Escritores Club forma parte del portal de literatura Escritores Libres y pretende convertirse en una propuesta cultural innovadora, capaz de ofrecer al lector la oportunidad única de conocer sus autores favoritos y dialogar con ellos directamente, sin intermediarios. Hemos reunido los mejores escritores independientes del panorama literario actual, dispuestos a ofrecernos su talento y sus valoraciones, no sólo sobre sus obras, sino sobre la literatura en general y el mundo que la rodea.

Esperamos que encontréis aquí respuestas a algunas de vuestras inquietudes y también un momento de esparcimiento, acompañados de la mejor literatura.

sábado, 21 de marzo de 2009

La fuga (1ª parte)


Nada deterioraba tanto cuando lo presente huía. Quien imploraba ante las esqueléticas remanencias de toda ruina, aún veía un asomo orgánico desprendérsele como trizas de una carreta herrumbrada y lenta.
Se había postrado enfrente de las fisonomías que lo atravesaban, que lo habían desconcertado por inmóvil tras sus retiradas fugaces. Los elementos dispersos adelante de él, atrás y en ambos lados, habían estado circulando. Quieto, reiteraba las oraciones que decían de toda vigencia, un hito; y de toda ida, una desesperanza incurable. Pero habían márgenes, espacios donde cada ente se retraía volviendo sobre sus pasos –zigzagueantes-. Habían fronteras no tan estrechas que permitían un tiempo para reordenar sus desazones, y para que el acuerdo tácito por regresar sea un hecho preciado. Y sin infamias.
Permaneciendo estático entre las vueltas que desordenadas divergían para converger sobre él, había orado. Es que lo sinceramente valorable (según su postura) eran las presencias. Si un tratado había sido refutado, no deseaba su olvido, no. Porque si había existido, su existencia debía existir aunque franqueada estuviera. Y si ese nuevo axioma había propuesto la plena destitución del anterior, rezaba para que haya una estructura sin cimientos desvalorables por sus habitantes.
Su rezo hubo naufragado junto a los mares donde toda orilla era bendita, bienvenida. Era la querencia de una bendición de estar, de quedar, jamás huir sin vueltas, para conquistar en soledades fraternales a los cuerpos idos haciéndolos volver, uno por uno, hacia un mismo pasado existencial.
Las circunstancias móviles le habían quitado la creencia de que sus orares llegasen a cumplirse.
Y nada lo oía. Su rezo silencioso sólo dentro de él mitigaba un mundo añorado, sin tiempo y de amplitud espacial.
Sin embargo aún permanecía estático quien sin rosarios se había crucificado por un Dios sin muertos ni vivos. Pero esta eternidad parecía ignorarlo.

…continuará.


No hay comentarios: