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sábado, 11 de julio de 2009

Especie cóncava (2ª parte)


Aunque estuviera como dentro de una cárcel, adoraba cada vínculo hacia el agua circundante, y veneraba cada inexorable ligazón. Es que nunca había emergido más que para mirar la bruma densa cubriendo la superficie, brincar o contener la respiración unos minutos contemplando verde luna sobre blanco pantano. Y a cada reflejo admiraba, a cada espejismo repitiendo circunstancias, adueñándose de las realidades momentáneas; hasta saberse libre estando en aquella prisión de agua compacta.
Durante ese otoño, durante el cuarto siglo en el que tanto la especie como los monjes habitaban ese prado, el monasterio se había ido puliendo, mejorando sus arcanas e histéricas ornamentaciones que libraba ante la expectación de cualquier visitante. Cuatro siglos, ya hacía cuatro siglos en que había sido escogida esa zona para la construcción. Porque después del milagro ahí visto nadie había dudado en santificarlo mediante siquiera un seminario para religiosos. Es que habían descendido nubes, de diversos tamaños y densidades, algunas de las cuales podían ser palpadas, sobre el terreno, bajo el cielo que había visto la fusión, la descomposición fronteriza para la revelación del prodigio. Y una nube había sido tan compacta que hoyó la tierra con su maciza envoltura.
Pero nadie siquiera había sospechado que una especie tan singular había comenzado a existir, a moverse cuando la primer lágrima del cielo se expulsaba desde las alturas como dejando caer a su hijo, o a una parte grandiosa de su reino.
La construcción del recinto sacro estaba compuesta por diversas cúpulas que se lucían convexas desde fuera. Cada persona al observar hacia arriba, veía una convexidad, una clase de aglutinamiento de presión del espacio que ahí estaba. Porque parecía preso, reo del encierro que la externa visión de una cúpula implica, preso por tanta presión para evitar su caída.
Abajo, debajo del agua había una concavidad para ser vista, apreciada como si una distensión, una esparción fuera. La mera vista que ésta traducía no era otra que la significancia de sustento, de amparo o espacio para morar sin inquietud alguna. Más allá de que haya sido producida por un volumen convexo (la nube), el hundimiento quedado había sido como dejado para revertir los orígenes o causas operantes, implicadas en su composición.


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