán caídas sin agua, y por esto sospechable.
Nunca creerá que habrán ojos para emplearlos para mirar cielos sin nubes tormentando curas para sanarlo. La conexión será hecha, pero no entendida. La resolución existirá; y la donación, asimismo se habrá completado. Pero distante: real aunque alejada como lluvias de ojos cuando siempre son de agua.
No habrá hallazgo. Solamente piezas inconectas en un mundo azaroso por ineficaz; pero mancomunado al oírse y lamentarse dándole lo que pudo; su falta para quien sin ojos sabrá abrir cielos abriendo tormentas abiertas hasta rociarlo.
Abrirá un mundo comprometido cuando nadie lo acompañe por no poder auxiliarlo ni socorrerlo. Los demás podrán ver ojos cayendo, y un hombre con párpados sin ojos. Pero no sabrán su hecho: nexo causal.
Abrirá un abismo que será estropicio por irresoluto, por ineficaz e inservible. Abrirá un cielo fluido con lavas de pupilas quien continuará siendo quieta montaña sin aguas.


viernes, 9 de octubre de 2009

Ojo de tormentas (2ª parte)


Ambos abiertos: un océano de ojos cayendo desde arriba hasta abajo para verlo sin pupilas: un hombre que no podrá ver la rebelión de miradas. Se aquietará cuando intente dilucidar –en vano- las ininterrupciones tempestuosas: tormentas de ojos tronando sin párpados para verlo.
La apertura del cielo dejará parámetros acerca de la inmensidad cuantiosa cayendo desde multitudes para multiplicar ojos sobre su entorno que será un paisaje nunca sabido. Caerá una apertura, un múltiplo infinito de caídas desde un abanico balanceándolo mientras nada sepa ni quepa ante sus percepciones sino ruidos, como si gotas fuesen las ovalidades caídas.
La destitución de nubes despertará ilusiones por un mundo con días con noches siempre presentes, aunque nadie vea allá; mientras solo quede siendo último visionario sin ojos aunque hacedor de esta respuesta, ante órganos que nunca tuvo ni tendrá; aunque estarán a su alrededor disponibles.
Por más que desee recomponerse, no podrá. Por mayores bienes que desee; por más anhelos que ambicione, nunca podrá saber (es ciego) de ojos a su alcance.
Ambos abiertos abrirán mayores cielos decorándolo con cercanías pese a la azarosidad de tormentosos revuelos tronándolo por doquier; mientras en nada pueda sujetarse, en nada asirse ni aprehenzarse: desconocedor de su producto esplendoroso, darse ojos para verse o ver.
Ambas ambiciones, su querer ver aunque ciego y el brinde de ojos, serán irrencontrables cuando una carencia es sólo falta. Cuando una merma es fatalismo, y nunca reemplazable: irremediable.

lunes, 5 de octubre de 2009

Palabras y silencios

Recuerdo, como una sonata plena de armonía, aquellas palabras de tu boca. Hay algo tan suave y delicado en tu mirada cuando me pides con ella que me acerque a ti, y me recibes, después, entre tus brazos, que me hace estremecer. Me haces sentir mujer de una forma tan absoluta como nunca nada ni nadie podrán hacerlo. Ese instante es tan conmovedoramente especial, tienes una sensibilidad tan exquisita e infinita, que me mece y me adormece, que me extasía, que hace que sólo quiera morir ahí, entre tus brazos, en ti, contigo. Es vida lo que me das. Absoluta vida. Auténtica vida. Verdad. Fuera de ella no existe otra. Por eso soy y quiero. Como tú. Contigo. Conmigo. Los dos. La comunión total.
Ahora mi alma hiede a muerte y ausencia, a estercolero pútrido y fangoso. Los aromas de la tristeza son así. Esencia de hiel. La soledad angosta y opresiva de la ausencia. Te carcome el silencio aterrador que te rodea; las espinas de los ojos que miran; las palabras como dardos, dichas y no dichas, pero oídas; los gestos que te ahogan. Rosal marchito en un lodazal. Is there anybody out there? Nadie. ¿Quién fue? ¿Quién fuiste? ¿Y ahora? Nada, porque nunca tuviste. Todo fue, es y será sólo un lamentable silencio, triste. Y mientras te vas suave, de una forma milagrosa, como sólo puede hacerlo la magia del genio, aparece la música eterna, como dice Haler, una música hermosa y terrible, la música del Don Juan, que acompaña la salida del convidado de piedra, retumbando horribles los compases de hielo por la casa espectral, procedentes del otro mundo, de los inmortales. He amado y he sufrido por toda una vida. Nada hay. Nada queda. Nada soy.
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domingo, 4 de octubre de 2009

Expresión de deseo

Cuando muera moriré durmiendo. Pero no moriré "mientras" duermo, que es otra forma de morir. Iré penetrando las profundidades de mi sueño y me alejaré de aquí. El sabor dulce de lo nuevo que existió siempre me separará de las imaginarias imágenes que no vemos, de las situaciones que no vivimos, del verdadero sueño que abandonaremos.
Cuando muera me internaré de a poco en la verdad, se desintegrará mi físico y mis sentidos. Volaré sin alas. No pensaré, seré el pensamiento. Flotaré en la ecuanimidad con placer en el dolor y dolor en lo placentero. Dibujaré mi propia imagen en el Cosmos infinito con la estela de los viajantes permanentes. Seguiré viajando a las profundidades de mi interior hasta llegar al afuera de la inexistencia. Allí donde el prójimo de mí mismo danzará la única melodía existente. Y descansaré... descansaré. Ya sin posibilidad de descubrir nada pues todo estará brindado. Y ya no "seré". Sólo "será". Junto con todos los que dejé. Junto con todos los que me han dejado.

Rudy Spillman
LIBRO ABIERTO

sábado, 3 de octubre de 2009

De película (Relato de ficción)

Un testimonio fugaz de la verdadera historia que yace escondida detrás de algunas personalidades del ambiente público que gozan de prestigio y del respeto de la sociedad.

De película

(Relato de ficción)

Se advierte al lector que ciertos párrafos del siguiente relato pueden herir su susceptibilidad.

