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sábado, 22 de noviembre de 2008

Cortes


Cada refrán no hace más que quitar, cortar mediante su dicho lo que ha pasado. Lo merma o eleva; lo disminuye hasta dejarlo yerto sobre carbones de vagones lentos, o apenas se esfuerza y lo suspende sobre el suelo subterráneo donde habitamos infiernos.
Al empujar un vagón triste por denso y pesado, oigo la instantánea frase de alguien citando una que otra compasión. La dice por creerme débil, mustio como ningún verde racimo abanicándose por acá en vez de preguntar si lo estoy en realidad. Porque no veo en su rostro el fiel estampe de la bienaventuranza invencible para que no se me ocurran los mismos comentarios. Y habla y dice cuanto por doquier se ha dicho para reinstaurarlo demostrando su vigente vigor reflexivo.
A mí, amparos no llegan. Pero lo que puedo comentarte es el resumen del cónclave de los refranes, la conclusión de la sabiduría más elocuente y dada; y la jamás aceptada sobre estos subsuelos. Y ésta ha sido el primer acotado aforismo oído.
“Muchos agujeros son un agujero cortado sobre el papel, porque están cortados”, y desde ahí he comenzado a oír frases semejantes pero no tan rotundas y comprobables. Es que lo comprobé.
Oía una frase célebre y se recortaba una parte del vagón que acarreaba. Oía la segunda y se disipaban los carbones de al lado mientras otras se distribuían más y más.
De esta forma todo resultaba posible a ser desaparecido, extinto de nuestra vida y conducido hasta el olvido más sombrío e invisible que inmóviles esfuerzos pudiesen evocar.
Todo, todo menos aquel dicho que me había convencido a no dar consejo alguno, a silenciar cualquier acotación precisa sobre una temática circunstancial. Y había sido por estos motivos que prefería no hablar, no cortar aún más esta realidad y desterrar toda imagen hacia el desierto de un purgatorio o paraíso donde quedaran inmaculadas. Pero lo estoy haciendo ahora.
Corto firmemente. Esta convicción se ha apoderado de mí ya, un ahora que repite las creencias de ese pasado que por tan cortado sólo legó a una persona el poder de escribir esta hoja. Pero quien escribe no podrá legar sino su reflexión, su historia y experiencia que han quedado podadas. Un escritor que con su refrán pronunciado corta y corta hablando de lo que está a su alcance. Y por qué no a vos.
Quien escribe ha hablado, ha reproducido algunas circunstancias que no se volverán a mencionar. Y sabe qué hace al escribir. Quien escribe no siente incómodo este infierno con sus vagones de recuerdos prontos a ser quemados.


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