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domingo, 2 de noviembre de 2008

Seguro pero, seguro


Seguro estoy que me aferraré a la soga cuando salte. Vendré desde lejos hasta brincar tan fuerte, tanto como la firmeza de la soga lo está apegada al techo. Saltaré sobre el hueco oscuro donde todas las sombras se ocultan cuando han desaparecido. Lo saltaré, estoy seguro.
Pero si es que por algún desentendido con el entorno inmediato caigo o me deslizo recorriendo una recta oblicua, caeré. Las sombras harán de mí lo que la luz con ellas. Nada me podrá salvar. Nadie existe capaz de socorrerme si caigo dentro del abismal oscuro nebuloso.
Pero puedo correr de manera directa y llegar al otro suelo.
Pero si es que siquiera la levedad de una brisa queda hace temblequear, distraer a la soga cuando mis manos hacia ella van, caeré. Sí. La soga se convertirá en un péndulo de reloj incansable y acelerado impidiéndome observarla para poder aferrarme. Los segundos de la soga contarán, conmutarán asimismo el tiempo de mi caída y desaparición o transformación en proyección grisácea.
Pero puedo aguardar a que la soga quede quieta y sea un péndulo suelto de reloj que un relojero haya olvidado para emplearlo.
Pero si es que cuando esté a punto de saltar olvido cualquier justa apreciación y no resuelvo de buena forma el salto, será porque no habré dudado apenas lo mínimo como para mirar.
Pero si cuando esté ya en el momento ideal para realizar ese salto y por ocuparme en tantas cavilaciones no logro dar un brinco con un firme, con un seguro saltar, será por el despilfarro de justos y requeridos miramientos. Es decir, por exceso de seguridad.
Cuando seguro estoy de mi duda acerca de mis seguridades, me sé capaz de realizar cualquier destreza. Sólo cuando dejo de estarlo caigo en un desgano y desinterés que me apartan de la empresa en cuestión, del deber que se me ha impuesto.
Por eso mismo, ya que he atravesado el pozo de estas singulares sombras, nada me requiere y –por esto mismo- a nada atiendo.
Estoy seguro de que me he aferrado a la soga, pero a una mentirosa, pícara. Quizá sea la que se suspende sobre el hoyo para que las sombras nos elevemos.


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