Escritores Club forma parte del portal de literatura Escritores Libres y pretende convertirse en una propuesta cultural innovadora, capaz de ofrecer al lector la oportunidad única de conocer sus autores favoritos y dialogar con ellos directamente, sin intermediarios. Hemos reunido los mejores escritores independientes del panorama literario actual, dispuestos a ofrecernos su talento y sus valoraciones, no sólo sobre sus obras, sino sobre la literatura en general y el mundo que la rodea.

Esperamos que encontréis aquí respuestas a algunas de vuestras inquietudes y también un momento de esparcimiento, acompañados de la mejor literatura.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Si sólo Superman existiera

¡Qué triste forma de despedir el año! Recrudece la violencia en Medio Oriente. La impotencia me lleva a buscar al niño que en algún rincón de mi ser, aun dormido, permanece. Pero los estallidos de las bombas lo despiertan.

Como niño desearía poder convertirme en este momento en Superman, poner a salvo a niños, mujeres y todos los civiles inocentes, palestinos e israelíes, y de inmediato volar a castigar a los culpables. Pero ¿quienes son los culpables?

La historia nos muestra repetidamente que, cada vez que los pueblos son abandonados por sus gobiernos, incluso sin llegar a poner en riesgo sus vidas sino sólo sus economías, dichos pueblos finalmente advierten la traición y destituyen a sus gobiernos de las formas más variadas. Esto lo podemos comprobar revisando apenas nuestra historia de los últimos años. Ocurre incluso en los países más pacíficos. ¿Qué es lo que ocurre entre el pueblo palestino y su gobierno, el Hamas? ¿Cómo puede ser que después de una sucesiva e ininterrumpida demostración de desprotección, abandono y apatía frente a la situación de todo su pueblo por parte del Hamas, los ciudadanos continúen ofreciendo su apoyo incondicional al mismo? ¿Cómo puede ser que continúen sintiéndose tan orgullosos de haberlo elegido democráticamente, mientras ven desintegrarse sus familias y sufriendo estragos por los que la propia comunidad internacional parece preocuparse más que ellos mismos? ¿No hay nadie que les explique que quemando banderas de Israel y echando todas las culpas a un país que se defiende, la situación no encontrará final?

En estos días, después de soportar Israel una constante agresión por parte del Hamas, que ni siquiera fue interrumpida durante el acuerdo pactado con la mediación de Egipto y la exagerada tolerancia por parte de Israel, su gobierno decidió defender a su pueblo. ¿Está muy mal eso? ¿La reacción es desmedida? ¿Quien decide eso? Supongo que si no atacan a Israel, no habrá reacción, ni medida ni desmedida. Entonces ¿en manos de quien está la pelota?

En forma masiva la comunidad internacional apareció condenando las "atrocidades" cometidas por Israel. Se baraja la enorme cantidad de muertos y heridos palestinos frente a la mínima de daños causados a la población en Israel. ¿Es que de eso se trata? ¿De cantidades? Para la persona o el familiar que voló por los aires esa es su estadística, para él o ella es el 100 %, sin importar si se trata de palestino o israelí. Todo su mundo quedó derrumbado y es tan importante como el de los millones que de momento han quedado vivos.

¿Qué es lo que en realidad pretende la comunidad internacional? Qué Israel no reaccione en defensa de su propio pueblo. Sabemos todos lo que esto significaría. Un segundo Holocausto. ¿Alguien se cree con derecho a semejante reclamo? ¿Tienen acaso Israel y su pueblo obligación a dejarse exterminar por segunda vez, en aras de la paz? ¿Necesita Israel ser exterminado por completo para recibir el llanto y apoyo de la comunidad internacional?

Señores, seamos realistas, aunque queden unos pocos israelíes dispuestos a semejante actitud autodestructiva, no es algo que se le pueda reclamar a nadie.

Israel es el fuerte, los palestinos son los débiles. ¿Acaso ello les otorga derecho a asesinar indiscriminadamente a la población civil israelí?

No se puede ayudar a quien no se ayuda a sí mismo. Esto lo sabemos todos. Pero no todos lo sabemos aplicar.

AQUÍ CONDENO TERMINANTEMENTE A TODA LA COMUNIDAD INTERNACIONAL QUE APOYANDO SUPUESTAMENTE AL PUEBLO PALESTINO ESTÁ LLEVÁNDOLO A SU DESTRUCCIÓN TOTAL.

Pensemos por un momento, las autoridades del Hamas reciben através de todos los medios de difusión un apoyo absoluto, irracional e incondicional a sus actividades. ¿Porqué es que la comunidad internacional no se pone de pie y se alza en una sola voz diciendo:

EL HAMAS ES CULPABLE ABSOLUTO DE TODA LA VIOLENCIA EN LA ZONA Y CAUSANTE DEL SUFRIMIENTO DE SU PROPIO PUEBLO?

En vez, todos atacan a Israel, con verdades y también con mentiras, pero detrás de las que se esconde una sola y triste verdad:

ÉSTE NO ES EL CAMINO. SABEMOS QUE NO VA A SUCEDER.


¡¡¡ABRAMOS LOS OJOS Y DEJEMOS DE SER CÓMPLICES DE LAS MASACRES!!!


Pido perdón a mis lectores, por haberme dejado arrastrar a la política por un momento. Pero sentí la necesidad de decir esto, a pesar de hacérseme obvio algo que todos debiéramos ver sin la necesidad de que nadie lo diga.

Hoy, lamento no poder levantar mi copa y brindar con champagne por el inicio del nuevo año. Necesito llorar por cada niño palestino e israelí que sufre sin ni siquiera saber qué es lo que sucede.

Que sólo el amor esté con nosotros.


Rudy Spillman
LIBRO ABIERTO

martes, 30 de diciembre de 2008

Carpe diem


Carpe diem. Hay que entenderlo. Dicen: exprimir cada segundo como si fuese el último… Creo que es un error. Es como ir a la deriva ante el desconcierto de lo que es, o de lo que se cree que debe ser, por razones que no son o que, ante la creencia de un fracaso, se plantean como si lo fueran. Carpe diem. Exprimamos cada segundo. Triste desolación. Eso no es vivir. Sobrevivir tal vez camuflado de falsa emoción. Éxtasis falso. Es un error muy común. Y no aprendemos. Nos volvemos a equivocar. Vivir es navegar, caminar, aprovechar el día habiendo crecido un poco, habiendo sido más feliz, alimentando nuestros sueños, viviendo intensamente, sin mediocridad, pensando que el futuro está en uno mismo y aprendiendo de quien puede enseñarte. No es exprimir cada segundo como si al siguiente no fuésemos a estar. Es coger la ola y aprender a navegar, disfrutar de ella, no intentar morir en ella, pues lo más fácil es romper. Vana ilusión. Eso es frustración. Heroína. Suicidio creyendo vivir el final en cada segundo. Almas tristes de incierto final. Naturaleza muerta. Como dice Pavesees un modo de desaparecer, tímidamente, silenciosamente. No es ya un hacer, es un padecer”. Creyendo que así se exprime la vida nos volvemos locos, creemos ser otros. Nos olvidamos de lo importante, vivir. Olvidamos lo que sabemos, lo que aprendimos. Lo desechamos. Y ahora ya es sobrevivir. ¿Carpe diem? Así no. Craso error. Vivir no es ir en busca del límite, sino aprovechar el momento sin dejar que el tiempo te gane sino sacándole los omentos y teniendo la esperanza de que habrá más. Hay tiempo, un momento para todo y, con toda seguridad, un momento para el mañana, sin olvidar nunca el presente, ni el pasado, porque ahí está, la vida viva, vivida y sentida, aprendida y aprehendida. Si lo eliminamos o nos lo ocultamos, olvidamos y entramos en lo no esencial, en lo circunstancial. El resto es la filosofía de la estupidez. Y así nos va.

domingo, 28 de diciembre de 2008

El Premio Gordo de Vicente Blasco Ibañez

Como brillante colofón a nuestro repaso a la mejor literatura navideña, os traemos un relato de uno de los mejores novelistas españoles de todos los tiempos Vicente Blasco Ibáñez: El Premio Gordo.

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Nacido en Valencia el 29 de enero de 1867 y fallecido en Menton (Francia), el 28 de enero de 1928, fue un afamado novelista, que destacó también como periodista y político español.

Gran admirador de Miguel de Cervantes, se decía de él que escribía con una gran rapidez . Estudió Derecho y participó activamente en política, donde se caracterizó por su oposición a la monarquía y sus ideales republicanos. Fue un personaje peculiar y enormemente activo. Con 21 años ingresó en la masonería, adoptando el nombre simbólico de Danton. Fundo el diario El Pueblo en 1893 y llegó a estar en prisión algunos meses por su militancia republicana en 1896. Entre 1898 y 1907, ocupó escaño en el Congreso de los Diputados, representando al Partido Republicano, más tarde se integraría en el Partido de Unión Republicana Autonomista.

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Retrato de Vicente Blasco Ibáñez obra del pintor Alejandro Cabeza

Como escritor, fue respetado y admirado por seguidores y detractores. Después de escribir Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916), llegó a ser ampliamente conocido, sobre todo en EEUU, donde la novela alcanzó tal fama, que era más leída que la propia Biblia. Sus obras han sido adaptadas al cine y la televisión en múltiples ocasiones.

Hoy os traemos un pequeño relato navideño titulado El Premio Gordo, en el que un hombre llamado Jacinto cuenta cómo cambia su vida a raíz de tocarle el Premio Gordo en la Lotería de Navidad. Tras sufrir un ascenso en sociedad, ser afortunado en el amor y ser reconocido en su profesión, descubrirá que todo es una falacia y morirá en un duelo al enterarse como su mujer le engaña. Afortunadamente, todo resultará ser una ensoñación que le hará ver con poco deseo el resultado del Sorteo de Navidad.

Una pequeña fábula sobre la futilidad del éxito conseguido sin esfuerzo y sobre la banalidad de basar el valor de nuestras vidas en los valores materiales olvidando los valores espirituales, que son los únicos que, al final, pueden darnos la verdadera felicidad.

Publicado originalmente en Espaciolibros

Madera e imán


Dentro de la cesta nadie sabía cuánta fluorescencia residía. Desde afuera se la veía opaca, tenue calibración entre la descalibrada orfebrería de quienes sabían acerca de sus contenidos. Desde afuera, más lejano, distante y ajeno, se la contemplaba indistinta, semejante al resto. Aunque sin embargo, el anciano que había llegado con un pequeño trozo de madera e imán hasta la tienda, más dijo ver.
Cuando había estado junto a los hombres de roble, le habían dicho que las propiedades de la madera eran auténticamente desvinculares. Que ningún otro mineral u organismo inerte se plegaría sobre su dorso como las sombras contra los cuerpos durante la noche. La habían notado desde siempre aislada, aunque dócil; perenne hasta que algún insecto u otro existencial le quitase parte de sí para acumularla o utilizarla según fines particulares. Y tanto la habían descripto que él, quien jamás había advertido la cualidad más evidente de ésta, les había pedido una. Y le fue dada.
La cargaba debajo del manto de lana que lo cubría, la ocultaba ante cualquier mirar extraño e incauteloso, la cuidaba. Pequeña madera y con las mismas propiedades que poseían los robustos robles, era su obsequio, y adoración más enaltecida.
Buscaba el anciano. Al recorrer los bosques en busca de elementos singulares, hallaba en cada región de campamento uno más dispar que otro; pero nunca tan elocuente como la madera. Buscaba ya el anciano alguno que equivaliera lo que el primero había significado. Buscaba, y tras tanta fe aventurera –si es que haya alguna que no lo sea- encontró sobre una montaña restos de imán. Y había escogido uno.
No hubo nadie quien le comentara sobre éste, nadie quien le explicara las propiedades de atracción. Y no hubo otro sino él para aprenderlas y valorarlas cual autodidacta solitario ante un tesoro deslumbrante. Lo había notado con ligeras idas hacia los metales (las escasas monedas que portaba), lo había confundido hasta tal punto de creerlo con vida por su desplazamiento. Es que era, este imán, el único objeto hallado hasta ese entonces dotado de inquietud, y hasta de imprevisibilidad si no fuera por anticipar su recorrido tras ver algún metal cerca.
Al volver descendiendo, escalón por escalón desde las cimas, cargaba dos elementos a los que debía protección. Realmente no sabía por qué, pero sentía debérsela.
Entre la diversidad de cestas que había distinguido en la tienda, sólo había ido hacia una, la que veía estridente, como conteniendo vahos de polvo verde, fluorescente. Había anunciado esta singularidad al resto, pero nadie lo escuchó. Aún así, dirigiéndose como río hacia su catarata, se acercó, la abrió y arrojó ambos elementos adentro, la madera y el imán.
Nada pudo ver en donde la emanación de candencia luminosa lo irritaba, lo cargaba hasta forzar y cerrar los añejos párpados que ya no se estremecían sino frente a los manantiales que su fe indicaba. Y sin ver había cerrado la cesta, hasta creer justo el momento de la respuesta.
La había abierto y retirado la madera. Cuando la cerraba había recordado el imán y su velocidad para adjuntarse a los metales, aquellos restos de la batalla que lo habían dejado sin descendencia ni rey a quien confesar sus presagios. Había rememorado las espadas blandiéndose sobre cabezas hasta dejarlas sin cuello, sin vida, viendo a esas etéreas formaciones verdes disiparse desde los muertos. Esos vahos que como bruma fluorescente se despedían y como si almas de cada cuerpo caído fueran. Y había dejado el imán, prefiriendo olvidarlo junto al resto de sus conciudadanos que habitaban dentro de esa cesta.
Volviendo sobre sus pasos, habiendo concluido su tarea a medias comenzaba el inicio de los vestigios. Porque aún anhelaba reconstruir siquiera un árbol sobre aquella montaña oriunda. Volviendo sobre sus pasos, cargando el pequeño trozo de madera sabia, estaba seguro de que el imán estaría quitando cada estocada hecha en las almas descorporeizadas.
En cada paso, el anciano supo la importancia que le daría comenzar una capilla con esa madera, la elemental razón para reconstruir.


MEDIMENTE

He aquí el último capítulo de la primera parte del libro MediMente, a publicarse en los próximos meses del año entrante, una vez finalizada su segunda y última parte.

Que lo disfruten y ¡Feliz Año Nuevo para Todos!

R. S.

La verdad sobre LA LEY DE ATRACCIÓN



No quería cerrar esta Primera Parte de MediMente sin hablar de LA LEY DE ATRACCIÓN. El título del presente apartado podría sugerir que vengo a desenmascarar una manipulada mentira. Pero no es así. Sus principios y preceptos son tan ciertos como nuestra propia esencia. Mi intención es aclarar dudas, precisar conceptos, echar luz en un controvertido tema que ha cobrado notoria promoción en los últimos tiempos y que según mis propias experiencias y conocimientos, data de al menos 40 años atrás. Quizás su origen sea aún anterior.

Existen variadas maneras de definir esta ya conocida "Ley de Atracción", la que en rasgos generales establece que los seres humanos somos como un imán y que como tal atraemos hacia nosotros mismos los iguales. Así es como lo que pensamos lo atraemos hacia nosotros y lo convertimos en realidad. De esta manera muy sencilla se nos pretende colocar en las manos una herramienta infalible la que, si utilizamos de acuerdo a las instrucciones, nos sabrá proveer todo lo que deseamos en la vida. La fórmula consiste en pensar, imaginarse, visualizar todo lo que se quiere obtener. Así lo atraeremos hacia nosotros. Pero las explicaciones sobre esta ley desean dejar bien en claro que se podrá atraer tanto lo bueno como lo malo hacia nosotros. Así es, porque si alguien por efecto de su continuo pesimismo piensa que todo le irá mal, que enfermará, que es una persona sin suerte, esto es lo que ocurrirá pues lo está atrayendo hacia sí mismo.

Todas las precedentes explicaciones me suenan casi idénticas al método de Control Mental de José Silva, que fue popularizado y difundido por todo el mundo en la década del 60, con la salvedad hecha de que las programaciones realizadas de lo que se quería obtener se efectuaban sobre una pantalla imaginaria visualizada mientras el individuo se encontraba al nivel "alfa" de su meditación. Cambiando un poco las formas externas de cómo poner en práctica la fórmula, yo encuentro que los principios de aquella técnica de meditación que aún hoy se continúan utilizando y los de la llamada "ley de atracción", son los mismos.

Pero además observo que actualmente en el nombre de esta ley se están llenando amplios volúmenes de bibliografía cuando los principios a utilizar son apenas unos cuantos y por demás sencillos. Lo que ocurre es que dichos textos se ven engrosados por una interminable exposición de ejemplos de gente contando de qué manera "esta ley" les cambió la vida, agregando una y otra vez la explicación de los mismos principios redactada de mil maneras diferentes.

Es mi opinión, que la reiteración de los mismos principios, que como ya dije, son muy fáciles de entender, agregando infinidad de casos de personas explicando lo felices que se encuentran luego de la aplicación del método, no redundará en una mayor posibilidad de éxito por parte de quienes todavía no lo han intentado, pero sí en aumentar considerablemente la venta y comercialización del maravilloso "nuevo" producto.

La pregunta sería la siguiente:

Si el antiguo "Método Silva de Control Mental", así como la novedosa "Ley de Atracción" encuentran tanto seguidores entusiasmados por el éxito logrado en sus vidas gracias a la práctica de dichos principios, como otros desilusionados clientes que luego de haber puesto todas sus esperanzas en las mismas enseñanzas, no lograron encontrar más que frustración y viven hoy sus vidas más desanimados que antes, ¿cómo podríamos asegurarle a la gente que aún no ha probado el método, que con total seguridad encontrará lo prometido y que no se trata de una enorme campaña publicitaria montada, bajo la cual yace una simple patraña?

