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miércoles, 4 de marzo de 2009

En respuesta a "El conocimiento absoluto", de Rudy Spillman

Me apetece responderte, Rudy, no con un comentario sino con un post que desarrolla algunas de las ideas que planteas en tu reflexión. Se trata de una entrevista de Eduardo Punset a Raymond Kurzweil, uno de los mayores expertos mundiales en inteligencia artificial:



Según Kurzweil, una piedra podría procesar toda la información que ha procesado la Humanidad en toda su Historia, y lo haría en menos de un segundo.

Por cierto, me gustaría hacer una precisión. Nuestra mente es finita, y el conocimiento ocupa lugar. La luz, al igual que el aire y la información, es materia. Nada está exento de ocupar un espacio, un volumen en nuestro Universo cuatridimensional. Como no podemos escapar del Tiempo, tampoco podemos hacerlo del espacio.

Borges, para mi gusto, es el gran maestro literario de esta temática. Recuerdo una frase suya, no sé si en relación a Hawthorne, que venía a decir lo siguiente: Imaginemos que el mundo ha empezado hace apenas unos segundos, y todos nuestros recuerdos han sido inoculados en nuestra mente; así, recordamos que hubo un ayer, una Historia, cuando realmente no hubo nada. También me viene a la memoria (precisamente) su relato Funes el memorioso, cuyo protagonista es capaz de recordarlo absolutamente todo. O la impecable narración El inmortal, que nos enseña que la mente no es capaz de almacenar los recuerdos de muchas vidas. Pero el más apropiado es La escritura del dios, donde se puede apreciar un posible efecto del Conocimiento Absoluto.

Me gustaría destacar una anécdota curiosa. En mi adolescencia me obsesionaron muchos temas metafísicos: el Infinito, la Eternidad, el Conocimiento Absoluto, la insensibilidad... A los dieciséis años escribí un relato titulado La lechuza, que compartiré con vosotros en otro momento, y que trata del Conocimiento Absoluto. Lo escribí cuando aún no había leído La escritura del dios, de factura infinitamente superior. Cuando, años después, ese relato llegó a mis manos, lo disfruté doblemente: por su ejecución perfecta y porque, secretamente, había intuido lo mismo que el maestro.

En fin, forzosamente debo suponer que somos lo que sabemos o lo que recordamos. Por eso, nuestra mayor amenaza es la pérdida de la memoria, de la razón, de la conciencia. Alzheimer y muerte son dos nombres del mismo terror, que consiste en perder lo que hemos atesorado durante toda nuestra vida.

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5 comentarios:

Rudy Spillman dijo...

Mi querido amigo Eduardo, antes que nada deseo saludarte y agradecer tu colaboración respondiéndome con un artículo como éste.
Luego de hacerte saber que soy un admirador personal de Eduard Punset y por supuesto del inolvidable e ilustre escritor argentino Jorge Luis Borges, también te diré que nunca he tenido reparo en manifestar el producto de mis reflexiones aunque ello fuese en contradicción con lo expuesto por las más altas eminencias en la materia de la que se tratare o poniendo en duda las más lógicas y comprobadas teorías. Pero no es pedantería o el sentir de un engreído lo que me lleva a actuar de este modo sino la forma que encuentro de ser yo mismo y no acobardarme frente a populares y prestigiosos estereotipos sociales. Siempre he preferido equivocarme en mi libertad de pensamiento y expresión que acertar con el pensamiento de los demás.
Pienso que el Alzheimer y la muerte se parecen, son dos nombres pero no del mismo terror. No existe nada en vida más natural que la muerte, junto con el nacimiento, desarrollo y reproducción. Pero todas estas etapas suceden en la vida misma y no podemos apreciarlas sino desde los cinco sentidos que la creación nos ofrece. Este efímero momento nos otorga su perspectiva y recibimos la ilusión de que es todo lo que hay. Me siento parte de un infinito, creo percibirlo. Y creo que se desprende del mismo vídeo que has traído.
No tengo observación que hacer a tu artículo. No porque esté de acuerdo sino porque ofrece un punto sólido y es magistral. Aún así no siento la arrogancia de asegurar que sé cuál es la verdad en estos temas. Sólo me atrevería a insinuar que tu pensamiento sustentado en las teorías de las magnánimas personalidades que mencionas, tiene sus orígenes en la ciencia, la biología y la tecnología mientras que mis planteos se basan en un aspecto filosófico, tocan la metafísica, la mística y el existencialismo. No veo en realidad el enfrentamiento entre ambas teorías.
Me aborda el misterio de pretender percibir sin sentidos o al menos sin los tradicionales y conocidos. Tus planteos son desde ti mismo como ser humano, mientras yo intento salirme de este pequeño reducto que nos encierra y que es nuestra vida terrenal y nuestros cuerpos físicos. Sé que esto pueda sonar para algunos como pérdida de la cordura. Todo es cuestión de puntos de vista y parámetros de los cuales partamos para arribar a donde deseamos.
Como no los han resuelto los grandes de las ciencias y la filosofía tampoco nosotros podremos resolver estos temas de tan difícil acceso, pero deseo hacerte saber que admiro la forma en que defiendes tus posturas.
Es por ello que quiero aprovechar la oportunidad para solicitar de tu permiso y publicar este excelente artículo en LIBRO ABIERTO y como respuesta al mío. Es menester incentivar al público lector invitándolo a reflexiones de criterios distantes y que puedan quizás dar luz a nuevas teorías en busca de aquella verdad que quién sabe si exista. No me interesa tener razón ni alcanzar protagonismo. Sólo saber que evolucionamos en la búsqueda de algo.
Te envío un afectuoso y sincero abrazo.
Rudy

