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martes, 27 de mayo de 2008

De él


Jamás un peldaño ha costado tanto subirlo o bajarlo, nunca ha sido tan de otro. Nunca se imaginaba que la escalera dispuesta era tenaz, terca y testaruda. Creía que una vez terminada su construcción, sería un grato recorrido su travesía, aunque ya por tanto costo era impertinente, sagaz e inapropiada. Él siempre, siempre había esperado el término de la escalera para que el constructor desconocido demostrase lo profetizado, lo inaudito.
Desde él, cada paso lo ascendía mientras que otros descendían. Era ella una escalinata sin recodos ni descansos. Era de un solo tramo.
De él, cada paso declaraba justa afirmación sobre un escalón que a veces se movía o reflejaba para que viese la altura, la suspensión de objetos.
De otro lado –del derecho o el izquierdo- la veía en diagonal, y sobre sí, espaciosa; mientras en su base se atiborraba material, masa y un sortilegio.
De ningún lado había hallado nada de interés, hasta que supuso una clave suturada con niveles, con escalones. Porque si habían dicho que la subiría y la bajaría sólo apreciando lo que estaba sobre él, jamás vería bajo suyo, entre cimientos.
Le habían dicho que el ascenso sería como su crecimiento, como el crecimiento en general; y sobre los descensos, que serían como los recuerdos.
Entonces había ansiado saber que habría bajo suyo. Tras remover el pleno y compacto espacio, vio lo que nunca había visto, lo que nunca podría haber visto. Es que era su profundidad, la profundidad rotunda de los caminos con ascensos y no tantos, aunque sin descanso.
Y tras haber espectado el interior de la escalera, el interior de sí mismo, presintió que algo cedía dentro de él.
Hechizado, convertido en un trascendente de caminos para que algún propietario se halle, y convencido de su tarea, había comenzado a desarmar la escalinata hasta depositarla en unas cajas.
Y comenzó a viajar. Había viajado demasiado lejos para demostrar lo más cercano e inalcanzable.
Cuando había llegado al primer puerto, había armado la escalera con ánimos de mago, de hacedor de una destinación pertinente hacia otro.
Cuando ya la primera había sido terminada, hacia otros horizontes ofrecía su caminar. Caminaba sobre el suelo horizontal, sin subir ni bajar, sobre un equilibrado nivel.



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