He aquí mi respuesta a tan intrincado misterio:

Creo que la amplia difusión de la Ley de Atracción debiera incluir primeramente una minuciosa aclaración de la manera en que se debe realizar la práctica y ejercitación. Esto incluye no sólo la práctica física, activa, consistente en llevar a cabo como una máquina, los pasos enseñados, porque nosotros no somos máquinas. Debemos tener en cuenta nuestra parte constitutiva mental y espiritual, base y cimiento firme sobre la que sólidamente se apoyará dicha ley. De lo contrario, todo tiende a desmoronarse sin importar cuántos pensamientos positivos tengamos de lo que deseamos obtener. No existe ninguna cantidad de gente que se nos pueda mostrar contando el éxito de sus experiencias con dicha ley, que nos permita por ello lograr lo mismo para nosotros. Se trata de una experiencia personal, individual, que cada individuo deberá vivir a su manera.

¿Cómo se hace, por ejemplo, para explicarle a una persona que ha vivido toda su vida sumergida en el pesimismo por los motivos que fueran, para decirle que simplemente debe cambiar sus pensamientos y por arte de magia su vida cambiará?

Se trata de profundos actos de convicción, fe, absoluta confianza y verdadero sentido de la esperanza. Bastiones que la propia persona deberá sostener para lograr el cambio. Si no los posee deberá construirlos primero. No bastará con el simple acto intelectual y superficial de traer un determinado pensamiento a la mente, puesto que en ese caso, esta poderosa parte abstracta que poseemos, siendo pura fuerza energética, volará de un plumazo una y otra vez, todo pensamiento que le traigamos sin verdadera y absoluta convicción y creencia.

A la mente, se la puede dirigir y controlar, pero nunca se la podrá engañar.

¿Porqué es esto? Porque nuestra mente es parte constitutiva de la Mente Universal. Su energía es parte integrante de la energía global de todo el Universo. Es por ello que ambas se encuentran en permanente contacto aunque la mayoría de nosotros no nos percatemos de ello. Si logramos producir un pensamiento genuino, sustentado por una convicción y creencia férreas, basado en una completa e indestructible fe de que obtendremos lo que deseamos (se trate de algo material o de cualquier otra naturaleza y que no involucre a terceras personas que pudieran no estar de acuerdo con el pretendido cambio), este pensamiento estará formado por una constitución energética pura y limpia que conectada a su mismo par en el Gran Cosmos, producirá en realidad lo que ya está pero había que atraerlo hacia uno. Debemos entender que todo lo existente es energía, tanto los hechos que nosotros llamamos "reales", como los pensamientos, sueños, sentimientos, afectos, estados de ánimo y cualquier otra cosa que se nos pueda ocurrir, sea abstracta o concreta. Todo es energía. La diferencia existente entre nuestro pensamiento y la realidad concreta radica en su diferente constitución energética y holográfica que los ubica en distintas dimensiones. Para que nuestro pensamiento se vea convertido en realidad deberemos facilitar la conversión en el tipo de energía y entonces atraerla hacia la dimensión de lo que llamamos "realidad". Es por ello que no podemos engañar ni engañarnos. Existen siempre claras razones del porqué hay tanta gente que intencionalmente o no, tienen reiterados pensamientos que nunca se concretan a lo largo de sus vidas, mientras que otras ven concretarse hechos o situaciones cuando ni siquiera eran conscientes de estar atrayéndolos con su pensamiento. Éste, si es genuino, aunque el individuo lo viva de manera inconsciente, producirá su efecto, pues la conexión con el Cosmos es permanente y la sintonía que lo concretará en nuestra diaria realidad no requiere de su concientización por parte del mismo.

Como podrá observarse, no es tarea sencilla, pero allí está en nuestra realidad cotidiana para quien se anime a tomarla.

En síntesis, la Ley de Atracción existe, quizás más que cualquier otra cosa. Pero deberemos decidir despegarnos por un momento de nuestra ilusión terrenal para poder comprender en plenitud su grandiosidad y volver a nuestra limitada experiencia física una vez hayamos logrado atraer hacia nosotros sus beneficios. Si logramos creer todo esto sin sorprendernos podremos observar sus efectos con una mayor fluidez.

Es por la falta de conocimiento de lo expuesto que, por un lado crece la cantidad de adeptos considerando que esta ley les ha traído la salvación y la felicidad, y por el otro lado, los que decepcionados sienten que han sido estafados. He querido aquí rescatar las extraordinarias y auténticas cualidades beneficiosas de la Ley de Atracción, más natural que cualquier otra cosa, pero intentando que al lector le quede claro una vez más, que nadie puede ser ayudado si no comienza por ayudarse a sí mismo.

Rudy Spillman

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El presente artículo contiene exclusivamente material informativo no debiendo ser interpretado como reemplazante de asesoramiento profesional alguno. Su contenido no presupone recomendación de tratamiento médico o alternativo de ninguna especie.

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sábado, 27 de diciembre de 2008

La reina de las nieves de Carmen Martín Gaite

En nuestro repaso a la mejor literatura navideña, no podían faltar algunas obras de la literatura española que merecen un lugar destacado en nuestra biblioteca. Hoy os traemos La reina de las nieves de Carmen Martín Gaite.

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Carmen Martín Gaite nació en Salamanca, el 8 de diciembre de 1925 y falleció en Madrid el 22 de julio de 2000. Hija de un notario de Valladolid, José Martín, y una gallega de Orense, María Gaite, estuvo casada con Rafael Sánchez Ferlosio, al que dedicó su primer libro, Industrias y andanzas de Alfanhuí. Esta escritora española alcanzó una proyección universal, recibiendo entre otros el Premio Nadal y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

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La obra de Carmen Martín Gaite puede dividirse en tres etapas: una primera durante los años cuarenta y cincuenta centrada en un claro existencialismo feminista; una segunda etapa en los años sesenta y setenta donde empieza a adentrarse en el subconsciente de sus personajes femeninos; y una tercera y última etapa, que dura hasta su fallecimiento, en que se adentra ya de lleno en el universo de la imaginación recreando un mundo de hadas en busca de una existencia ideal.

Es a esta última etapa a la que pertenece La reina de las nieves. Una novela en que, inspirándose en un relato de Hans Christian Andersen, la autora consigue recrear una fábula moderna. Nada mejor para describir la obra que la crítica aparecida en la Revista el País Semanal N° 171 el 29 de mayo de 1994 tras su publicación:

"¿Quién no ha ido alguna vez por la calle y ha notado que una partícula le entraba en el ojo, y ha creído por un instante ver la realidad de forma distinta? A partir de esta experiencia común, Hans Christian Andersen escribió un bellísimo relato, La reina de las nieves. En él, la partícula procedía de un espejo roto, el espejo de los diablos, y aquel a quien se le metía en el ojo veía transfigurada su existencia y terminaba siendo arrastrado hacia un castillo de indiferencia y hielo. Carmen Martín Gaite ha sabido reconocer el carácter mítico, universal y, al mismo tiempo, contemporáneo del cuento y ha trabajado durante años (de 1979 a 1985) para escribir esta magnífica novela que la autora ha ambientado en el Madrid de los años setenta y en la que narra la historia de un joven que por varios azares del destino ha perdido el timón de su vida y la historia del esfuerzo que harán tanto él como los personajes inolvidables que le rodean para vencer el imperio de la nieve, el frío mortal de la desmemoria."

Os dejamos con una poesía de la autora recitada por ella misma, en la que podréis tener una pincelada de su gran talento.

