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sábado, 5 de septiembre de 2009

Plateadas cartas (2ª parte)


Y veo sobres cayendo en las irisaciones donde delgados cabellos los reciben. Vienen desde noches solares durante días nocturnos. Los nombro platería jamás habida sobre éste, nuestro mundo cobre, a ésas, las cartas destinadas desde ¿allá? ¿desde una región donde existen otros materiales u otras sustancias?
Pero por haber estado reflejando cada elemento fielmente y sin ninguna clase de variedad, las llamo plata –en vez de platería-. Es una materia donde cada objeto reluce como es. Y no desdibuja nuestras fisonomías mediante otros retratos, porque continúo viéndome rojo. Es decir, nada ha variado, ningún tipo de descolorización como cuando nos habíamos reflejado ante un tono menos cobrizo que otro, por ejemplo (esas nimias variedades). Y lo que ha migrado es aquella utopía acerca de la desolación de una idea imposible por imaginaria, ese rechazo junto increencias.
Pero sigo besándote bajo este carterío desmesurado e inhóspito, sintiéndote labial. Porque acá, sobre este mundo nunca ha caído nada desde las tempestuosidades con huracanadas ventosas en aires secos. Y menos eso tan distinto y predilecto, porque puedo verte a través de la plata con tus mismos colores cuando lo compruebo al observarte directamente, desde mis propios ojos lata.
Al sentir tus labios metálicos, vuelvo la vista hasta las inscripciones de las cartas ¡Y puedo leer! Pero nada dicen acerca de destinatarios acá habitando, no. Es sólo la comunicación de ¿otro mundo?, no, porque puedo leer que nada dicen.
Entonces veo sobre tus labios, roja mujer, la boca del espíritu reiterándose cobrizo; y nunca, jamás de platería. Y, mientras nuestros cuerpos se mimetizan, vuelvo a reconocerme iluso, rojo laterío sobre su mismo mundo cobre.

…continuará.


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