A pesar de sus extraños comportamientos en la escuela, Imanol había sabido mostrar aceptables parámetros de normalidad una vez recibido su diploma de bachiller. Conoció a Yoli en la Universidad de Filosofía y Letras donde los únicos exámenes que aprobó fueron los de ingreso. De la misma manera que entró a la casa de altos estudios así salió pero de la mano de su novia, la que sería su esposa a los seis meses de haberse conocido y la que le daría una hermosa hija de nombre Sara a los nueve meses de haber contraído matrimonio. Sara era también el nombre de la madre de Imanol, de misteriosos orígenes judíos y que acababa de fallecer meses antes de nacer su nieta. La madre se había ido sin develar al hijo quién había sido su padre. Asimismo, un velo de misterio y secreta intimidad cubría a los demás familiares del entonces pequeño Imanol, el que debió crecer y vivir acompañado de una progenitora desaprensiva, indiferente, intentando no compartir nunca con el hijo otra cosa que no fuera su vínculo sanguíneo. Ni siquiera pudo saber de niño, qué significaba ese largo número grabado en el brazo de su madre. Sólo de adulto pudo enterarse que dicho tatuaje lo llevaban los que habían pasado parte de sus vidas en los campos de concentración nazis.
El nombre impuesto a su hija, Sara, fue el primer acto de suave y educado despotismo aplicado por Imanol en la relación con Yoli. Ella no sabía que su marido no había tenido nunca amigos. Que en una oportunidad había secuestrado a Yoyo, el gato de la escuela y sin que nadie supiera se lo había llevado a las afueras de la ciudad, donde a un kilómetro se encontraba un lugar al que llamaban "la pandera". Era el basural de toda la ciudad y allí llegaban cantidades de camiones y arrojaban los despojos. Imanol roció a Yoyo con combustible pero haciendo hincapié en empapar con el líquido sólo la mitad trasera de su cuerpo. Le prendió fuego y se quedó mirando, escuchando y llorando, mientras no dejaba de filmar las escenas de terror desde todos los ángulos posibles con su súper-8. Nunca nadie se enteró de lo que había hecho. Tampoco nadie sabía dónde había obtenido la cámara filmadora. Él no tenía dinero suficiente como para adquirir una y su madre no se la había comprado. Pero Imanol no era un joven de mentira fácil ni de estar inventando historias. Las personas que deseaban saber cómo la había obtenido sencillamente se quedaban con las ganas de saberlo.
Al sótano de la casa sólo tenía acceso él, situación que no le presentaba problemas debido al desinterés mostrado por la madre para visitar aquel inhóspito lugar. Allí el joven y extraño Imanol juntaba todo tipo de insectos e incluso algunas ratas. Solía clavarlos por las extremidades o distintas partes del cuerpo en una pizarra, estando aún vivos y aplicar en ellos todo tipo de experimentos mientras los filmaba con su cámara y lloraba.
Estando solo en casa y luego de largos años de permanente actividad, se inició un incendio en el sótano que acabó con todo. Debido a que éste no ocasionó daño alguno a personas y fue sofocado por el mismo Imanol con el extinguidor que la madre tenía en la casa, se pudo evitar el registro e inspección ocular del lugar y consecuente análisis de la posible causa que había originado el siniestro. Tampoco existía una póliza de seguro que obligara a llevar a cabo dichos requisitos. Con aquel incendio se acabaron para siempre las macabras actividades del muchacho. Nadie nunca supo que el fuego había sido provocado de manera intencional y que Imanol había sido su protagonista. También había sido filmado por él.
Parecía empezar una nueva etapa para el joven que vio de a poco volcar todas sus aptitudes e inquietudes en la filmación. Consiguió trabajo en una casa de fotografía y revelado mientras terminaba su último año en la escuela. Luego continuó trabajando y utilizando sus ingresos para el desarrollo de su apasionante profesión. Se inscribió en la universidad para recibir un considerable importe de dinero que la madre tenía depositado para él cuando cumpliera su mayoría de edad y con la condición de que continuara estudiando. Pero el único título con el que supo obsequiar a la madre fue el de esposo y luego de fallecida ésta, el de padre.
Pasaron años en la mediocridad de la nueva familia hasta que a Imanol se le presentó la oportunidad de viajar a E.U.A. a estudiar dirección cinematográfica al mejor nivel. El proyecto era ambicioso y costoso pero él tenía ahorrado suficiente dinero y estaba dispuesto a todo para cumplir su sueño. Su relación con Yoli y su hijita Sara era tan distante y ausente de afecto que no tuvo necesidad de tratar el tema con ellas. Sólo se remitió a avisarle a su mujer para que le preparara una valija mediana con ropa, a la que agregó sus pertenencias personales. La pequeña Sarita se enteró sobre el viaje del padre al escucharlo dar la noticia a la madre. El día de la despedida llegó sin que nadie supiera cuando regresaría. Un beso en las mejillas de cada una de sus mujeres y una complaciente sonrisa era todo lo que Imanol tenía para ofrecerles. Una extraña mirada de adormilado afecto se dibujaba en madre e hija. La imagen del avión internándose en el cielo produjo relajación en el rostro de Yoli. La liberación de una extraña autoridad en la atmósfera y del alejamiento de posibles peligros la relajaron aún más. Pero en el fondo sabía que lo amaba y lo echaría de menos.
Habían transcurrido largos meses de intensa labor para Imanol. Estaba contento con todo lo que había logrado aprender pero el dinero se le acababa. A su mujer le enviaba estrictamente el dinero necesario sin lujos para ella ni para la hija. En vano buscó una salida laboral en los Estados Unidos donde el mercado se encontraba saturado de personas muy capaces en la profesión y a pesar de que Imanol se manejaba bastante bien con el idioma inglés. Derrotado pero sin perder las esperanzas volvió a su país, su hogar, sus mujeres. El reencuentro fue fugaz por parte de él, como si se estuviese yendo en vez de llegar. Yoli lo encontró más extraño que nunca. La pequeña Sarita lo miraba con insistencia, buscando perpleja al padre en aquel hombre. Ambas encontraron sólo un parecido físico con el individuo que hacía un año las había abandonado. Lo único que les había permitido identificarlo.
Con el paso de los días Yoli pudo comprobar que su marido había regresado más cambiado que nunca. Aunque le tomó muy poco tiempo luego de contraer matrimonio descubrir un ser muy extraño en él pero nunca había llegado a los extremos de comportamiento con los que su pobre mujer debió lidiar luego. Vivía entre atemorizada y sorprendida debiendo también calmar los nervios y la ansiedad de la pequeña Sarita. Hasta que sucedió lo peor. Lo que nunca Yoli hubiese podido imaginar. Hacía al menos una semana que Imanol llegaba a la casa a altas horas de la noche, casi al amanecer. Encontraba como era de suponer, a su mujer e hija durmiendo y exigía se lo dejara dormir hasta las 6 de la tarde. No era ésta su costumbre. Pero así lo había decidido él, y así se hacía. Esa tarde Yoli llegó a la casa con la hija, a la que había ido a recoger a la escuela. Ambas se habían descalzado según estrictas instrucciones de Imanol para evitar que el menor ruido lo despertara. Yoli hizo señas a su hija para que en silencio se dirigiera a su habitación. Continuó sigilosa encaminándose a la suya. Luego de corroborar que su marido dormía se iría a recostar en el sofá del living. La comida ya estaba preparada para cuando Imanol despertara. Yoli llegó en puntas de pie hasta la entrada del dormitorio y se asomó por el marco de la puerta. Horrorizada se tomó la cabeza. Su llanto y sus gritos se mezclaban en un tétrico sonido. A pasos cortos entró, se detuvo, quiso salir pero no pudo. Su brote de histeria estaba cercano al desvanecimiento. Atrajo a Sarita, la que llorando y sin saber aún porqué lo hacía se dirigió corriendo hacia la madre. Pero no se atrevió a entrar. Sólo espiaba desde el borde del marco de la puerta mientras lloraba. Yoli yacía descompuesta, tirada sobre una silla y mirando a su marido cuando podía. Su rostro rojo, desencajado, empapado en sudor y lágrimas. Mientras tanto el timbre de la casa sonaba con insistencia. Los vecinos del edificio se habían agolpado en la entrada al apartamento. Imanol yacía recostado en la cama sobre un almohadón. Parecía dormido salvo por el orificio de bala en su frente y una mancha de sangre en el pijamas a la altura del corazón.
De pronto y en medio de la trágica escena Yoli vio a su marido moverse. Imanol abrió sus ojos y sonriendo se incorporó. Sin decir palabra la abrazó, besó su frente mojada y mirándola con cariño le señaló un ángulo cercano al cielorraso en un rincón de la habitación. Yoli pudo observar una cámara que los filmaba. Empezó a temblar de manera incontenible entre los brazos de aquel hombre. Imanol besó sus desgarbados cabellos mientras la liberaba y le decía, mirando también a Sarita que no dejaba de llorar: "Al menos hemos comprobado que me quieren... ¡Hay amor en esta familia!". Apretó el botón "stop" de su cámara y saliendo ya del triste escenario se dirigió nuevamente a su mujer: "¡No aguanto más este timbre! Cariño, sal y diles que no ha pasado nada", y se dirigió al baño a remover el maquillaje de sus supuestas heridas mortales.
Unos meses después Imanol recibió una misiva de los estudios "Dreaming Stories", en Hollywood, E.U.A. Viajó de inmediato. Una semana antes, en la madrugada, cuando él ya no acostumbraba pernoctar en la casa se desató un misterioso incendio en la misma mientras Yoli y Sarita dormían. El insomnio de un vecino y su buen olfato permitió avisar a tiempo al Cuerpo de Bomberos. Así pudieron madre e hija salvar sus vidas aunque las manchas y cicatrices en sus cuerpos marcarían de por vida la magnitud de la tragedia. Pero no hay mal que dure cien años. Fuertes vientos de cambio llegaron a sus vidas. Pasaron los años y nada supieron de Imanol. Yoli encontró en David a su nueva pareja y padrastro ideal para Sarita. Una nueva familia renació de las cenizas.
Una noche se encontraban los tres reunidos observando el espectáculo anual de entrega de los premios Oscar. El anfitrión anunciaba al ganador como mejor director: "...And the Oscar goes to...". Yoli atinó a activar el control remoto apagando el televisor. Aunque nunca supo si Sarita llegó a reconocer la figura del padre recogiendo el premio. En aquel momento David propuso salir los tres a cenar fuera.


