Escritores Club forma parte del portal de literatura Escritores Libres y pretende convertirse en una propuesta cultural innovadora, capaz de ofrecer al lector la oportunidad única de conocer sus autores favoritos y dialogar con ellos directamente, sin intermediarios. Hemos reunido los mejores escritores independientes del panorama literario actual, dispuestos a ofrecernos su talento y sus valoraciones, no sólo sobre sus obras, sino sobre la literatura en general y el mundo que la rodea.

Esperamos que encontréis aquí respuestas a algunas de vuestras inquietudes y también un momento de esparcimiento, acompañados de la mejor literatura.

miércoles, 16 de enero de 2008

Vivir y dejar Morir

El de la eutanasia es uno de esos tantos temas en que mi pregunta queda atascada entre moléculas de oxígeno. Es de aquellas discusiones en las que me suelo conformar pensando que debe haber una explicación aunque yo no la comprenda. Dejemos de lado la religión, porque en nombre de la fe se puede argumentar cualquier cosa. Lo que yo no termino de entender es cómo se debate tanto con robustecidos guisos argumentales en su favor o en su contra. Se me hace como si de pronto se pudiesen constituir juntas imperiales con total poder de decisión para finalmente dejar institucionalizado, si mis propiedades continuarán siendo de mi propiedad (valga la redundancia) o el Estado o cualquier otro grupo de personas podrán decidir sobre las mismas. No es que menosprecie el valor de la vida comparándolo con el de otras de nuestras tantas propiedades. ¿Pero es que existe algo más propio que nuestra propia vida?
Cómo es que pueden las sociedades del siglo XXI arrogarse el derecho de querer obligar a una persona a permanecer con vida, infligiéndole quizás, vaya uno a saber que sufrimiento, torturándolo de la manera más despiadada, puesto que sería una tortura amparada por la ley. ¿Qué tipo de ley puede asumir la arrogancia y el poder de meterse dentro de mi cerebro y mis entrañas y decidir sobre algo que no hay nadie que pueda saber mejor que yo mismo?
Los argumentos en contra, entre otras cosas, nos dicen:
- ¿Cómo podremos saber que quien firmó un testamento no se arrepintió a último momento?
- ¿Y si en un futuro cercano se encontrara una cura a la enfermedad terminal de la que se trata?
- Podrían aumentar los homicidios encubiertos con la intención de cobrar suculentas herencias.
- Podría aplicarse la eutanasia sólo a los efectos de incrementar el tráfico de órganos.
- Etcétera, etcétera, etcétera.
Pues, por supuesto que el enfermo se puede arrepentir a último momento y que se puede encontrar una futura cura a la enfermedad, como puede ser que se encubran homicidios de este modo y que se incremente el tráfico de órganos.
Cada situación en la vida trae la posibilidad de crear complicaciones y otras situaciones adversas. Pero los homicidios, malas intenciones, intereses inmorales y demás posibilidades no queridas ocurren aun sin la posibilidad de la eutanasia. En relación con el posible arrepentimiento por parte del enfermo, creo que se trata de una decisión privativa del individuo que posee la íntima convicción y asume la total responsabilidad respecto de su acierto o error. En definitiva, el beneficio o daño, cada persona se lo causará a sí mismo con la sola intención de acertar.
¿Quién podría arrogarse el derecho de imponer un castigo físico y psíquico, a veces indecible, a una persona, con el único argumento de evitar un "posible" error? Estaríamos causando un daño "seguro", que no da lugar a errores, durante un tiempo indeterminado y que a veces se hace eterno, acudiendo a tristemente débiles argumentos en procura de una hipotética e inexistente sociedad perfecta.
Cada vez que pienso en la eutanasia y presencio en mi calidad de testigo silencioso, el calvario que deben atravesar, seres que han decidido poner fin a un suplicio que sólo ellos conocen, siendo únicamente entendidos por desesperados familiares que desearían poderles ofrecer ayuda, como último y sublime acto de amor, debiendo atravesar todos, penosos procedimientos judiciales, que no hacen más que agregar dolor al que la providencia ya les ha impuesto, me pregunto con rabia, si en nuestra sociedad, el sentido de la lógica corre peligro de perderse entre frivolidades o se trata de un ataque masivo de hipocresía que intenta cercenar por siempre nuestra capacidad de reacción y de compasión. Pero descubro que no deseo por el momento, encontrar respuesta a semejante interrogante.
De todas maneras, debido a que me he acostumbrado a ir comprendiendo que siempre habrá quienes ven lógico lo que otros ven como irracional, dejo al lector con el siguiente artículo, cuyas fuentes nos llevan a Madrid y a Buenos Aires y que cada uno saque sus propias conclusiones.

En el mundo actual, el debate acerca de la eutanasia es cada vez más intenso y muchas personas se manifiestan a favor o en contra de la eutanasia o el derecho a una buena muerte para evitar sufrimientos físicos y psíquicos.
Pero sólo dos países, Holanda y Bélgica, tienen una legislación que permite la eutanasia. El 28 de noviembre de 2000, el Parlamento de Holanda aprobó una ley que permite la eutanasia y el suicidio con asistencia médica.
La ley de eutanasia de Holanda prohíbe su aplicación en personas menores de 17 años. La ley sobre eutanasia es muy precisa y la persona que quiera acogerse a ella debe cumplir estos requisitos:

• El paciente debe solicitar la eutanasia de forma voluntaria
• El médico debe estar seguro de que el sufrimiento del enfermo es insoportable y que el paciente no tiene posibilidades de recuperación
• El paciente y el médico deben contar con una segunda opinión médica que certifique que el doctor del paciente ha cumplido con los requisitos de la eutanasia
• La terminación de la vida debe ser llevada a cabo en una forma médica apropiada
Dos años después, Bélgica despenalizó la eutanasia. Desde el 23 de septiembre de 2002, los enfermos que están en fase terminal pueden solicitar la eutanasia cumpliendo ciertos requisitos:
• El paciente debe ser mayor de 18 años y estar mentalmente saludable
• El paciente debe solicitar la eutanasia de forma voluntaria, bien considerada y repetidamente
• El sufrimiento debe ser insoportable
• El paciente debe estar bien informado de su situación y de otras alternativas
• Un segundo médico debe confirmar que la enfermedad sea incurable y que el sufrimiento sea insoportable
• El paciente siempre debe hacer su petición de eutanasia por escrito.
• La eutanasia debe ser asistida por un médico
En Gran Bretaña, la eutanasia continúa siendo ilegal. Pero entre 1993 y 1994 la justicia autorizó a varios médicos a desactivar los aparatos de pacientes que eran mantenidos con vida artificialmente. En Escocia, en junio de 1996, el Estado autorizó a un enfermo a someterse a esta práctica.
En nuestro continente, el estado de Oregon, que forma parte de Estados Unidos, es la única jurisdicción que cuenta con una ley de muerte con dignidad. La legislación fue aprobada por los votantes en 1997.
La ley de eutanasia de Oregon establece requisitos similares a las legislaciones de Bélgica y Holanda. Pero, a diferencia de esos países, en Oregon el enfermo puede pedir al médico la prescripción de una sustancia letal. El paciente puede decidir dónde y cuándo desea morir.
En otros países la eutanasia avanza hoy a grandes pasos: China, Alemania, Japón e India podrían en breve anunciar su legalización.
Sin embargo, que la legalización de la eutanasia avance no significa que el debate ético haya concluido o haya sido superado. Los argumentos a favor o en contra son válidos y habrá que recorrer un largo camino para que surja algún consenso, deseable en momentos en que las divergencias entre las personas crecen.

¿Estará el mundo preparado para resolver este dilema ético? ¿A quién beneficia realmente este avance de la legalización de la eutanasia? ¿La eutanasia podrá contribuir a hacernos mejores seres humanos? ¿Contribuirá este debate a conformar nuevos paradigmas éticos para la humanidad de este siglo XXI?



Fuentes:
Fibla, Carla. Debate sobre la eutanasia, Ed. Planeta, Madrid, 2000.
Sábato, Ernesto. Páginas de Ernesto Sábato. Ed. Celtia. Buenos Aires, 1985.
Stuart Mill, John. Sobre la libertad. Ed. Salvat. Madrid, 2000.
www.terra.es/persona/eutanasia.htm
www.euthanasia.org/english_dutch.html

Rudy Spillman

4 comentarios:

Eduardo Martos Gómez dijo...

Soy un defensor radical de la libertad individual. Creo que, en condiciones de inocencia, el individuo es el único que debe decidir sobre su ser.

Ahora bien, partiendo de este principio, es necesaria una legislación que regule la eutanasia, ya que plantea una serie de problemas que recoges pero que no discutes en profundidad. En primer lugar, suponemos que el individuo es incapaz de quitarse la vida por sí mismo; en tal caso, debe designarse a una persona, o disponer de un mecanismo, que permita llevar a cabo el proceso con garantías legales. En caso de que el enfermo no esté en posesión de sus facultades mentales, o no esté consciente, deben tenerse en cuenta tanto la voluntad del enfermo como otros condicionantes (gravedad de la enfermedad, posibilidad de recuperación, etc.), ya que de otro modo sería relativamente sencillo deshacerse de una persona legalmente.

Pero siempre, claro, sin perder de vista que la decisión sobre la vida o la muerte de una persona no es de los demás, sino suya.

Un saludo.

Rudy Spillman dijo...

Eduardo:
Totalmente de acuerdo contigo (...y un poco más).
El hecho de no tocar más en profundidad el tema (por ej.: adecuada legislación), más que el aporte del artículo sobre el tema, fue intencional, debido que quise poner énfasis a lo principal. Según mi criterio, no deberíamos plantearnos el posibilitar la aplicación o no de la eutanasia. Este es el absurdo a mi entender.
Una vez puestos de acuerdo en que se trata de una situación viable y un derecho que nace con el individuo sin que nadie deba otorgarle nada sino reconocérselo, entonces sí, por supuesto pasaríamos a los temas que tú planteas, en principio, ya que por definición, la "eutanasia" requiere de la asistencia para morir, de lo contrario se trataría de "suicidio".
Agradezco tu siempre bienvenida intervención.
Rudy

Víctor.g.pérez dijo...

Me posiciono a vuestro lado en la idea de que cada cual ha de hacer con su vida lo que crea mejor para él, es más, suprimiría el punto de "el sufrimiento ha de ser insoportable" al no considerarlo necesario. Si el afectado opina que no está viviendo una vida todo lo digna que cree ha de ser para ser feliz, creo que sería motivo más que suficiente.

Rudy Spillman dijo...

Estoy de acuerdo contigo, Víctor, con la salvedad hecha de que el individuo sea imputable, es decir, esté en sus cabales; y posea una edad considerada como mínima adecuada para poder tomar determinaciones de tal envergadura.
Pero esto es entrar en los detalles legislativos a los que nos referíamos anteriormente.
Un saludo.
Rudy