Publicado originalmente en Espaciolibros

viernes, 26 de diciembre de 2008

La espiral de la vida


Brilla intenso el sol hoy. Calienta. La playa está vacía. Apenas unas cuantas personas por el paseo marítimo y tres o cuatro más por el borde de la arena, junto al mar. La luz es clara y aspira los humores. El mar calmado. Apenas alguna ola se atreve a romper esa paz. Suena Rekoner. Siempre el placer de escuchar esa canción. El alma se desliza al interior y al exterior. Te une al entorno. Te desplaza. El claro marrón de la arena recién alisada termina en el azul del mar que se estira hacia el horizonte en una gama de azules rota por la línea que marca su unión con el cielo en una oposición de los mismos colores de azul como un triángulo de sólo dos lados que terminara en mí. Y detrás las ocres montañas quebradas, rompiendo el horizonte, oponiéndose a la rectitud del mar. Líneas rectas y onduladas. La vida ahí. Personas que andan solas. Personas que pasean la mirada sin apenas ver. Colores, aromas, sonidos que se pierden en el desinterés. Así somos. Inconstantes. Apáticos. Negados al ver, y al oír tal vez. Siempre nos negamos. Unas chicas juegan a balonvolea. Cuerpos bruñidos por el sudor. Una chica me mira. La miro, pero mi mirada la traspasa y se pierde más allá. En la línea del mar, en los brillos que el sol hace en el mar. Amarillos, casi cristal. Parece impresionismo pero es puro azar. El de la naturaleza. Belleza que nadie explora porque no sabe mirar. Nos la negamos en busca de algo que no está, que es pura nimiedad. Suena Rekoner. Placer. Me mezo ahí. Una mujer está sentada de lado en un banco. Es de mediana edad. El móvil en la mano. Espera. En su cara la tristeza. Tristeza y ansiedad. Quiere hablar, pero… ¿quién habla? No se habla ya. De ahí los errores. Perdimos la capacidad de hablar, de dialogar, desde el interior. Nos perdemos en la superficie y no escuchamos lo esencial. De ahí los fracasos. Nos abandonamos en nuestras ideas y no las constatamos, no las dialogamos. De ahí los malentendidos. Nos cegamos. Por eso no avanzamos. La ausencia de palabras sólo provoca hechos que parecen darnos la razón. Y la espiral crece sin parar y sin vuelta atrás. Perdemos el sentido de lo sublime, de la palabra, de escuchar. Pero cerramos los oídos para quedarnos con ideas preconcebidas, con juicios que no sabemos controlar. Y crece la espiral. Y cuando queremos intentarlo quizás es tarde ya. Callar es tan difícil. Callar para escuchar. Inconstancias aun sabiendo dónde está la realidad y la verdad. Pero nos la negamos. Y crece la espiral. Necios. No sabemos dónde está la realidad. Nos la negamos con una inconsciencia digna del más absoluto patán. Mirar, saber mirar. Oír, saber escuchar. Vivir, saber amar. Pensar bien, hablar bien y actuar bien decía Zaratustra. Olvidado maestro, olvidadas palabras. Por ello la demencia predica siempre el castigo y el olvido y que todo es digno de perecer. Y el que castiga al otro se castiga a sí mismo en una vana buena conciencia. Y todo ello se traduce en el sufrimiento de no poder querer hacia atrás. Maldita espiral. Cerco en el que nos encontramos sin saber salir. Suena Rekoner. La belleza inunda el alma. Aprender a mirar. Aprender a escuchar. Aprender a estar. Saber vivir. Sólo esa es la verdad. Pero nos la negamos. Hay que saber cerrar la espiral y volver al origen y empezar. Pero hay que saber hacerlo desde el saber mirar, vivir y escuchar. Cerrar el círculo y empezar con lo que se quiso desde un buen principio, con un brillante final. Recorrer el camino hacia atrás y saber dónde está la auténtica felicidad.
Diego Jurado Lara

Conferencia sobre autoayuda autobiográfica

Con ustedes el vídeo prometido sobre la conferencia completa, titulada: "El pequeño gran paraíso que todos llevamos dentro", que ofrecí el 15 de diciembre ppdo., en el Hotel Kesar de la ciudad de Eilat, Israel; y en oportunidad de llevarse a cabo la Quinta Convención CICLA de Amistad ISRAELÍ – IBEROAMERICANA.

Su duración es de 47 min. 25 ", pudiendo observarse de forma separada (dividido en 7 partes), o en su defecto, en una sola película unificada(en el reproductor instalado en el blog LIBRO ABIERTO).

http://www.youtube.com/view_play_list?p=10540D9A3EA8C69F


Un saludo cordial.

Rudy Spillman

LIBRO ABIERTO

jueves, 25 de diciembre de 2008

¿QUE LE HICIMOS A LA NAVIDAD?


Cuando yo ere niño, hablo de los años 70as, la Navidad se festejaba de una manera muy especial, los niños lo disfrutábamos mucho y los adultos no se quedaban atrás. El festejo se preparaba desde principios de diciembre, se adornaban las casas con focos de colores y había paseos nocturnos por el vecindario para ver los nacimientos que se montaban, monumentales, en todas las casas, caminábamos por las calles con nuestros padres y nuestros hermanos, se convivía con la familia y con los vecinos que siempre tenían una bebida caliente para recibir a quienes admirábamos sus ingeniosas y sorprendentes novedades para superar lo hecho el año anterior.
El festejo empezaba el 16 de diciembre con la primera posada, ya había sido acordado entre los adultos cual familia seria la responsable de organizarla.
-Hoy vamos a casa de Don Manuel.
Casi todo el barrio estaba allí, de entrada, una bebida de frutas, caminábamos alrededor de la cuadra cargando a los peregrinos, iluminados cada uno con una velita de un color vivo, los mas afortunados con una varilla de chispa, cantando la letanía, representando el peregrinar de la Virgen Maria y de San José, cuando ella estaba próxima a dar a luz. Luego, el anfitrión dirigía una oración, que todos seguíamos atentos y de pie junto al nacimiento, se cantaban villancicos, en ocasiones, acompañados con la guitarra de alguno de los asistentes.
Terminado este rito, a romper las piñatas, ya nos habían explicado que la forma tradicional es para representar a la estrella de Belén. Con cada golpe, una lluvia de colores, mandarinas, tejocotes, colaciones, caña de azúcar, en fin, un festín de golosinas nos caía del cielo, alguna vez, un niño lastimado, pero nunca algo serio, continuando con una cena, generalmente de tamales entre amenas charlas, risas, chocolate caliente para nosotros, café para los adultos. Entrada la noche, las despedidas:
-Nos vemos mañana en casa de Doña Margarita (mi mamá).
Y así era, la siguiente pozada en nuestra casa y al otro día en casa de otro vecino y era la semana que mas disfrutábamos en nuestro barrio.
Pero llegaba el día 24, la Noche Buena, la víspera de la Navidad, esa fiesta era distinta a las pozadas, esa noche era nuestra noche, la noche de cada quien, era la noche de la familia, los abuelos, los tíos, los primos, incluso los familiares que venían de otra ciudad y que teníamos pocas oportunidades de frecuentar, la casa, impecable, ornamentadísima de acuerdo a la ocasión, las luces de colores daban un toque mágico y los cánticos navideños en las bocinas de la consola, de nuevo oración, de nuevo villancicos y no podía faltar la abuela con una canción de cuna. La cena, deliciosa, había sido preparada por todas las señoras, ni que decir de la mesa, montada como para recibir a alguien de la realeza en nuestro hogar. Así se celebraba la navidad en mi niñez.
Hoy, el 24 de diciembre es para esperar a Santa Claus que llegará cargado de juguetes en la madrugada del 25, vemos trineos, renos, hasta muñecos de nieve que no tienen absolutamente ningún sentido lógico en esta celebración, ya no existen esos fastuosos nacimientos en los patios de las casas.
Es muy triste lo que hemos hecho con la Navidad, pocos recordamos que lo que se festeja es a nuestro señor Jesús hecho hombre, hemos olvidado que nuestro Dios nos mandó a su único hijo para salvarnos de nosotros mismos.
Es fácil encontrar culpables para esto, somos victimas de la mercadotecnia, en todos los medios, electrónicos o impresos nos saturan con mensajes referentes a donde y que es lo que debe comprar Santa Claus. A cada paso lo vemos, en todos lados escuchamos su característica risa, en los centros comerciales y en los parques es posible tomarse una foto con el y también es posible sentarse en sus rodillas para hacerle, personalmente, el pedido para navidad, ahora las casas se adornan con duendes que son sus ayudantes y en mil puertas podemos ver su imagen dando la bienvenida. Hay publicidades tan fuertes, que ahora nos enteramos, por ejemplo, en cual almacen hace sus compras Santa. Ya nadie piensa en el milagro del nacimiento de nuestro salvador, estamos preocupados por ver en que establecimiento podemos encontrar los precios más bajos, no nos importa unir a la familia y dar gracias a Dios, nuestro padre, por todo lo que nos regala, estamos mas ocupados escogiendo la ropa que estrenaremos en la fiesta de el 24 de diciembre, además de estar desesperados por saber que nos irán a regalar.
Estoy cansado de Santa Claus, este personaje regordete y bonachón, ha llegado a la tierra a robarse lo más sagrado que tenemos los católicos, lo más hermoso que nos ha dado nuestro Dios con su inmenso amor.
Pero acá no termina todo, ya veremos que apenas pase la celebración, aparecerán nuestros Santos Reyes en los medios comprando en otro almacen, buscando precios bajos y en el mas irreverente de los casos, haciendo un terrible ridículo en el programa de Chavelo. Nadie tiene derecho a desvirtuar el verdadero significado de los Reyes Magos, su maravillosa historia y la razón de cada regalo que llevaron a Belén, mirra por que nació un varón, oro por que nació un rey, incienso por que había nacido un Dios.
Lo que hemos hecho con la Navidad, es en verdad vergonzoso, es irrespetuoso y me atrevo a decir que raya en la blasfemia.
Hablemos de las posadas: ahora no son en casa del vecino, las posadas son en casa del Ingeniero Gómez o del Licenciado Ramírez y hasta habrá una en casa de Lupita, la recepcionista de la oficina, pero ya no son familiares, ya no hay velitas de colores, no hay nacimientos, no hay dulces, no hay peregrinos ni letanías, es más, ni siquiera hay niños, la cita es a las 11 de la noche y ya estás advertido de que tienes que llegar con lo que te encargaron, habrá una botana preparada con la cooperación de cada invitado y por supuesto habrá bebidas a granel, música a todo volumen y será una parranda de antología, ahora son un pretexto para trasnochar y distan mucho de su finalidad original. De las preposadas, ni que decir, ni siquiera tengo idea de donde salieron.
Ahora lo que tenemos que hacer, entre todos, es rescatar la navidad para Jesús, para nuestra iglesia, para nuestros hijos y para nosotros mismos. Hagamos memoria, los de mi generación, los mas jóvenes no sabrán de que hablo, acordémonos cuando fue la ultima navidad que festejamos el nacimiento de Cristo, pero sin estar opacado por Santa Claus.
Dios es la navidad, no los regalos ni las fiestas, hay otros 364 días cada año para hacer pachangas, solo tenemos una Navidad al año, entonces, respetémosla y celebrémosla como es, agradezcámosle a nuestro Dios el regalo que nos dio.

martes, 23 de diciembre de 2008

El sonido de los deshauciados


Dos veces levantó la mano y las dos veces la dejó suspendida en alto, en un gesto que implicaba más una súplica que una llamada. El camarero miró de reojo al notar la señal y esperó. Siempre esperaba. No podía soportar la cara de ese hombre que cada noche, alrededor de las diez, abría las puertas del bar y se sentaba, con lentitud, sin quitarse el abrigo, en un taburete de la barra, al fondo, donde la luz se perdía, donde sólo los colores de la jukebox iluminaban, de una forma difusa y casi cómica, el espacio y sus ocupantes. La primera noche le sorprendió que, aún con el calor que hacía dentro, no se quitara el abrigo ni el pañuelo ni el sombrero. También le chocó que llevase sombrero. Por inusual. Pero sobre todo le sorprendió la cara. Un rostro reflejo de todo un mundo reducido a escombros. O eso pensó. Y un tequila tras otro fue el pulso que parecía echarle a la vida, o a su desastre.

No le gustaba ese tipo de hombres. Pero no podía hacer nada más. Era el camarero del local. Miraba, servía, y a veces oía. No escuchaba, sólo oía. Había aprendido que escuchar es malo. Que destruye. Y bastante tenía con lo suyo como para hacerse cargo de lo ajeno. Pero el silencio es más aterrador que el discurso íntimo de otro, y esa ausencia de palabras, conforme avanzaban los días en que aquel hombre se dejaba caer por el taburete de la barra del bar, le fue trocando su interés y curiosidad, ante lo inusual, en hastío y desapego, ante lo que él creía desprecio por parte del otro. Sus frases y gestos tratando de saber, de dar pie, siempre habían quedado ahogados en el tic de “otro tequila”, apurado de un trago, clavando los ojos en el fondo del vaso, como buscando. Una mirada acuosa en unos ojos grises que invitaban a la locura y al desaliento. Una mirada vacua y amarga, perdida y absurda. Y el tiempo se paraba en el vaso a media altura, entre su boca y una barra mojada, llena de restos de líquidos mal limpiados con una bayeta amarilla y mal escurrida, llena de manchas de otros tequilas, de otras vidas tiradas, que dejaba un olor en ella que acababa incrustándose en la nariz, hiriendo como una dardo emponzoñado. Pero estaba acostumbrado a él. Como ellos. Había cierta querencia hacia esos olores. Al olor de la barra. Al olor del suelo, fregado con un cubo de agua negra, de días y días usándose, y tan sólo rellenada, pero no vaciada. Olor a podredumbre y lejía. Olor a muerto, a muerto en vida. Para ellos el olor era un canto a un futuro querido y llorado y deseado. A un futuro lo más cercano posible. Negro. Podrido. Eterno. Para él, un ritmo sin cadencia, amargura de presente encenagado, sin futuro, sin pasado.Volvió a levantar la mano sin dejar de mirar el vaso. Y él, el camarero, se acercó con parsimonia, queriendo herir aun cuando sabía de su imposibilidad, pues el tiempo ahí, en esos lugares, a esas horas y entre esa gente, es eterno, carece de efecto. Es el último que te sirvo y después te largas de aquí. Le dijo el camarero mientras se lo llenaba con un tequila de marca imposible y de color céreo. Le sujetó el brazo, que se iba ya, con la mano. Clavó sus uñas atravesando la ropa como una corona de espinas. El otro tiró con fuerza pero no pudo desasirse y cedió. Y ahí cedió el bebedor también. Deja la botella y déjame a solas con ella. Tengo dinero…, y los dos tenemos tiempo. Quizás yo más, o tú. ¡Quién sabe! Le miró desde el dolor de la certeza. Desde la convicción de su casa vacía, de su cama vacía, de su vida vacía. Desde la soledad más profunda. Y volvió, enseguida, la vista, y la mano, a ella, rellenado el vaso. Se necesita ser necio y no verlo, masculla, mientras lo apura de un trago.

Escribe, mientras espera, con un lápiz gastado, mordido, amarillo y negro, sobre la servilleta de papel con la que acaba de limpiarse, de los labios, un rastro de saliva mezclado con tequila viejo. No puede quitarse ese pensamiento de la cabeza y acaba llevándolo al papel, como antes, hace ya tanto, cuando escribir era un placer y un regalo, un descanso del alma y del pensamiento. Y deja las palabras suavemente, con esa grafía que siempre le gustó y que, ahora, se da cuenta de que es algo burda y temblorosa. Me alimento de tabaco y hiel, y lo riego con alcohol. Respiro cieno. Ando a tientas, con un bastón blanco y un perro, ciego también. Y las deja, y vuelve a ellas, como para mecerse. Y a pesar de lo que las palabras indican, las encuentra bellas y hermosas, suavemente lentas.

Vuelve al vaso. La mirada atraviesa el líquido en busca de algo, pero el fondo le devuelve imágenes absurdas, frías y mezcladas. Imágenes de siluetas, de espacios, luces y sombras. El pasado bebido y andado a sorbos, cegado. El pasado desecado, derretido en color sepia, ajado. Personas moviéndose a un ritmo desacompasado. Miniaturas miniadas y desconchadas con un fondo oscuro y débilmente iluminado. Caras desdibujadas, movimientos inciertos. Las mira con aire cansado. Intenta ver con claridad. Cree ver las siluetas y quiere verlas. Los ojos de una niña, que le mira sonriendo, de ojos de agua, que le hablan desde la distancia, con su hermano de ojos tristes, apagados, moviendo ambos la mano, como llamando. Las aleja por perdidas, diluyéndolas en el tequila hasta perderse en los vapores del sorbo. Se le contrae el gesto y apura otro trago tras llenar el vaso. Y otro más rápido. Vuelve a llenar el vaso y se detiene en las ondulaciones que el líquido ha hecho al caer y en como se van aquietando. Hay un punto brillante en uno de los lados producido por el débil reflejo de una de las lámparas que cuelgan sobre la barra. Una bombilla amarillenta por el tiempo de no ser limpiada, rodeada por una tulipa granate que el polvo y el humo del tabaco fumado a golpes o no fumado han oscurecido el color hasta casi apagarlo. Cigarrillos encendidos y mantenidos entre los dedos mientras se ausentan las miradas en los vasos, y el humo alza sus volutas, dibujando formas, en la atmósfera irreal del bar, envolviendo el aire, atrapándolo. El tiempo detenido, como las almas de los presentes, en momentos del pasado. Almas sin remedio. Almas desgastadas por su pasado, que han convertido el presente en odiarse a sí mismos y recrear la angustia hincando los dedos en él, arañando, bebiendo los recuerdos a golpes de sentenciados al cadalso y que creyendo ganar tiempo lo único que ganan es eternidad. La eternidad de un pasado anquilosado y enquistado. Lo único que ganan es la muerte en la derrota del presente.

Y las imágenes vuelven. Un bulevar largo y ancho. La noche fría. Helada. El corazón palpitando. Una calle recorrida mil veces tratando de expiar el pasado. Recorriendo las huellas una y mil veces como un penitente encadenado de hechos, de sinrazones, de delitos, de palabras a destiempo. Una calle solitaria, vacía. Árboles detenidos en la madrugada de un otoño paralizado. Nadie. Vacío. El corazón golpeando por el miedo desenfrenado. Una carrera loca buscando. El teléfono en la mano. Al otro lado vacío y silencio, tristeza y llanto. ¿Dónde? Se pregunta asustado.

Apura otro vaso. Esta vez a sorbos lentos, casi degustando. Intentando encontrar sabores del pasado, aunque los sabe muertos de tanto usados. Después del último parece querer beberse el vaso para eliminar imágenes, para eliminar los restos de algo. El camarero mira con impaciencia mientras seca otros con un paño de años, como todo lo que viste el bar, como las ropas y las almas de ambos. Mira al otro de vez en cuando y espera. De cualquier forma su tiempo es el de ellos. No hay otro. La mirada que vio le llevó tan dentro que sintió el vacío y no quiso recordarlo, por vivido día a día, por demasiado interiorizado, por demasiado pegado a la piel, como un sudario. Espera el final del día, en esta noche larga. Larga como todas y ninguna, pues no hay día en que la noche no se le una en una interminable vida de no vida. La cama deshecha, la televisión siempre encendida, platos sucios con los restos de comida en la mesa de centro, botella vacías, el abrigo tirado en un sillón desvencijado, la luz mortecina, y el sonido constante del televisor vendiendo algo, diciendo algo, aparentando vida. La casa vacía. Siempre vacía. Al final es igual la vida. Un desierto de soledades. Un sobrevivir día a día esperando la nada. ¡Qué más da aquí que allá! Se dice a sí mismo, si al final siempre es igual, en todas partes igual. No hay sitios. No hay nada donde esperar. El lugar es el lugar. Un desierto de soledad. Ese lugar de siempre en el que nunca hay que esperar, sólo estar. Se dice mientras limpia sin mirar. Mira al cliente, que sigue con la mirada perdida en el fondo del vaso. Sólo hace gestos para beber mientras apenas parpadea. Parece que buscase algo, entrar tal vez, bucear dentro como si algo o alguien allí hubiese. Beberlo con la mirada. Ahogarse en él. Tal vez en el pasado. Como todos. Como él.

Avanza a pasos inciertos, tras pagar y salir, dados como con desconcierto, pero manteniendo la elegancia o, al menos, la dignidad. La figura erguida, el andar lento. La cabeza gacha, cubierta con el sombrero de fieltro y al cuello un pañuelo de seda, de color negro y tonos marrón grisáceos, partidos por unas delgadas líneas blancas, apagadas. Austero pero de una belleza en consonancia con la chaqueta negra y el gastado abrigo gris que siempre lleva puesto y que apenas se quita para vivir el resto de la noche y del día en su casa vacía, en su cama vacía, en su vida vacía.Recorre la calle de siempre. El sempiterno bulevar. De noche, porque de día no puede. La luz le ciega y le mata la vida. Una vida ya no sentida. Anclada. Podrida. Y rehace el camino de cada noche, el de sus tinieblas revividas. Revividas una y otra vez y maldecidas también una y otra vez durante todos los otoños y los inviernos de su existencia desde que fue escupido de aquel lugar para el resto de su vida. Cabizbajo. Rememorando los sucesos grabados a sangre y fuego en el fondo del alma por él mismo, para sí mismo, en un intento de alcanzar el perdón que sabía no existiría si no era por él o por el destino, juez insalubre de su loca carrera por sentir la vida en su máxima expresión, por beberla a tragos sin pararse, por engullirla. El cigarrillo fumado sin sacar las manos de los bolsillos. Aspirando el humo para sentirlo quemando en sus pulmones buscando una muerte que no llega, por esquiva y por la cobardía interna, o quizás por el deseo de expiar el dolor ajeno en su carne palpitante, por los recuerdos, por los tequilas, por el universo perdido en las murallas de la ignominia, en su inconstancia, por la persona herida, por el hecho aciago, por las palabras dichas, por la inmisericordia de la vida y el no saber vivirla, por no saber beber los momentos, por demasiado conocidos u olvidados, por no presentidos, por pensar que los hechos son sólo hechos, por no pensar. Y llega hasta el final y vuelve hacia atrás, buscando el tiempo. Alinea las frases y las vuelve a soltar, una tras otra como en una cuenta atrás, en una especie de mantra. Y deshace los pasos lentamente, mirando el muro de tono ocre, desdibujado en su color por la amarillenta luz de las farolas. Recuerda las palabras y los silencios. La angustia y el miedo. Los miedos. Los gestos. Las palabras. Cruza una vía perpendicular y se sienta en el césped, a la sombra del árbol sin hojas, y sus ojos angustiados y marchitos, sedientos de lágrimas que ya no pueden salir, reviven la figura sentada, tapada, huida en un terrible y febril llanto. Y una lágrima austera le escurre por la cara. Una lágrima que le aligera el alma. Lágrima de años aprisionada en su alma irredenta. Y por primera vez desde la primera no puede aguantar el llanto, que estalla como ríos de agua salina desesperados por salir. Se deja caer de lado y cubriéndose la cara con las manos llora el desconsuelo triste de una vida muerta, de una soledad sin límites, de la angustia por el sentimiento que nunca pudo reprimir. Y llora como el niño que nunca dejó de ser, ni quiso ni pudo dejar de ser, porque nunca le dejaron ser el niño que debió ser. De ahí las angustias y los miedos, los actos, las palabras, los sentidos, el vivir, a pesar de tanto puesto, a pesar de ver con los ojos de los lirios y las amapolas, de las montañas y los valles, del verde de la esperanza y del marrón de los ojos. Y sintió la vida dentro de él. Sintió el corazón palpitando y bebió el agua del llanto como purificación. Y al fin pudo perdonarse y sentir. Por primera vez supo que podía y debía salir. Por fin se sintió bautizado, redimido, perdonado por ella, por la vida, por él. Se incorporó con lentitud exhalando el vaho al frío intenso de la noche y miró el lugar. Andando hacia atrás caminó hacia el bulevar y se sentó en medio de la vía. Cogió el móvil y lo miró, recordando aquella vez. Con manos temblorosas escribe un mensaje, aun prohibido, a la nada, mientras recuerda aquella canción de Elvis Costello, que canta con suavidad, con delicadeza, y reproduce las palabras que le surgen a borbotones por la garganta como un reguero cálido que le lleva a otro lugar, a otros tiempos, a la vida, a ella, a él, y las dice suave y transformadas, como siempre lo hizo, como su sonido de desahuciado.

She maybe the face I can't forget.
A trace of pleasure or regret
Maybe my treasure or the price I have to pay.
She maybe the song that summer sings.
May be the chill that autumn brings.
Maybe a hundred different things
Within the measure of a day.
She maybe the beauty or the beast.
Maybe the famine or the feast.
She turn each day into a heaven or a hell.
She may be the mirror of my dreams.
A smile reflected in a stream
She may not be what she may seem
Inside her shell
She who always seems so happy in a crowd.

Whose eyes can be so private and so proud
No one's allowed to see them when they cry.
She may be the love that cannot hope to last
Maybe come to me from shadows of the past.
That I'll remember till the day I die
She maybe the reason I survive
The why and wherefore I'm alive
The one I'll care for through the rough and ready years
Me I'll take her laughter and her tears
And make them all my souvenirs
For where she goes I've got to be
The meaning of my life is She, she, she…

Y mientras canta en voz queda, escribe a impulsos, con errores que trata de evitar, por el amor que siempre tuvo por las palabras, a las que tanto amó, como a ella, y con las que tanto le dijo, y que corrige una y otra vez, “esta noche tu alma duerme, pero algún día sentirás la profundidad de mi pena. Quizás entonces me verás como lo que soy, un frágil náufrago en una tormenta de emociones”.
Iba a enviarlo cuando el móvil sonó y una ráfaga de luz surgió en el bulevar, de repente, de la nada, llevándoselo por delante, arrastrando el cuerpo bajo el coche mientras rechinaban las ruedas en el fracasado intento de evitar. En el móvil, despedido de la mano, una voz de mujer repetía sin cesar: Yago soy yo, contéstameYago, soy yo… Pero sólo quedaba en el aire el eco de la canción, el eco de un sentimiento, el sonido de los desahuciados.

Diego Jurado Lara
http://diegojlara.blogspot.com/

FELIZ NAVIDAD

Con este Papa Noel roquero queremos desearos que el próximo año venga acompañado del cumplimiento de todos vuestros mejores deseos y esperanzas. Y recordad, parafraseando a Rudyard Kipling:

“Si la vida te pone diques, tomate un descanso pero no claudiques”

¡¡¡ FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO 2009!!!