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Rudy Spillman

viernes, 2 de octubre de 2009

Ojo de tormentas (1ª parte)



Sabrán de quien como montaña sin ver abrirá tempestades. Furias inclementes de caídas inusuales, lluvias de miradas con gotas ovales. Lo supondrán calamitoso y sin vista, e inactivo por pasividad móvil. Las sospechas mermarán sentencias acerca de quién será consumándolo ajeno.
Abrirá, cerrará; sus visiones despertarán huérfanos desde tumbas con padres, y una molicie despótica resultará inadecuada mientras sobre él se incline. Sin cerramientos parpádicos; con plegarias frenéticas con euforismos coléricos, sin cerrar ojos abrirá uno por vez. De a uno –únicamente-; solamente sólo abriéndolo mientras cierre el otro, cesarán sus conocimientos lo hasta allá conocido.
Se deshacerán dudas cuando adelante suyo lo comprendan irreversible, sin vuelta sobre sí ni retroceso posible. Se revelará una condición tremenda por haber pronunciado mediante sílabas, oraciones compuestas entre cejas y sin luto, por inmerecerlo.
Las vistas recaerán cuando abra, cuando eleve, al ver ese entorno siempre imperceptible por padecer ceguera; aunque rengue su imprudencia ocultándole imágenes de un futuro enarbolado sobre presagios. La visión, la plenitud, hará desmanes jamás comprendidos aunque dentro de una fatalidad mítica sean probables. La vista, su vista hará. Hará lo suspenso hasta ese entonces, mientras se descompongan realidades comunes allá desde este acá entendido por mí, por nosotros.
Abrirá un denuedo sin réplicas ni contrandanzas, sin resquicio, sin temor. Abriendo solamente un párpado a la vez sabrá que al abrir ambos caerá el resultado.




jueves, 1 de octubre de 2009

Guantánamo Bay Resort


La calidez del caribe acariciará tu piel.

¡Ideal familias!

Un resort con todas las instalaciones que puedas imaginar para que tú y los tuyos paséis una estancia inolvidable:

  • -Charca de chapoteo para los más pequeños
  • -Espectáculos de música y luz
  • -En primera línea de playa
  • -Instalaciones con seguridad nivel 1

¿Vas a dejar pasar esta oportunidad? Diviértete con los peques en un entorno incomparable

Web ficticia con paquetes vacacionales, alquiler de tanques. Creado por marcha mundial por la paz y la no violencia. Una iniciativa que he recibido y me pareció muy original. Les dejo el link:
http://www.peaceandfly.com/