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domingo, 18 de mayo de 2008

TEORÍA DE LA ESTUPIDEZ SUPREMA

De llorar a reír

(El presente artículo es en respuesta al que escribiera el escritor y amigo Diego Jurado Lara, titulado: "Suicidio colectivo" y publicado con fecha 16-5-08, en Escritores Club)

¿Qué es lo primero que hacemos al nacer? Lloramos. Con todas las fuerzas de nuestros pulmones. ¿Y porqué lloramos si todavía no sabemos lo que nos espera? Nuestro llanto obedece al trauma y al temor causado por el cambio. De encontrarnos ubicados cómodamente dentro del útero materno, sumergidos en ese agradable mar de líquido amniótico, recibiendo vía cordón umbilical todo lo necesario para nuestra correcta alimentación y desarrollo, pasamos en forma abrupta al mundo exterior. Lo primero que deberemos hacer es respirar por nuestros propios medios. Cómo no hacerlo llorando a gritos.

Luego deberemos ir aprendiendo lentamente a hacer todo por las nuestras. Pasar de la confortable vida dependiente y protegida por la madre, a las vicisitudes del mundo exterior, duele. Duele mucho.

Si contamos con suerte y hemos podido evitar la inmensa gama de posibilidades que existen, de ver truncada nuestra vida a mitad de camino, llegaremos, después de muchos años, a la terminación natural de nuestro ciclo terrestre.

Es probable que, apenas transcurridos unos instantes de nuestra muerte, no podamos evitar el empezar a reírnos a carcajadas, de la manera que sea posible hacerlo allí, del otro lado de nuestra historia.

¿Cómo es esto? Pues paso a explicar mi teoría:

De la misma manera que muchas situaciones humanas se encuentran revestidas de un sarcasmo irónico propio y único de nuestra especie, es probable que lo mismo suceda en el caso de la muerte.

Fijémonos, ningún ser vivo teme a la muerte antes de su llegada o su amenaza inminente, salvo el ser humano. Sus características cerebrales le permiten ser consciente de sí mismo y por ende, tener también claro conocimiento de que enfrenta la posibilidad de morir a cada instante de su vida. ¿Qué sucedería si una vez ocurrido el hecho de la muerte, descubriéramos la verdadera vida? Vida exenta de sufrimiento, sin la existencia del bien y del mal ni de ninguna otra bipolaridad; sin los cotidianos peligros de perder lo que ya no se posee. Sin la necesidad de poseer. Sin necesidades en absoluto. ¿Qué ocurriría si descubriéramos en ese preciso momento, el ingreso en un mundo de disfrute. El placer instalado y descubierto en nuestra esencia. Nosotros mismos, desprovistos ya de nuestra mente elucubrando mundos inexistentes. Sólo nosotros mismos, energía conectada al Amor Universal y único existente. Habiendo descubierto finalmente, la verdad de todo.

Ahora volvamos a nuestras vidas, con lo bueno y lo malo, lo lindo y lo feo que hay en ellas. Y pensemos. Si descubriéramos instantes después de la muerte, a la que tanto tememos, una situación semejante. ¿Podríamos acaso evitar reírnos de nosotros mismos?

Nada mejor para comprender esta situación, que compararnos con los animales. Ellos no tienen pensamientos que los atemoricen. Viven el temor en el preciso momento en que el peligro aparece. Intentan por todos los medios retener su posición en la vida, con todas sus fuerzas y habilidades. De no poder lograrlo, se dejan llevar finalmente por las circunstancias, lo que no significa resignarse sino aceptar en determinado momento, cómo deben acontecer los hechos de acuerdo a la naturaleza de las cosas y el devenir de las situaciones. Los animales viven el momento. Su limitada mente les impide otra cosa. No logran ser tan felices como nosotros pero tampoco llegan a ser tan desgraciados. Viven las alegrías y las tristezas en el momento adecuado, no con demasiada intensidad y tampoco por demasiado tiempo. No son tan inteligentes como nosotros pero tampoco tan estúpidos. Por ello es que logran lo que a nosotros se nos hace tan difícil de lograr: extraer y aprovechar lo mejor de la vida, a cada instante.

Si nosotros, como humanos, comprobáramos esta teoría al morir, estaríamos siendo entonces testigos solitarios de la mayor de las estupideces. La mente más evolucionada que existe estaría provocándonos la ilusión más idiota que jamás haya existido, haciendo lo mismo durante generaciones, a través de los siglos... de manera ininterrumpida, con miles de millones de individuos.

Sólo cuando lleguemos a poder conectar ambas dimensiones de manera científica, estaremos capacitados para descubrir si ésta es una teoría exacta, o producto de mi imaginación.

En virtud de tratarse de una teoría, deseo dejar constancia que mis consideraciones no revisten en modo alguno la intención de incentivar el deseo a morir, sino todo lo contrario. Está comprobado que nuestra mente nos engaña asiduamente a través de pensamientos y manipulaciones de todo tipo. Si esta teoría resultase cierta constituiría el más grande de los sarcasmos. Descubrir esta ironía nos permitiría disfrutar de nuestras vidas como una valiosa etapa. Colaborar con el devenir natural de los acontecimientos ya sin la necesidad de aferrarnos a nada. Y aunque esto nos permitiera saber que lo bueno, lo perenne, lo definitivo, vendrá después, el saberlo nos daría acceso a disfrutar de una mejor calidad de vida, etapa que entonces aceptaríamos abandonar sólo cuando el momento nos llegase.

Rudy Spillman

http://libroabiertorudyspillman.blogspot.com

2 comentarios:

GA dijo...

interesante reflexión, pero aún así sigo sin querer conocer morirme, jeje.
Buen blog, saludos

Diego Jurado Lara dijo...

Hola rudy.
En primer lugar gracias por dedicar tanto espacio a contestar mi artículo. Todo un detalle. No creo que mereciese tanto.
Y ahora sobre tu "Teoría de la estupidez suprema". Tendría mucho que decir, pero si me lo permites esperaré un poco. Por el "tiempo", o su falta más bien. Ya sabes. Y porque se lo merece. Comparto y disiento, y por eso requiere tiempo.
Pero sólo una cosa ahora. Me ha parecido perfecto en la forma. Normal en tí, por otra parte. Y en el fondo, lo que te dije con anterioridad. Lo debatiremos por aquí, pero con "tiempo".
Y por último. Como diría el gran Wilde, me ha parecido encantador, y me ha arrancado varias sonrisas. Lo que hoy ya es.
Gracias por escribir.
Un fuerte abrazo amigo mío.
Diego