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lunes, 31 de diciembre de 2007

Los Reyes Magos existen

reyesmagos

La Navidad es una festividad peculiar, una época que los pequeños esperan llenos de ilusión y que los mayores viven con una mezcla de emociones, que muchas veces cristalizan en una melancolía difícil de evitar. Hay quienes ven en estas fiestas tan sólo una excusa más del consumismo desaforado de la sociedad, ávido de celebraciones que justifiquen que aflojemos nuestros bolsillos y afrontemos gastos que de otra manera nunca nos plantearíamos.

Pero lo que más llama la atención es el juego de ilusiones y engaños o medias verdades que acompañan estas celebraciones. Los padres mantienen la ilusión ante sus hijos de que los Reyes Magos o Papá Noel, según el país y la tradición de cada cual, llegan en estas fechas cargados de juguetes y regalos para todos los niños. El engaño es acompañado por toda la sociedad, hasta el punto de que encontramos las calles llenas de personas bien intencionadas vestidas de los correspondientes personajes y, telediarios e informativos reflejan noticias, como la llegada de la caravana de los Reyes Magos, igual que si se tratase del último acto oficial del Estado de turno.

Sin embargo, el engaño no acaba aquí, sino que cuando nuestros hijos son lo suficientemente mayores para descubrir la ilusión mantenida por sus padres, pasan, en muchos casos, a ser ellos los ilusionistas. Convencidos, unos al pensar que si descubren el pastel igual se quedan sin regalos, y otros porque quieren satisfacer los deseos de sus padres de considerarles más niños de lo que son, comienzan a seguir el juego a sus mayores, aún a sabiendas de que Papá Noel o los Reyes Magos, no son otros que sus propios padres.

El verdadero misterio sucede sin embargo cuando en una casa deja de haber niños. La lógica mandaría que ya no debería seguirse el ritual navideño, sin embargo, casi todos sentimos la necesidad de seguir realizando un regalo a nuestros seres queridos.

Quizá lo que sucede es que de verdad existe una fuerza especial, un espíritu que despierta en nuestro interior y que nos hace acordarnos de quienes más queremos y de quienes más nos quieren. Un espíritu sin gorro o traje rojo, sin pajes, ni camellos, ni coronas doradas, pero absolutamente real.

En una sociedad en que la solidaridad ha pasado a ser un valor del pasado y la competitividad el modelo a seguir, merece la pena que aún tengamos un lugar en nuestros corazones para una festividad que celebra la paz y la hermandad entre los hombres. Dejemos que el espíritu navideño llegue una vez más en forma de Papá Noel o de Reyes Magos, y esperemos que con el tiempo no lo haga sólo en Navidad, sino que esté presente entre nosotros todo el año.

Feliz 2008 lleno de Reyes Magos y de Papá Noel.

1 comentario:

víctor g .pérez dijo...

“El verdadero misterio sucede sin embargo cuando en una casa deja de haber niños. La lógica mandaría que ya no debería seguirse el ritual navideño, sin embargo, casi todos sentimos la necesidad de seguir realizando un regalo a nuestros seres queridos.”

Totalmente de acuerdo respecto a lo hermoso que es hacerlo por la ilusión de los niños, pero no tanto respecto a que existe luego un misterio.

Cierto es que a todos nos gusta ver la cara que se le queda a aquellos a los que le hemos comprado alguna cosita. Pero también es verdad que a veces lo que estamos buscando en sus expresiones, es un gesto que nos indique lo brillantes y acertados que hemos estado eligiéndolo y sentirnos satisfechos con nosotros mismos.
De hecho si con el tiempo no lo usa, te sientes algo decepcionado pero contigo mismo nunca con él.

Yo pienso que en realidad, son menos hermosas las motivaciones que nos llevan a comprar aun no habiendo niños ya en el hogar.
Primeramente imaginar un día 6 ó 25, según el caso, sin regalos, es llevar a la mente una imagen desoladora, triste y que a toda costa intentamos evitar incluso cuando, hoy por hoy, nuestra economía se ve tan mermada por el continuo subir de precios, de tipos etc...
Curiosamente también vivimos en una sociedad del aparentar. Y tras el día de Reyes nos presentamos, o nuestros hijos se presentan, al examen de los que nos rodean. En el cual nos interrogan por cuales han sido los regalos, dando a entender sutilmente y casi de manera inconsciente, cuantos más y más caros, más le importas a los tuyos. Y nos incomoda tener que decir “tan solo dos o tres pares de calcetines y una camiseta” y que tu compañero o amigo enumere un sin fin de cosas la mar de interesantes.¿ Por qué, si lo único que importa es el detalle, la intención?

Nadie quiere que piensen de uno que no lo quieren o no importa por lo que, hay veces incluso que, un regalo pagado con dinero de tu propio bolsillo se cuela entre los presentes del sillón para darle digamos mayor vistosidad.
Muchos son los niños que cumplida cierta edad dicen aquello de: “papá déjame dinero para comprarte un regalo” Qué lógica tiene esto? Como he dicho antes, la ilusión del padre al ver ese sillón repleto de cosas y que asocia a los sentimientos de sus allegados hacia él. Y el niño como digo, busca ver lo bueno que ha sido eligiéndolo.
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En cambio cuando uno esta lejos por motivos de trabajo por ejemplo, y me refiero viviendo de una manera fija y no eventual, deja de existir la necesidad de regalar. Si realmente fuera un acto altruista y de puras ganas de regalar algo a quién nos importa, se lo guardaríamos año tras año para cuando vuelva, o bien se lo enviaríamos por correo. Pero como desaparece ese examen posterior, desaparece también la obligación moral de tener que hacerlo pues nadie te juzgará. Algo así como el que ordena la casa solo cuando hay visita.