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Esperamos que encontréis aquí respuestas a algunas de vuestras inquietudes y también un momento de esparcimiento, acompañados de la mejor literatura.

miércoles, 4 de febrero de 2009

VOLVER A VOLAR


Toqué la puerta de esa cabaña ubicada justo en la cima de un cerro poblado de una variedad increíble de plantas silvestres con flores exóticas. No fue fácil llegar hasta acá, no hay acceso en automóvil, subí a pie por una estrecha vereda con grava suelta que dificultaba el ascenso, sin hablar de todas las telarañas que fui quitando del camino, algunas con su propietaria posada justo en el centro de su red esperando algún distraído insecto para llenar su alacena. A un lado del camino, como a tres metros, baja un arrollo, angosto, pero escandaloso por lo agreste del terreno, a su paso, amenizaba con su ruido mi subida haciéndola menos tediosa. Con una vara quité del camino una enorme telaraña que al caer dejo atrapada en sus pegajosos hilos a su propia creadora, me provocó una sonrisa el pensar que esa araña jamás supuso que seria victima de su propia trampa.
Pasó ya un tiempo razonable, aún no me abren la puerta, seguro no me han escuchado, se oyen muchas voces, muchas risas, me dispongo a tocar de nuevo, esta ocasión mas duro, pero me detengo maravillado al ver la exquisita belleza de las flores de un raro arbusto situado a unos pasos de donde estoy parado, son flores con enormes pétalos que forman un circulo perfecto con el centro de un violeta brillante y atenuando el tono hacia afuera para terminar en un rosa pastel en las orillas, tiene ramas muy delgadas pero duras, como las de un rosal, solo que las espinas son mucho mas agudas, pienso en cortar unas pocas para dárselas a quienes están dentro de la cabaña, no cortaré muchas, no tengo derecho a descomponer la majestuosidad de su presencia, mejor no lo hago, lucen muy bien en donde están. Entonces golpeo de nuevo, se produce un silencio dentro de la casa, ya me escucharon. Se abre la puerta: -Pásale, que gusto que estés aquí.
Sonrisas, abrazos, besos, están justo quienes tenia ganas encontrar, mi abuelita Margarita con mi abuelito Rene, mi abuela Elena con mi abuelo Octavio, también mi tía Angela (hermana de mi abuela Elena), además de muchos otros familiares a quienes tenía mucho tiempo sin ver; hay un hombre joven, rubio con ojos claros sentado en una silla de ruedas, nunca lo había visto, adivino que es mi tío Arturo, el hermano mayor de mi papá, me acerco y me da un abrazo apretado y largo, no dice nada, solo me ve y retrocede en su silla para dejarme verlo. Aquí esta todo el amor y todo el calor que me había hecho falta estos días de estrés.
Que reconfortantes son sus brazos, que energéticas sus palabras y que cálidos y llenos de amor sus besos.
Platicamos de mil cosas, que si el trabajo, que si mi mujer, que si mis hijos, mis hermanos y mis primos, esos fueron los temas principales. Ellos hablaron de las ganas que tienen de vernos a todos, de abrazarnos y hacernos sentir su enorme cariño. La abuela Elena interrumpe la conversación con su clásica pregunta -¿Qué dijo? No recordaba eso, hay que hablarle fuerte, tiene problemas en los oídos. Mi abuelito Rene, siempre humeando por la nariz y con su mano ocupada, todo el tiempo, por un largo cigarro, mi abuelita Margarita lo regaña: -Acuérdate de tu asma. El, simplemente la ignora y exhala una nube gris. El abuelo Octavio, nos observa, con su postura habitual, muy derecho, bien plantado, con sus ojos azules y las manos, siempre en la espalda, con su actitud de “estoy poniendo atención a cada una de sus palabras”, se divierte con la plática, son inconfundibles sus carcajadas.
Mi tía Angela, jarra en mano, se dirige al arroyo con el fin de traer agua para hacer su famoso café con canela, mi abuela Elena pretende bajar al pueblo a comprar algo de pan. Pensando en lo difícil del camino me ofrezco para remplazarla en esa tarea, me cuesta unos minutos convencerla de que no es buena idea dejarla bajar y luego subir cargando el pan, todos de acuerdo, emprendo el camino cuesta abajo. La bajada es mucho más sencilla que la subida, se escucha el agua chocando con las piedras y el alocado canto de las aves que habitan el lugar. Sigo bajando y encuentro a la araña atorada en la telaraña que quite del camino, con algo de pena y armado con una rama, le ayudo a salir de ese enredo y continúo mi descenso hacia la carretera.

*****

Estacionado cerca de la vereda, está un auto maravilloso, no se como, pero se que es mío, busco en mi pantalón las llaves y emprendo el viaje hacia el pueblo a comprar el pan.
Al salir de la panadería encuentro una bicicleta azul, justo como la soñé toda mi infancia, ahora, siendo niño de nuevo, monto la bicicleta y me dispongo a dar un paseo por el pueblo, por calles muy familiares, aún que nunca las había visto. Pedaleo rápido, suelto el manubrio y controlo “mi bici” con movimientos de cadera, me siento libre.
En mi plan de niño, con pantalones cortos, me apeo en un parque más bien pequeño, con andadores adoquinados y una placita con juegos infantiles, tengo que subir a un columpio, ya acomodado, me impulso hacia el frente y me dejo llevar por la inercia, voy, regreso, subo, bajo, siento claramente el viento en la cara, sonrío. Ahora el movimiento pendular es fuerte, aprovecho el impulso cuando voy hacia el frente y me suelto para bajar del juego con un brinco, corro hacia una fuente de cantera, me descalzo y meto los pies al agua, chapoteo y me salpico la cara, hacia años que no me sentía así de bien. Ahora camino por el césped, siento cosquillas en los pies, me acuesto y me revuelco sobre la hierba. Cuanta paz.

*****

Camino por una calle, no hay nadie, solo un enorme perro tirado en la acera, temo a los perros, me ve amenazante, apuro el paso al caminar frente a él, me sigue viendo, acelero ritmo de mis piernas, me he adelantado unos cinco metros cuando se pone de pie, trato de ignorarlo pero siento su mirada. Estoy asustado, estoy solo.
Intento no verlo, pero me es imposible no voltear, viene siguiéndome, ahora corro y el también lo hace, voy a tener que…. no puedo... eso lo hacia de niño... ahora tengo mas de 40, los adultos no hacen esas cosas, pero continua detrás de mi, ahora mas cerca, tengo que hacerlo… corro con todas mis fuerzas, escucho el viento zumbar en mis oídos, no se si podré hacerlo, ahora es necesario intentarlo, abro mis brazos, cuando tengo la velocidad necesaria, brinco y bajo mis brazos pegándolos a mi cuerpo.
¡Pude! Lo logré, estoy volando… como lo hacía de niño, ya había olvidado que podía hacerlo, más alto, más rápido, que feliz soy. Río, disfruto mi vuelo, ¡soy el rey del mundo! Con sonoras carcajadas hago mil piruetas, giros, círculos, ahora de espaldas, hacia abajo, en picada a toda velocidad. Nadie puede hacerlo como yo.
Hacia arriba, como una flecha, atravieso las nubes y siento el calor del sol en mi piel. Quisiera quedarme aquí todo el tiempo, abajo se ve una playa, no hay nadie, es para mi solo.

*****

Está caliente la arena, me apresuro para mojarme los pies, ya tengo el torso desnudo, solo me viste mi pantalón corto, más adentro, el agua me llega a las rodillas y cuando las olas chocan contra mi, brincan gotas frescas y saladas hasta mi cara, sigo caminando, un poco más profundo, el agua me llega al pecho, es increíble cuanta tranquilidad hay en este lugar. Mojado me tiro de espalda en la arena, esta caliente pero puedo soportarlo, separo las piernas y los brazos, ahora giro para quedar boca abajo, se pega la arena a mi piel. La estoy pasando increíble.
¿Y el pan? Lo dejé en el coche, tengo que regresar, me esperan. Que pena, seguro están preocupados por mi tardanza.
De nuevo en la vereda. Para entonces, ya el cielo se había tornado rojo por la caída del sol, con esta luz el paisaje es totalmente diferente, se escuchan los sonidos de los grillos, de las ranas y continúa la música del arroyo bajando la colina.

*****

Me ha dolido despertar esta mañana. Pero este sueño ha sido revitalizante, me ha dado fuerza para enfrentar la rutina. Habrá otros sueños, podré ver a la gente que ya no esta conmigo, de nuevo volaré y de nuevo seré feliz con mi bicicleta azul, descalzo en un parque y acostado en la arena, siendo niño y adulto al mismo tiempo.

3 comentarios:

Rudy Spillman dijo...

Octavio, tu descripción me ha llevado contigo. Lo he disfrutado. Leyendo, casi he soñado.
A medida que escribes crece tu poder de inspiración y tu capacidad de redacción.
Debieras continuar cada vez más.
Un abrazo.
Rudy

Octavio Ponzanelli Ruiz the black charro dijo...

Mil gracias Rudy, ustedes son mis maestros y no tengo planeado defraudarlos, un abrazo. Dios esté en tu familia siempre

Anónimo dijo...

A MI TODO ESTO ME PARECE UNA MAMADA