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Esperamos que encontréis aquí respuestas a algunas de vuestras inquietudes y también un momento de esparcimiento, acompañados de la mejor literatura.

domingo, 19 de octubre de 2008

Campana


Para serlo, ningún obstáculo impedirá la posesión. Para ser lo que en derredor se estima por ajeno, sólo pensándolo varío la sucesión haciendo un transmigre locuaz, escalón por escalón sobre la escalera sorda, muda. Los escalones son cuando les atribuyo mi estancia.
Cuando oyen, cuando hablan los elementos de cuánto a su antojo se avecina, es porque alguien está en ellos, alguien los ocupa. Los llegará a dominar hasta hacerlos sonar como la ruin campana que ahora entumece mis palabras.
Dentro de la torre el guardián la balancea y balancea porque la hora ha legado este momento para el trine ferroso. Tal como si una móvil cúpula fuera –sólo sujetada desde la cúspide-, se extiende a diestra y siniestra aunque sin friccionar siquiera un gramo del hormigón que en las paredes soporta el bullicio, canto metálico. Y el guardián la balancea y balancea hasta hacerme callar, hasta que se libren algunos pensares del acervo que contengo.
El pensamiento acerca de una campana, no varía aunque se modifique –en parte o plenitud- la campana. Es decir que si se constituyen las misma u otras campanas, ese pensamiento, ese concepto las seguirá abarcando.
Entonces cuando oigo, cuando hablo como elemento que poseo de cuanto a mi antojo se avecine, callaré a otros. Es que mi trino es demasiado fuerte para tu susurro de hormiga que ha olvidado su camino de regreso y clama por su auxilio bramando entre tierras.
Mi voz es llena. No es vacía. Mi voz es la misma que has oído ayer a esta misma hora, cuando el guardián repetía su quehacer. La voz de la hora que justo te colapsa, te subyuga obligándote a callar para oírla. Y mi oído sólo rectifica lo dicho.
Dentro de la torre el guardián se retira y ceso, cesan mis decires. Cesa mi habla, desaparecen mis oraciones: la hora ha partido sin siquiera dejarme seguro acerca de cuándo volverá pues yo nada sé sobre los tiempos. Nada sé aunque me sepa campana desde que poseí la que tronaba acá dentro.
Poco a poco el balanceo se lentifica; silabeo, abro y cierro la boca sin pronunciamientos. Poco a poco empiezo a oír. A nadie he interrumpido, a nadie callado; salvo a mí cuando había ansiado ser campana.
Pero poco a poco escucho, comprendo: el silencio es el único guardián de quien nada posee.


1 comentario:

Natalia dijo...

Capadocia es una de mis series favoritas, tiene todos los elementos para cautivar a la audiencia. Es muy dramática y realista pero al mismo tiempo conmovedora. Me impresiona la historia de Lorena, pues su vida cambió completamente en un abrir y cerrar de ojos, algo de lo que nadie está excento.