El Hada, de la madriguera. Porfelius, el del saco


Este va destinado y dedicado. Estas letras tienen dueños y motivos, estímulos y razones. Estas palabras son una carta para decir que se extraña, que se siente, que se admira y que se honra. Este pedazo de sincera publicación es una bienvenida, una despedida, un homenaje y una reivindicación. Son palabras de profundo orgullo y exaltante pertinencia. Son palabras para rememorar y para fraguar, para proyectar y declarar… Declarar que la humanidad tiene entre sus células caminantes a dos impulsores de verdad y libertad, a dos cohetes de combustión emocional y sangrienta batalla urbana. Declarar que este planeta en las manos de estos dos astros se convierte en un planeta distinto, que cuando sus mentes señalan el destino de sus manos ya no somos más de esta galaxia y pasamos a una desafiante eternidad. Quisiera yo declarar que de sus letras emergen los sueños materializados, que nacen las respuestas, que la naturaleza en sus cuerpos ya no es sólo un ideal. Quisiera yo decir que cada uno de ellos son un portal hacia jardines de lágrimas, hacia sombras de veracidad, hacia edificios de sonrisas, hacia desiertos de blanca desnudez del alma. Quisiera yo decir a todos los que respiran y a los que no, que la ironía, la rabia, la tristeza, el amor y la alegría vienen en cuerpo de hombre y de mujer, de mujer y de hombre. Y que han mezcládose entre nosotros para obsequiar su lucidez y sus lanzas de veneno y de líquido vital.
Cómo no he de admirar a estos mosqueteros de los asfaltos, a estos dos húsares de la rebeldía urbana, si con ellos el cuerpo deja la piel y la mente descubre más espacios. Cómo no he de homenajearlos si cada palabra que urden se transforma en un telar de verosímiles irreverencias e insolencias estelares. Cómo no he de respetarlos si sus letras se convierten en estrellas y sus páginas en cielos rasos.
Yo voto por ellos para regir a la tierra. Doy mi venia para sus escaños en los congresos espaciales. Yo voy con ellos incluso al fondo del mar y al origen de las hierbas. Voy dichoso porque porto también sus escudos y sus espadas. Y por tanto nadie nos vencerá… Quisiera yo decir que la libertad tiene sus intérpretes y sus inspirados rapsodas: Él un porfiado instigador de verdades incómodas y libertarias reflexiones; Ella un hada mágica de contradicciones estelares y palabras puras. Ambos honestos como el hielo que no oculta sus lágrimas cuando sale el sol. Ambos mágicos como la concepción de una vida. Ambos fuertes como la rebeldía de los pueblos. Para ambos mi universal respeto y admiración… A ambos gracias por haber nacido en este planeta sin pertenecer a el…

lunes, 22 de diciembre de 2008

El gigante Egoísta de Oscar Wilde

Continuamos nuestro repaso a la mejor literatura navideña y llegamos a uno de los mejores narradores de cuentos cortos de todos los tiempos: Oscar Wilde, del que hemos escogido el relato El Gigante Egoísta.

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Oscar Wilde nació en Dublín el 16 de octubre de 1854 y murió en París el 30 de noviembre de 1900.  Fue uno de los dramaturgos mas famosos e influyentes del Londres victoriano. Escritor y poeta, se convirtió en una celebridad, eclipsada sólo por su homosexualidad, que le llevó a ser condenado a realizar trabajos forzados durante dos años.

200px-Oscar_Wilde Su estilo detallista y lleno de sentimiento le llevó a ser comparado con William Shakespeare, por su habilidad inigualable para provocar en el lector sensaciones y emociones a través de su ágil narrativa.

Hoy os traemos su relato, El Gigante Egoísta, un relato tierno y sentimental que cuenta como un gigante prohíbe por egoísmo la entrada a su jardín a los niños, lo que hace que la primavera se retire para siempre de él sumiéndole en un invierno eterno. Sin embargo, el gigante terminará arrepintiéndose y encontrando la redención.

La historia es una metáfora sobre como el egoísmo crea barreras a los demás que sumen nuestro corazón en un invierno eterno (el jardín del gigante es su propio corazón). Sólo cuando se da de lado el propio egoísmo y se da paso al amor (el gigante abre su corazón por amor a un pequeño niño desvalido), nuestro interior vuelve a florecer dando frutos de plata y oro.

Gigante

Os dejo con una narración del cuento en vídeo, no os la perdáis.

Publicado originalmente en Espaciolibros

domingo, 21 de diciembre de 2008

David vs. Goliat

Mi amiga Bet de Instantes Eternos gentilmente me hizo llegar un vídeo que a continuación transcribo, dividido en 12 partes continuadas que totalizan, algo así como 2 horas y 28 minutos (si mis cálculos matemáticos no me fallan). Se trata de la conferencia ofrecida por el señor David Icke en Oxford Union (Universidad de Oxford).

Sé que algunos lectores se enfrentarán al dilema de si sentarse frente a la pantalla de su operador durante tan largo tiempo cuando a veces ni siquiera disponen del suficiente para relajarse ante un exitoso y taquillero largometraje que se supone al menos, los entretendrá. Mi consejo personal: no se pierdan este vídeo, aunque sea a intervalos.

Luego de la exposición del film, expongo mi criterio personal sobre los temas que trata el señor Icke y con los cuales no siempre muestro mi conformidad. Es el conocido respeto en el disenso.

Le sugiero enfáticamente a todo lector (en este caso, espectador y oyente también) que muestre interés, observar primero el vídeo y luego, si continúa interesándose, leer mis comentarios, puesto que de lo contrario no entenderá de lo que hablo. Por tal motivo, ofrezco a continuación el mencionado film y sólo luego, mis consideraciones sobre el mismo.

Mi opinión personal:

El señor David Icke comienza su speech diciéndonos que trae información sobre "cómo el mundo es controlado por unos pocos y con qué fines". Si traemos una información sobre un determinado tema, se supone que poseemos las pruebas fehacientes al respecto, puesto que de lo contrario lo que tendremos es una opinión o forma de pensar y no una información. El señor Icke nos trae su propia percepción que pueda estar basada en su intuición, sensibilidad perceptiva, ayudada quizás por informes sobre ciertos datos que le permiten concluir en deducciones que de todas maneras no revisten pruebas contundentes. Aun así, sus razonamientos filosóficos, sobre lógica y psicología social resultan irrefutables a mi entender. Sus planteos sobre la realidad holográfica, la física cuántica y sus conceptos metafísicos, son indiscutibles.

Entonces, ¿en qué es que no coincido con el señor Icke? Yo no me apuraría a colocar epítetos a las personas, como decir que alguien es "terriblemente infame", incluso en los casos en que haya quedado "demostrado" que la persona a la que me refiero lo es, por dos razones:

- en primer lugar, insultar a otros nos descalifica a nosotros mismos, en especial sabiendo que las comprobaciones humanas no siempre son infalibles y más de una vez en nuestra corta historia hemos visto instituciones judiciales debiendo retractarse sobre veredictos fallados y luego descubiertos como fallidos.

- en segundo lugar, si una persona o situación se presenta tan "terriblemente infame", será suficiente con exponerla confiando en que el público sabrá juzgar, puesto que de lo contrario estaremos haciendo algo similar a lo que hacen aquellos pocos que controlan el mundo, aunque nosotros de momento no seamos acreedores a semejantes influencias.

Todas las deducciones racionales basadas en normas éticas y de lógica, fundamentadas en principios filosóficos y de psicología social incuestionables que el señor Icke tan hábilmente nos trae en su disertación, a mi criterio, son absolutamente ciertas. No podría estar más de acuerdo. Incluso creo que despierta un nuevo concepto para mucha gente, permitiéndole la posibilidad de advertir situaciones, sin temor a exagerar, que pudieran colaborar en un futuro cambio revolucionario de toda la humanidad. David Icke, teniendo en cuenta nuestras capacidades mentales y la posibilidad de evitar ser manipulados en forma solapada al descubrir el engaño del cual estamos siendo objeto, nos permite valorar nuestro propio cambio frente a la situación descubierta.

Créanme, y créame David, no es necesario entrar en detalles, mencionando situaciones y personajes, si es que no traemos junto con nuestras argumentaciones las pruebas i-r-r-e-f-u-t-a-b-l-e-s. Quizás las tenga y entonces, sepa recibir mis disculpas, pero del vídeo no se desprenden.

Señor David, usted dice: "Los mayores terroristas no están sueltos por las calles, están en los gobiernos", cuando debiera decir: "Los mayores terroristas no sólo están sueltos por las calles, están también en los gobiernos". Apenas el agregado de un par de vocablos sueltos a su afirmación y su significado cambia para mejor, pues se ajusta, creo, a una mayor realidad. Considero que tampoco maneja muy bien los números ya que por más desinformada que la opinión pública se encuentre, creo que es harto sabido, como no podría ser de otra manera, que el terrorismo se lleva un número ampliamente mayor a los "cientos o mil víctimas" que Ud. menciona. Pero éstos, estoy convencido, son sólo errores involuntarios que en nada empañan los brillantes argumentos de su retórica.