Antonio Castro dijo...

Hay cosas que conviene aclarar. O la mente tiene una capacidad finita, o no la tiene, y uno puede sentirse parte del infinito, pero eso es un sentimiento, y quizás el corazón tenga razones que la razón no conoce, pero a efectos de comunicación yo soy un firme defensor de la ciencia porque si bien está limitada a lo terrenal, material, físico o como quieras llamarlo, lo cierto es que sobre eso se puede construir.
La ciencia no es perfecta y aprende de sus propios errores, pero pese a sus limitaciones nos proporciona la forma de avanzar pisando en un terreno mucho más firme. No diré absolutamente firme porque no creo en los absolutos, pero si tú te pones enfermo, acudirás a un médico. Sólo si los médicos te dicen que vas a morir sin remedio podrás verte tentado de acudir a los curanderos.

Creo que no se debe negociar con la verdad, autoengañarse, y optar por las mentiras confortables antes que por la cruda verdad.

Lo que quiero decir es que para mí, esa grandiosidad infinita del universo que nos rodea no necesita de artificio ideológico alguno. Yo eso lo siento de otra forma. Me apasiona el tema de big-bang, el LHC y de la famosa partícula de Dios, porque los científicos están bailando en la cuerda floja y pronto muchas teorías caerán en el olvido y otras cogerán un nuevo y renovado impulso.

Volviendo al tema, la mente es finita, y a mí me parece evidente, pero no he sido capaz de argumentarlo en pocas y sencillas palabras, así que después de varias horas lo que me ha quedado es un artículo que he subido a mi blog.

He de alcarar que yo hace años sí leía bastante literatura de tipo filosófica y trascendental. Incluso me centré en una corriente ideológica llamada Teosofía. Es una doctrina esotérica que me llevó a devorar un montón de libros, pero fue una etapa de mi vida, y concluí poniendo los pies en la tierra. No contento con eso he ido derivando del agnosticismo al ateísmo beligerante que no considero que esté reñido con la espiritualidad.
Lo del ateísmo beligerante es más una reacción ante el fariseísmo del la iglesia católica que una vocación.

Eduardo Martos Gómez dijo...

Rudy, por Dios, no me mailinterpretes por la precisión que hago, ya que no intentaba corregirte. Tampoco por hablar de los grandes maestros, ya que de ellos no emanan verdades absolutas, sino pensamientos estéticamente irrefutables.

En realidad, mi artículo viene a ser una extensión del tuyo, una paráfrasis, con la salvedad de que, como Antonio, creo que la mente es finita. De ahí las citas a la literatura de Borges, que ilustran con gran acierto mis planteamientos.

Sospecho que los tres estamos diciendo lo mismo, pero no lo sabemos. En el Universo, que nos rodea en todas direcciones, nuestros ínfimos razonamientos están procesando, siquiera levemente, parte de toda esa información en bruto. Sin quererlo, o mejor dicho, inconscientemente, estamos contribuyendo al Conocimiento Absoluto.

Un abrazo.

P.S.: Rudy, ya sabes que no tienes que pedirme permiso para publicar (soy Creative Commons :), pero yo sí tengo que darte las gracias por ello.

Antonio Castro dijo...

Quería añadir algo más respecto a una frase de Rudy que argumenta que su propósito es "incentivar al público lector invitándolo a reflexiones de criterios distantes y que puedan quizás dar luz a nuevas teorías en busca de aquella verdad que quién sabe si exista."

Yo actualmente abordo los temas espirituales y la búsqueda de la verdad desde un punto de vista individual. Suponiendo que la verdad absoluta exista y sea una sola, no significa que deba ser compartida por cada visión de la misma será necesariamente parcial y estará afectada por la propia perspectiva individual.

Creo que la búsqueda de la verdad es algo que no puede ni debe ser compartido. Al final nuestros miedos y nuestros egocentrismos tiñen todo lo que percibimos, y cada vez que intentamos comunicar a alguien aquello que nosotros sentimos, lo que llega son sombras distorsionadas que algunos toman como si eso fueran verdades absolutas. Creo que esa práctica de predicar la verdad no es útil, y por desgracia viene cargada de poderosos sentimientos que la convierten en vehículos para la manipulación de masas que solo desean sentirse mejor. Esa manipulación no siempre es intencionada, y raras veces la ejerce la persona que crea una nueva filosofía o visión de la verdad. Lo habitual es que alguien capte el poder magnético de una idea y la use para sus propios fines. Yo creo que todas las religiones nacieron así, puras. Luego se van viciando y terminan aglutinando una gran cantidad de creyentes que no creen de una forma coherente y sincera, sino que se sienten arropados por un rebaño de creyentes que comparte un montón de mentiras incoherentes pero muy satisfactorias.

Para mí la búsqueda de la verdad empieza en uno mismo y termina en uno mismo.

La persona que se sienta en el suelo con la espalda bien recta, las piernas cruzadas, delante de una vela encendida, está aplicando una técnica que ayuda a la concentración y permite dejar atrás todo lo negativo. Lo veo como algo muy positivo, una especie de gimnasia espiritual, pero otra cosa es comunicar aquello que uno ha logrado sublimar desde su propia visión parcial de la realidad y presentarlo como verdad absoluta.

Yo creo que si alguien toma conciencia del sufrimiento ajeno, y desea actuar para remediarlo, no necesita adornarlo con nada más. Al final lo que queda son nuestros actos.

Yo abogo por el conocimiento, y rechazo las ideologías sean del tipo que sean. Abogo por la búsqueda individual del sentido de la vida, y rechazo cualquier forma de comunicación ideológica trascendental.

Somos capaces de admitir que en algún momento empecemos a existir, pero somos incapaces de admitir la posibilidad de que en algún momento dejemos de existir, y eso condiciona nuestra búsqueda de la verdad.

La búsqueda de la verdad como respuesta al miedo a la muerte, deja de ser una búsqueda sincera e imparcial, y no creo que saber lo que ocurrirá con nosotros después de la muerte sea algo importante, porque en nada debería afectar a nuestra forma de actuar.

Actuar bien para ser merecedor de un premio no deja de ser una forma de egoísmo. El miedo a la muerte es otra forma de egoísmo, y los egoísmos nos llevan siempre en la dirección contraria de la verdad, sea cual sea.

Rudy Spillman dijo...

Bueno, me place encontrar que aquí ya se ha acumulado suficiente material de todos los colores y para todos los gustos, a los efectos de que el que lo desee continúe reflexionando.
Querido Eduardo, quizás he malinterpretado en algo estrictamente tu opinión puesto que tu intención sé que es siempre buena y jamás podría molestarme. Debo recalcarte, como para que lo sepamos ambos, que no se me puede pasar ni por un minuto por la cabeza la idea de que el conocimiento, como los universos y el Cosmos todo puedan ser finitos. Pero entiendo que arrogarme la veracidad sobre mis dichos sería ir en contra de mi propia filosofía. Poseo una enfermedad, es la "autodidactitis aguda" que conlleva sus pro y sus contras pero que no me ha traído malestar alguno hasta el momento.
Me extiendo sobre todos estos temas en mi bitácora, mis escritos y publicaciones que amplían mi forma libre de pensar. No es éste el momento y lugar de escribir un libro.
Les agradezco a ambos su participación.
Rudy