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sábado, 18 de abril de 2009

Permanencia de báculos


Regían reyes con la transitoria ley de poderes desconocidos. Cabían en amplios atrios sus gobiernos donde ningún siervo pudiera atreverse siendo simple visitante. Serviles y reos de toda índole acudían hasta ellos, pero con conocimiento –con temor certero- de que nada podría complacerlos.
Rey en su templo estratega, conquistador mediante guerreros de ejércitos sin oposición alguna, había estado balanceando su báculo, su hierro plomizo. Había dado direcciones hacia los séquitos ya obtenidos, y hasta los extranjeros. Había sido quien decidiera sobre qué amedrentarse, y desde dónde y por qué huir.
Mientras sus compulsivas hegemonías se impartían más allá de su residencia, había observado al báculo. (Y éste a él). Sí, porque siempre había compartido cada festividad cuando las victorias hacían eco sobre las tierras primogénitas. Y durante los sueños del rey, este báculo (como todo otro) había quedado en vigilia pese a la indiferencia que lo olvidaba.
Hasta que nadie lo supo, el báculo sólo con el dominador se había comunicado; pero ya los otros reyes habían experimentado las mismas independencias de los bastones que siempre han simbolizado el extremo poderío.
Desde que los reinados comenzaron a claudicar por la innegable potencia de los báculos, los reyes se hicieron súbditos; y los siervos, comunes a ellos.
Desde entonces nada los diferenció.
Cuando noto que alguien cree obtenerme, le recuerdo a quién pertenece la sustancia del mando y a quién su seguimiento. No imparto órdenes. Aunque sea un báculo más entre tantos semejantes, no dirijo: soy rey y desapegado, bastón de metal y abstracto.
Entre las mayores conquistas que se me adosan como si anaquel brioso sea, reconozco que sólo una campaña hemos vencido mediante una batalla. Y con la simple demostración de nuestra estirpe no habrán más reyes ni regidos, habrán dominios simbólicos.
Contra todo hombre proclamándose conquistador de tu reino, será tu lealtad la que esgrima con espada y escudo.
Y durante las tregua, ambas partes sabrán sobre báculos imperando ocultos.


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