Refiriéndose Usted a la técnica NAZI en boca de Hermann Goering, dice, mientras a la vez aparece escrito sobre la pizarra que expone frente al público asistente: "... todo lo que tienes que hacer es decirles que están siendo atacados y denunciar a los vaticinadores por su falta de patriotismo y por exponer al país al peligro; funciona igual de bien en cualquier país..." Es lo que podrían estar pensando algunos de los oyentes en el Oxford Union, de Usted mismo. Es decir, infundir el miedo. Me pregunto, ¿no podría esto ser también lo que Usted está intentando hacer en este momento? Yo no podría afirmarlo, en principio, porque creo en sus buenas intenciones aunque no tanto en sus métodos.

En definitiva, como Usted bien dijo, todo es una cuestión mental que comienza y termina en nuestras cabezas y que depende de nuestra predisposición para creer una u otra teoría. ¿Cómo saber si Ud. dice la verdad o no? Podría estar contando una patraña sin saber que lo hace. Podría estar contándonos toda la verdad, poniendo en nuestras manos la salvación y sin embargo, que sucumbiéramos por no saber escucharlo.

Permítame agregar un pensamiento propio: "Es característica de la mente humana querer saberlo todo, en especial frente a las situaciones de temor. Es por ello que ésta es tan rápida en saltar a conclusiones y tomar partido. Porque aunque no lo haga de manera consciente, se recuerda a sí misma como parte del todo, que es la Mente Cósmica, donde amén de no existir los temores, todo se sabe y nada se ignora".


Respecto a su teoría sobre un "gobierno mundial que controlará todas las grandes decisiones en el mundo... con un ejército mundial que impondrá los deseos del gobierno mundial... o el tema de los futuros "chips" que serán insertados en toda la población mundial para su total control y dominio... o el de la próxima eliminación de toda moneda de intercambio manejando los ingresos y egresos totales de la gente desde un operador central, al punto de poder decidir a cada momento, las autoridades, si alguien tiene derecho a comer..."; Usted no nos dice de dónde obtiene dicha información, con lo cual pueden darse dos situaciones:

- o que la gente no le crea porque Usted no está aportando pruebas a sus afirmaciones;
- o que Usted logre que la gente confíe en lo que les está contando, tanto, que les infunda el temor pánico, que es una actitud según sus propias palabras reservada a esos pocos que controlan al mundo.

Por otro lado, señor David, Ud. menciona que no hay nada peor que la política, pero dedica quizás sin advertirlo, largos e invalorables minutos de su charla a eso, a la política, en especial, la de E.U.A. y Gran Bretaña, cuando los principios filosóficos y las necesidades y reacciones psicológicas hablan por sí mismas. Ud. mismo dice que los políticos involucrados son meros títeres y que los verdaderos inescrupulosos que controlan el mundo son apenas unos pocos que ni usted ni nadie conoce. Y que esto funciona así desde tiempos inmemoriales. Es decir, que según sus propias palabras, estos sujetos no podrán ser nunca identificados. Nuestra única salvación radica en un cambio de actitud. ¿Entiende ahora, señor Icke, el porqué de mi insistencia en dejar los temas y situaciones históricas y precisas de lado y concentrarnos en el aspecto psicológico y filosófico de toda la cuestión? Porque si logramos que la gran mayoría entienda estos principios y de la manera en que siempre unos pocos se han relacionado con los demás, habremos cambiado la historia. A aquella minoría, sean quienes sean, ya no le quedará a quien manipular.

A lo largo de todo su speech, Ud. trae imágenes y dichos de autores famosos y personalidades intachables. Pero fíjese, sus palabras son sabias pero aluden todas a situaciones generales e inespecíficas. Ninguno de ellos se refiere a una persona o situación histórica precisa y determinada.

Insisto, me resultan ampliamente convincentes sus impecables palabras, trayéndonos una revolucionaria teoría sobre "la explotación de las masas por parte de una selecta minoría", que se hace completamente innecesario introducirse siquiera en el análisis de un hecho histórico detallado o mencionar el nombre aunque tan sólo sea, de uno de los maliciosos personajes de esta historia. Si evitamos hacer personal la cuestión es más probable que logremos nuestro objetivo: concientizar al mundo entero. Créame, no se necesita traer ejemplos reales y específicos debido a que esto ocurre todo el tiempo y en todo el mundo. Dando a conocer el fenómeno en su necesaria extensión, quedará luego en cada individualidad el "tomar cartas en el asunto" y cambiar el curso de nuestra historia rompiendo aquellos invisibles barrotes de nuestra prisión que tan elocuentemente usted menciona, David, y logrando finalmente la libertad que nos merecemos.

Entrar en detalles complica nuestras argumentaciones y diluye el tema filosófico, psicológico, metafísico y holográfico de la cuestión central otorgando a aquella minoría responsable hasta ahora del control de nuestras vidas, la posibilidad de continuar argumentando, escondiendo, tapando, sobornando, creando dudas y evitando que salga a la luz este doloso manipuleo de toda la población mundial, del cual los resultados sociales de nuestra historia en todo el mundo son un testimonio auténtico del engaño más elocuente que hayamos debido sufrir.

El último de los vídeos es imperdible. Dice el señor David Icke, en palabras similares: "El de la montaña rusa es solamente un viaje (la vida como una ilusión). Con subidas y bajadas, momentos malos, de tensión y alegrías".

"Matamos a los que ven y nos explican que la vida es una ilusión y entonces los demonios vuelven al control. Pero no importa porque continúa siendo tan sólo un viaje". "Se trata de una simple elección entre el miedo y el amor. Vivimos en un mundo creado con el miedo y sólo lo transformaremos con el amor. Debemos amarnos los unos a los otros, aplicando el amor, el resto vendrá solo. Mientras el temor gobierne, unos pocos controlarán a las masas, pero cuando logremos que el amor y únicamente el amor nos gobierne, entonces nos llamaremos libres".

David, créame, no se necesita más que una diminuta piedra para que Goliat se desmorone. Pero tendrá que ser arrojada con puntería y certeza.

Rudy Spillman

sábado, 20 de diciembre de 2008

Cuestión humana, cuestión divina


Las cuestiones que atañen a los diferentes seres no siempre son las mismas. Por esto seguramente ha surgido la observación que categoriza, nombra según diferentes características a cada especie. Estas divisiones -de acuerdo a cada clase de organismo pertinente- dividen, pero tal vez exista la oportunidad o la perspectiva para concebirla de otra forma. Es decir que cuando se contemple de algún modo toda clasificación como insignificante, innecesaria, se podrá ver la plenitud del todo en su unívoco concepto.
Sin embargo cuando tratamos de identificar algún objeto vivo o muerto, nos es imprescindible advertir sus características para que nuestra conciencia lo reconozca o asimile con otros conceptos semejantes; y lo aleje de los disímiles. Pero esto puede ser solamente una forma de desenvolvimiento, un método pronto a extinguirse si es que se afirma que no hay tales parentescos y divisiones.
Es cuando hablamos de seres con o sin vida, por ejemplo, cuando más notamos la discrepancia. Porque podríamos decir que la muerte es eterna y por esto mismo de mayor veracidad existencial que la vida finita, al apreciarla mediante parámetros de cantidad temporal. Y al contrario, decir que la vida mortal es la única valedera por saberse vinculada al mundo de los fenómenos en el cual no dejamos de influir mientras existe, mientras somos los protagonistas inexorables. Y esta visión sería la única posible para corroborar la polémica realidad.
Pero esto puede ser solamente una forma de desenvolvimiento, un método pronto a extinguirse si es que se afirma que no hay tales categorías.
Aún así volvemos a diferenciar (a modo de síntesis) entre dos aspectos: “ser o no ser” o “ser y no ser”. El primero tan conocido por la obra shakesperiana, ocupa, influye durante el estado mortal por tener limitaciones fenoménicas, físicas. Y el segundo corresponde al mundo de Dios por la presupuesta adjetivación de eterno y omnipresente.
Es que el ser humano puede ser, pero no podrá jamás ser y no ser al mismo tiempo. Puede ser un niño, pero no un niño en estado adulto, con todos los aspectos maduros de esta etapa a la vez. Es que no tendrá ese recuerdo de cuando hubo sido niño, además.
En cambio Dios, experimentando la eternidad e ilimitación de formas y contenidos creados o por crear, puede ser y no ser a la vez. Si no podría, se contradeciría su descripción, su modo de relacionarse con el universo y su capacidad para ser éste mismo. Y podría ser o no ser como un ser humano además, ya que nada le está prohibido ni vedado.
Es esta cuestión humana y divina ejercida al mismo tiempo la que deshace parcialmente las observaciones y sistemas categóricos que a nosotros nos resultan tan necesarios. Pero no a Él.
Dios prescinde de esta regla, pero no siempre. Porque no hay que olvidar que puede ser persona, un individuo como cada uno de nosotros para desenvolverse.
Y si es que somos todos uno, si todos los seres vivos e inertes son uno junto a Dios, existe la posibilidad de ser y no ser tanto como Él.